sábado, 8 de septiembre de 2018

Comulgar en la mano: ¿aberrante traición o negligente desconocimiento?

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Comulgar en la mano: ¿aberrante traición o negligente desconocimiento?

LAS CONSTANTES INTERVENCIONES DEL CIELO, LOS SANTOS, LOS SOBERANOS PONTÍFICES, LOS DOCTORES, LOS PADRES DE LA IGLESIA, LA SANTA IGLESIA TRADICIONAL CATEGÓRICAMENTE RECHAZAN LA COMUNIÓN EN LA MANO.

 | 
Vicente Montesinos

Asistimos con asombro y preocupación a la mundanización de los ritos y las prácticas en relación a los más sagrado e importante que el mundo tiene: la sagrada Eucaristía. Cristo mismo presente en la Sagrada Hostia.
Estamos viendo las barbaridades que se vienen cometiendo y se cometen en relación a las prohibiciones de comulgar de rodillas y demás aberraciones.
Y otro campo del que quiero hablar es el de la famosa “comunión en la mano”. Campos no tan diferentes, si atendemos a la conveniencia de comulgar de rodillas y en la boca, y a las consideraciones que a continuación quiero hacerles.
Valdría la pena que todas las personas que participan de todas estas formas de comunión, en su extensión, en su promulgación, y en la prohibición de las conductas al respecto adecuadas,  se preocuparan de informarse, leer, documentarse, e intentar ser fieles; antes de haber pasado a permitir la comunión a diestro y siniestro, a perros y a gatos, sin confesión, en pecado público,  en la mano, de pie, y de cualquier manera.
Quizá hay sacerdotes que, arrastrados por la marea imperante, no han tenido a nadie que les cuente ciertas cosas. Y que no recibieron la adecuada formación en los seminarios. Y después no han tenido tiempo, subsumidos en sus tareas pastorales, de leer, investigar, formarse, conocer. Y lo propio digo de los católicos laicos.

Porque, me pregunto yo, y me circunscribo en esta ocasión, al asunto de la comunión en la mano, más grave si cabe que el de no comulgar de rodillas. Y a tal efecto les pregunto a ustedes:


¿Sabían que el Papa Pablo VI fue presionado por algunos miembros del clero, especialmente en Alemania, Francia u Holanda,  para autorizar la práctica de la comunión en la mano, que se extendió sin ninguna autorización, en una clara actitud abusiva de individualismo?

¿Sabían que ante las presiones continuas, la Sagrada Congregación de Ritos otorgó la nueva práctica a Alemania (06-07-68) y a Bélgica (11-07-68), pero que tras las protestas que ello supuso, el Papa suspendió esta concesión el 25 de julio de 1968?

¿Sabían que la decisión del Papa no logró detener los abusos, y Pablo VI consideró apropiado llevar a cabo una encuesta mundial entre el Episcopado, a la cual, el 12 de marzo de 1969 habían respondido 2136 Obispos? El resultado fue el siguiente. A la pregunta: “Debemos aceptar el deseo, además del modo tradicional, de autorizar también el rito de recibir la Sagrada Comunión en la mano“. Ellos respondieron:
  • No: 1233 Obispos
  • Sí: 567 Obispos
  • Abstención: 315 obispos
  • Votos inválidos: 21 obispos


¿Sabían que en los primeros siglos en los que se comulgaba en la mano, existía una idea bastante imperfecta del misterio eucarístico, y que esto dio lugar a muchos abusos y herejías? Porque podemos hablar aquí, entre otros, de los arrianos, los gnósticos, los marcionitas, los docetistas, etc.. Desde los que ofrecían queso y pan en la liturgia; hasta los que solo ofrecían agua en el cáliz, entre otras barbaridades.


¿Sabían que el manido Concilio Vaticano II no se pronunció sobre la práctica de la Comunión en la mano? La aprobación se produjo después del Concilio, en un período de abuso litúrgico por el que San Juan Pablo II se disculpó en su carta Dominicae Cenae (24-02-80).


¿Sabían que no hay fundamento bíblico para justificar el rito de la comunión en la mano, además de negarlo? Dios revela el contenido litúrgico en el Antiguo Testamento, del cual Cristo no suprime “ni siquiera una coma”. El Antiguo Testamento es como un cliché que debe desarrollarse en la era cristiana.
El rito de no tocar las cosas sagradas (Num.4,15; II Sam de 6.1 a 9; Jdt 11,13) se convierte en una realidad en el Nuevo Testamento, cuando Cristo dijo a Magdalena (Jn 20,17): ¡NOLI ME TANGERE! (¡No me toques!), y se confirma cuando la Iglesia, habiendo alcanzado la suficiente madurez en la comprensión del Misterio Eucarístico, prohíbe la comunión en la mano. Entonces se cumple el Salmo 81: “Abre tu boca y yo la llenaré” (v.11); en un pasaje donde Dios promete alimentar a sus fieles con “la flor de harina y la miel de la roca” (v.17)


¿Sabían que no hay fundamento en la Teología Tradicional para justificar la comunión en la mano? ¿Quiere decirme algún obispo o sacerdote que todos los que voy a enumerarles erraban?
Ya San Sixto I, Papa (115-125) prohibió a los laicos tocar los vasos sagrados (Mansi 1,653). Aún más, tuvo que prohibir la comunión en la mano.
En la época de San Justino (100-166), solo los Diáconos dan la Comunión a los fieles (Apología 1,65,5). Este uso lo confirman el Adagio (15,1) y San Ignacio de Antioquía. (107)
El Papa San Eustaquio (275-283) en su “Exhortación a los sacerdotes” decreta que “no se tenga la Pretensión de llevar la Comunión a un enfermo por un Laico o una Mujer” (Latin Patrology, 5,165).
San Basilio (329-379) en la carta del año 372, autoriza la comunión en la mano en situaciones excepcionales, como el caso de persecución (Ep.93, Patrulla. Griegos, 32, 483, 6).
En el Sínodo de Roma en el año 404, celebrado bajo la dirección  delPapa Inocencio I (401-417) se estableció el rito de la Comunión en la lengua (Mansi X, 1205).
El Papa San León I “El Grande” (440-461) recuerda en su “Sermón V” que el Santísimo Sacramento se recibe en la lengua (Patrología latina, 54, 1385).
El Papa San Gregorio “El Grande” (590-604) daba la Comunión en la lengua (“La vida de San Gregorio el Grande” por John Deacon, Latin Patrol, 75, 103).
En el Sínodo de Rouen (649-653), de acuerdo con la regla observada en Roma,  se prohibió recibir la comunión en la mano, y los sacerdotes que no cumplían estas disposiciones eran advertidos por la autoridad (Mansi X, 1199-1200).
En el V Concilio de Constantinopla (680-681) se prohibió  que los fieles tomaran la Comunión. ellos mismos,  bajo pena de excomunión (Mansi XI, 969).
Santo Tomás de Aquino, el “Doctor Angélico” nos dice: “Por respeto a este sacramento (la Eucaristía), nada profano debe entrar en contacto con él. Es por esta razón que no solo las personas sino también el Cáliz están consagrados; y aún más las manos del sacerdote, para tocar este sacramento. De lo cual deducimos que nadie más tiene derecho a tocarlo” (QT III, 82, a, 3).
Es por eso que San Francisco de Asís dice: “Sólo ellos (los sacerdotes) pueden darlo, y no otros“. (Carta 2 a todos los fieles, 35).
Estas prohibiciones son mantenidas por el Concilio de Trento (1445-1563), de carácter dogmático.
Ya San Agustín había advertido: “Sería una locura insolente discutir qué hacer cuando toda la Iglesia Universal ya tiene una práctica establecida …“. (Carta 54, 6, a Jenaro).
El “doctor Supremo,” el Papa Pio XII, 15 siglos después mantuvo la misma posición “debo condenar severamente la imprudencia negligente de quienes introducen intencionadamente nuevas costumbres litúrgicas, que no estén de acuerdo con las leyes y los títulos vigentes “. (Mediador de Dios, 17)
E incluso el “todopoderoso” y “semper mencionado” Vaticano II nos ofrece la doctrina para desacreditar la práctica a la que nos referimos: “Incluso si cada uno de los prelados no posee por sí mismo, la prerrogativa de la infalibilidad, por otro lado, si el todo, incluso diseminados por todo el mundo, manteniendo el vector de comunión entre ellos y el Sucesor de Pedro, únanse en la misma opinión que los auténticos Maestros que exponen como una Doctrina definitiva. En la Fe y las costumbres, en este caso, anuncian infaliblemente la Doctrina de Cristo “(L.G. 5).
Y la mayoría de los Obispos estuvieron de acuerdo en que la comunión en la mano dañaría a la Iglesia. Así es como la tradición y uno de los pilares de la verdadera iglesia se rompió.


¿Sabían que Cristo está presente en todas y cada una de las  partículas distribuidas de la forma sagrada? Es doctrina invariable de la tradición eclesiástica,  con bases filosóficas y teológicas de los Santos Padres ( Tertuliano, San Anastasio, San Cirilo de Alejandría, San Cirilo de Jerusalén, San Efrén, S. Jerónimo, S. Tomás de Aquino …), pasando por concilios como los de Florencia y Trento, hasta hoy.
Es por ello que en la liturgia actual, se ordena que al recibir la Santa Comunión debemos utilizar la bandeja de comunión: “El que comulga debe responder Amén, y recibe el Sacramento sujeta la bandeja debajo de su boca” (M. Romano, n.117).
¿Pero a quién le importa el destino de las Santas Partículas cuando se comulga en la mano? ¿Saben lo que estamos haciendo? ¿Quién carga con esta terrible culpa?
Y… ¡cuántos sacerdotes han hecho quitar el plato de comunión de los fieles; o nunca lo han usado!

¿Sabían que la comunión en la mano contribuye a perder el sentido de lo Sagrado?
Un objeto es sagrado cuando se ha distinguido, separado del uso normal, para dedicarlo exclusivamente a la Adoración divina. En la comunión en la mano, el rito se vuelve más mundano y nos recuerda más a una comida vulgar. Hay una profanación del misterio más importante para la Fe y se vacía de gran parte su contenido. De alguna manera, cuando se trata de Comunión, el rito se degrada: lo “Más Sagrado” se trata como un objeto …

¿Sabían que hay documentos que muestran que la masonería, desde el siglo XIX, intentó que los católicos tomaran la Comunión en la mano y se en pie? Los enemigos seculares de la Fe han tenido éxito. ¡Qué ceguera por nuestra parte!

¿Sabían que hay iglesias no católicas (sectas) que “comulgan” en la mano pero que no creen en la presencia real de Jesucristo en la Eucaristía?

¿Sabían que hay iglesias orientales (unidas o separadas de Roma)según el rito bizantino, para quienes la comunión en la mano está prohibida? Este rito pensado (erróneamente) a los efectos de un enfoque ecuménico sobre el punto anterior, se ha convertido, por tanto, en antiecuménico.

¿Sabían que San Papa Juan Pablo II no era partidario de la comunión en la mano? Nos dijo en la carta Dominicae Cenae: “Tocar las especies sagradas, su distribución en sus propias manos, es un privilegio de los ordenados” (24 de febrero de 1980). Y para que nadie pudiera interpretar estas palabras más tarde, frente a las cámaras de televisión francesas, rechazó la comunión en la mano a la esposa del presidente, Giscard D’Estaing. El mismo año declaró en Fulda (Alemania) que no estaba de acuerdo con el documento que autorizaba en este país tal forma de comunión. (Ver Vox Fidei, 10, 1981, Chiesa Viva, 112, Sol de Fátima, 82).
¿Por qué, después de esta fecha, vimos la comunión dada en la mano por San Juan Pablo II? Debido a que fue sometido a una fuerte presión, y pensó que sería un escándalo para los fieles prohibir la comunión en la mano tan fraudulentamente autorizada, o mostrarse en contra de lo que se ya habían acordado por su cuenta esos chuiringuitos heréticos llamados Conferencias Episcopales. Pienso que fue por el mismo motivo que Moisés permitió el divorcio, “por la dureza del corazón de los israelitas” (Mt. 19)

¿Sabían que Santa Teresa de Calcuta confesó que el peor mal que hay en el mundo es el rito de la comunión en la mano? (The Wanderer, 23-03-89, The Fatima Crusader, 3º, trim.89).

¿Sabían que tras la extensión de esta práctica,  se ha incrementado incalculablemente el número de profanaciones?

¿Sabían…? ¿Sabían…? ¿Sabían…?
¿Sí? Entonces, ¿porque incurren; obispos, sacerdotes, fieles… reiteradamente en esta práctica?
¿No? Entonces, ¿porqué no se forman y profundizan antes de llevar a cabo acciones tan imprudentes con temas tan sagrados?

Las constantes intervenciones del Cielo, los Santos, los Soberanos Pontífices, los doctores, los Padres de la Iglesia, la Santa Iglesia tradicional categóricamente rechazan la comunión en la mano.
Por lo tanto, sería aconsejable no esconder la cara al amparo de mentiras y falsas buenas razones y, sobre todo, no afirmar erróneamente que es una práctica fundamentalista la de recibir la Sagrada Comunión, en la boca y de rodillas.
Los fundamentalistas son aquellos que se oponen a la tradición secular de la Santa Iglesia en este tema.
Además, y en relación a lo que estos días, y hoy mismo, hemos comentado y les hemos contado; no es de extrañar que después de haber jugueteado uno con el  Santísimo en sus manos, ya no comprenda uno…
… la obligación de adorarlo de rodillas.
… la necesidad de sentirse insignificante ante su Creador.
… la necesidad de reconocer el Misterio de la Cruz actualizado en el Sacramento.
… la necesidad de sentir la llamada a la inmolación, y a una sumisión absoluta, en correlación con el Amor Infinito de Dios humillado en el Sacramento por mi Salvación.
Y tantas otras cosas.
Este no es un tema de gestos, ni es un tema menor.
Es jugar con lo más sagrado.
Les invito a reflexionar.
Y si algún obispo, sacerdote o laico no entiende esto, les ruego se lo den a leer. Quizá no tuvieron la oportunidad de acceder a esta información.

jueves, 16 de agosto de 2018

La Croix, otra vez.....


La Croix, otra vez



Hace mes y medio, tras el referéndum irlandés favorable al aborto, informamos de que el famoso periódico católico francés La Croix había publicado un editorial elogiando la decisión de los irlandeses. En él se repetían prácticamente todos los argumentos en pro del aborto: la “urgencia de salud pública” producida por las mujeres que morían al acudir al aborto clandestino, lo “digno y pluralista” que había sido el diálogo sobre un tema que debería ser innegociable, el “respeto” por su resultado y la distinción entre una “vida que ya existe” y otra que solo está “en desarrollo”.
Quizá lo más significativo fue el silencio de la Conferencia Episcopal Francesa(excepto algún obispo individual) y el de la orden religiosa a la que pertenece el diario, los agustinos de la Asunción. ¿Les pilló desprevenidos y no supieron cómo reaccionar? ¿Fue un error puntual que ya se ha corregido y no se volverá a repetir? Parece que no, porque, después del referéndum en la Argentina, La Croix volvió a publicar un artículo favorable al aborto. De nuevo, con la queja solitaria del mismo obispo, Mons. Bernard Guinoux, en su cuenta de Twitter.
En el artículo, plagado de referencias al “derecho al aborto”, se afirma que la decisión de no legalizar el aborto es “de otra época”, en lo que se puede observar una notable coincidencia con los exabruptos de Pedro Sánchez y Pablo Echenique en España ("un paso atrás", “manteniendo una ley de 1921″, “seguir en la edad media"). No deja de ser curioso que tantos compartan esa extraña miopía que les lleva a creer que nadie ha dicho nada valioso en toda la historia de la humanidad hasta que llegaron ellos.
Asimismo, en el artículo se elogia la “legítima lucha de las mujeres latinoamericanas” en pro del aborto. Será otro tipo de miopía, que impide ver a los millones de mujeres que defendieron la vida de los niños no nacidos. O quizá las que no defienden los dogmas políticamente correctos no tengan derecho a ser consideradas mujeres. Por no hablar de las niñas que son víctimas del aborto, como señala Mons. Guinoux en su mensaje de Twitter.
El autor del artículo afirma que “como profesional de la salud, no puedo aceptar que las mujeres, para poner fin a un embarazo no deseado, tengan como única opción prácticas ilegales y peligrosas”. Según parece, la decisión de abortar es “demasiado importante” como para que no esté “acompañada” (ahora llama la atención la coincidencia con el llamado Nuevo Paradigma moral) y “ninguna sociedad moderna puede tolerar que los riesgos que entraña no sean reducidos al mínimo”. De nuevo ataca esa extraña epidemia de miopía, que impide ver que se está acabando violentamente con la vida de un niño inocente y que el autor está pidiendo que los “riesgos” de ese niño se eleven a la categoría de certeza mortal.
Como colofón, después de varios párrafos de banalidades supuestamente profundas, el artículo concluye diciendo que hay que “respetar y proteger” la vida, pero, eso sí, “sin verdades”. No está muy claro si el autor considera que esa misma afirmación es verdad o mentira o depende del color del cristal con que se mira. No importa, porque no es más que un arma arrojadiza contra las convicciones contrarias al aborto y con ella culmina la mezcla explosiva de relativismo, cronolatría y simple indiferencia hacia los sufrimientos de los más débiles e inocentes.
Todo ello en el gran periódico católico francés, propiedad de una orden religiosay ante el silencio de la Conferencia Episcopal y del propio Vaticano. Ya que hablábamos de miopía, es imposible no recordar la terrible frase evangélica: son ciegos guías de ciegos y, si un ciego guía a otro ciego, los dos caerán en el hoyo.
A este respecto, quizá convenga recordar que, precisamente en La Croix, se publicó en 2011 una entrevista del P. Thomasset, SJ, en la que manifestaba estar a favor del “derecho a decidir”. Y que, el año pasado, el P. Thomasset fue nombrado miembro de la Pontificia Academia para la Vida.
¿Nos sorprende que en Irlanda ganara el sí al aborto y en Argentina haya estado a punto de ganar? ¿Nos sorprende que innumerables católicos estén, de hecho, a favor de la legalización del aborto? Más bien, lo sorprendente es que nos dediquemos a celebrar sínodos para hablar interminablemente y llenar cientos de páginas con consideraciones sobre la juventud y la familia, mientras no hacemos nada para solucionar lo que es fácil de solucionar: que desde nuestras propias filas se realicen los peores ataques contra la juventud, la familia y los más inocentes de todos los seres humanos. Dios nos lo demandará un día.


Bruno M. es laico y ha sido bendecido por Dios con tres hijos y una esposa mucho mejor de lo que merece. A pesar de su escasa habilidad literaria, se empeña en ofrecer al mundo sus ocurrencias sobre todo y nada en este blog, siempre desde la fe católica y la razón. También colabora regularmente con Radio H.M. Para purgar sus pecados, forma parte del Consejo de Redacción de InfoCatólica

lunes, 6 de agosto de 2018

lunes, 23 de julio de 2018

martes, 29 de mayo de 2018

«Nuestra esperanza tiene un nombre: ¡Jesucristo!»: la homilía del cardenal Sarah en Chartres

El cardenal Sarah la Misa de clausura de la peregrinación a Chartres el lunes 21 de mayo. A continuación, presentamos la homilía que pronunció frente a los 12.000 peregrinos que partieron de Notre-Dame de Paris, dos días antes.

Queridos peregrinos de Chartres,
La Luz ha venido al mundo, nos dice hoy Jesús en el evangelio (Jn 3, 16-21), pero los hombres prefirieron las tinieblas. Y ustedes, queridos peregrinos, han acogido a la única Luz que no engaña, la Luz de Dios. Han caminado durante tres días, han rezado, han cantado, han sufrido bajo el sol y bajo la lluvia: ¿han acogido a la luz en sus corazones? ¿Ustedes han renunciado realmente a las tinieblas, han elegido continuar el camino siguiendo a Jesús, que es la Luz del mundo? Queridos amigos, permítanme hacerles esta pregunta radical, porque si Dios no es nuestra Luz todo lo demás se vuelve inútil. Sin Dios, todo es tinieblas.
Dios vino a nosotros, se hizo hombre, nos reveló la única verdad que salva, él murió para redimirnos del pecado. Y en Pentecostés nos dio el Espíritu Santo, nos ofreció la luz de la fe, pero nosotros preferimos las tinieblas.

Miremos a nuestro alrededor: la sociedad occidental ha optado por organizarse sin Dios y ahora se entrega a las luces llamativas y engañosas de la sociedad de consumo, buscando el beneficio a toda costa, y en el individualismo desenfrenado. Un mundo sin Dios es un mundo de tinieblas, mentiras y egoísmo.

Sin la Luz de Dios, la sociedad occidental se ha convertido en un barco ebrio en medio de la noche. No tiene suficiente amor para acoger a los niños, para protegerlos desde el seno de sus madres, para protegerlos de la agresión de la pornografía. Privada de la luz de Dios, la sociedad occidental ya no sabe respetar a sus mayores, acompañar a los enfermos hasta la muerte, hacer un lugar para los más pobres y los más débiles. Se ha entregado a la oscuridad del miedo, de la tristeza y del aislamiento. Sólo tiene para ofrecer el vacío y la nada.

Esta sociedad occidental permite que proliferen las ideologías más locas. Una sociedad occidental sin Dios puede convertirse en la cuna de un terrorismo ético y moral más virulento y destructivo que el terrorismo islámico. Recuerden que Jesús nos dijo: “no teman nada de aquéllos que matan el cuerpo, pero que no pueden matar el alma. Teman más bien a los que pueden hacer perecer en la gehena tanto al alma como al cuerpo” (Mt 10, 28).

Queridos amigos, perdonen esta descripción, pero debemos ser lúcidos y realistas. Si les hablo de esta manera es porque en mi corazón de sacerdote y de pastor siento compasión por tantas almas que están extraviadas, perdidas, tristes, preocupadas y solas.

¿Quién las conducirá a la Luz? ¿Quién les mostrará el camino de la Verdad, el único verdadero camino de libertad que es el de la Cruz? ¿Las vamos a dejar expuestas al error, al nihilismo desesperado o al islamismo agresivo sin hacer nada?

Debemos clamar al mundo que nuestra esperanza tiene un nombre: Jesucristo, único salvador del mundo y de la humanidad.

Queridos peregrinos de Francia, miren esta catedral, sus antepasados la construyeron para proclamar su fe. Todo en su arquitectura, en su estructura y en sus vitrales proclama la alegría de ser salvados y amados por Dios. Sus antepasados no fueron perfectos, no eran sin pecado, pero quisieron dejar que la luz de la fe iluminara sus tinieblas.

¡También hoy tú, pueblo de Francia, despiértate, elige la Luz, renuncia a las tinieblas!

¿Cómo hacer? El Evangelio nos responde: el que obra la Verdad va a la Luz. Dejemos que la luz del Espíritu Santo ilumine concretamente nuestras vidas, simplemente y hasta en las regiones más íntimas de nuestro ser más profundo. Obrar según la verdad es ante todo poner a Dios en el centro de nuestras vidas, así como la Cruz es el centro de esta catedral.

Hermanos, elijamos dirigirnos a Él cada día.

En este momento, asumamos el compromiso de tomar unos minutos de silencio todos los días para recurrir a Dios y decirle: Señor, reina en mí, te doy toda mi vida.

Queridos peregrinos, sin silencio no hay luz. Las tinieblas se alimentan del ruido incesante de este mundo que nos impide volvernos a Dios. Tomemos ejemplo de la liturgia de la Misa de hoy. Ella nos lleva a la adoración, al temor filial y amoroso frente a la grandeza de Dios. Ella culmina en la consagración, en la que todos juntos estamos orientados hacia el altar, la mirada dirigida hacia la Hostia, hacia la Cruz, compartimos en silencio, en la contemplación y en la adoración.

Hermanos, amemos estas liturgias que nos hacen saborear la presencia silenciosa y trascendente de Dios y orientémonos hacia el Señor.

Queridos hermanos sacerdotes, me dirigiré ahora especialmente a ustedes.

El santo Sacrificio de la Misa es el lugar donde ustedes encontrarán la luz para vuestro ministerio. El mundo en el que vivimos nos solicita sin cesar. Estamos constantemente en movimiento. El peligro grande para nosotros sería que nos consideremos asistentes sociales. En este caso, no llevaremos más al mundo la luz de Dios, sino nuestra propia luz que no es la que los hombres esperan.

Sepamos orientarnos hacia Dios, en una celebración litúrgica de recogimiento, llena de respeto, de silencio e impregnada de santidad. No inventemos nada en la liturgia, recibamos todo de Dios y de la Iglesia. No busquemos el espectáculo ni el éxito.

La liturgia nos enseña, ante todo, que ser sacerdote no es hacer mucho, sino estar con el Señor en la Cruz. La liturgia es el lugar donde el hombre se encuentra cara a cara con Dios. Éste es el momento más sublime en el que Dios nos enseña a reproducir en nosotros la imagen de su hijo Jesucristo, para que él sea el primogénito de una multitud. La liturgia no es ni debe ser ocasión de ruptura, de lucha y de disputa.

Tanto en la forma ordinaria del rito romano como en la forma extraordinaria lo esencial es orientarnos hacia la Cruz, hacia Cristo, nuestro Oriente, nuestro todo, nuestro único horizonte. Ya sea en la forma ordinaria o en la forma extraordinaria, sepamos celebrar siempre, como en este día, según lo que enseña el Concilio Vaticano II, con una sencillez noble, sin sobrecargas inútiles, sin una estética ficticia y teatral, sino con el sentido de lo sagrado, preocupados primeramente por la gloria de Dios y con un verdadero espíritu de hijo de la Iglesia de hoy y de siempre.

Queridos hermanos sacerdotes, conserven siempre esta certeza:estar con Cristo en la Cruz, eso es lo que el celibato sacerdotal proclama al mundo. El proyecto de nuevo sugerido por algunos de separar el celibato del sacerdocio, confiriendo el sacramento del Orden Sagrado a hombres casados, a los viri probati, por las razones que digan o por necesidades pastorales, en realidad tendrá la grave consecuencia de romper definitivamente con la tradición apostólica.

En este caso fabricaríamos un sacerdocio acorde a nuestra medida humana, pero así no perpetuamos ni prolongamos el sacerdocio de Cristo, obediente, pobre y casto. Porque, en efecto, el sacerdote no es sólo un alter Christus, otro Cristo. Él es verdaderamente ipse Christus, Cristo mismo. Y es por eso que, después de Cristo y de la Iglesia, el sacerdote será siempre un signo de contradicción.

ustedes, queridos cristianos, laicos comprometidos en la vida de la ciudad, les quiero decir con fuerza: no tengan miedo. No tengan miedo de llevar a este mundo la luz de Cristo. El primer testimonio de ustedes debe ser su propia vida, su propio ejemplo de vida. No escondan la fuente de su esperanza, por el contrario, proclamen, testimonien, evangelicen. La Iglesia tiene necesidad de ustedes. Recuérdenles a todos que “sólo el Cristo crucificado revela el significado auténtico de la libertad” (Veritatis Splendor n. 85).

A ustedes, queridos padres, les dirigiré un mensaje en particular. Ser padre y madre en el mundo de hoy es una aventura difícil, llena de sufrimientos, obstáculos y preocupaciones. La Iglesia les dice gracias. Sí, gracias por el don generoso de ustedes mismos. Tengan el coraje de criar a sus hijos a la Luz de Cristo. A veces tendrán que luchar contra el viento predominante, soportar el desprecio y las burlas del mundo, pero no estamos aquí para agradar al mundo. Nosotros proclamamos un “Cristo crucificado, escándalo para los judíos y locura para los gentiles” (1 Cor 1, 23-24). No tengan miedo, no se den por vencidos. La Iglesia, a través de la voz de los Papas, especialmente desde la encíclica Humanae vitae, les confía una misión profética. Testimonien ante todo vuestra alegre confianza en Dios que nos ha hecho guardianes inteligentes del orden natural. Ustedes anuncien lo que Jesús nos reveló a través de su vida. Queridos padres y madres de familia, la Iglesia los ama, amen a la Iglesia. Amen a su madre.

Me voy a dirigir finalmente a ustedes, a ustedes los más jóvenes que aquí son muy numerosos. Les ruego que escuchen ante todo a un anciano que tiene más autoridad que yo: es el evangelista san Juan. Más allá del ejemplo de su vida, san Juan también dejó un mensaje escrito a los jóvenes. En su primera carta, leemos estas emotivas palabras de un anciano a los jóvenes de las Iglesias que había fundado. Escuchen esta fuerte voz de un anciano: “os escribí a vosotros, a los más jóvenes, porque son fuertes y la palabra de Dios permanece en ustedes, ustedes que han vencido al maligno. No amen al mundo ni a lo que hay en el mundo” (1 Jn 2, 14-15).

El mundo que no debemos amar, comenta el padre Cantalamessa en su homilía del Viernes Santo, y al que no debemos conformarnos, no es –lo sabemos bien– el mundo creado y amado por Dios. No forman parte de ese mundo las personas hacia las cuales, por el contrario, debemos ir siempre, especialmente los más pobres y los más débiles, para amarlos y servirlos humildemente.

¡No! El mundo que no debemos amar es otro mundo. Es el mundo que ha pasado a estar bajo el dominio de Satanás y del pecado. Es el mundo de las ideologías que niegan la naturaleza humana y destruyen las familias. Es el mundo de las estructuras de las Naciones Unidas que impone imperativamente una nueva ética global a la que todos deberíamos someternos. Pero un gran escritor creyente británico del siglo pasado, T. S. Eliot, escribió tres versículos que dicen más que libros enteros. “En el mundo de los fugitivos, el que toma la dirección opuesta se verá como un desertor”.

Queridos jóvenes, si le han permitido a un anciano como san Juan hablar directamente a ustedes, yo los exhorto también y les digo: ustedes han vencido al maligno, luchen contra toda ley antinatural que les quieran imponer, opónganse a toda ley contraria a la vida y a la familia, sean de los que toman la dirección opuesta. Atrévanse a ir contra la corriente. Para nosotros los cristianos, la dirección opuesta no es un lugar, es una persona: es Jesucristo, nuestro amigo y nuestro Redentor.

Una tarea ha sido especialmente confiada a ustedes, jóvenes: salvar el amor humano de la deriva trágica en la que ha caído: el amor que no es más el don de sí mismo, sino sólo la posesión del otro, una posesión a menudo violenta y tiránica. En la Cruz, Dios se hizo hombre y nos reveló que Él es agapé, es decir, el Amor que se da hasta la muerte. Amar verdaderamente es morir por el otro, como el joven gendarme, el coronel Arnaud Beltrame.

Queridos jóvenes, a menudo ustedes experimentan sin duda en sus almas la lucha de las tinieblas y de la luz, a veces ustedes son seducidos por los placeres fáciles de este mundo. Con todo mi corazón de sacerdote, les digo: no lo duden, Jesús les dará todo. Al seguirlo para ser santos, ustedes no perderán nada, ganarán la única alegría que nunca decepciona. Queridos jóvenes, si hoy Cristo los llama a seguirlo como sacerdote, religioso o religioso, no duden, díganle fiat, un sí entusiasta e incondicional. Dios quiere tener necesidad de ustedes. Cuánta alegría. Cuánta gracia.

Occidente fue evangelizado por los santos y los mártires. Ustedes, jóvenes de hoy, serán los santos y mártires que las naciones esperan para una nueva evangelización. Sus patrias tienen sed de Cristo, no las decepcionen. La Iglesia confía en ustedes. Rezo para que muchos de ustedes respondan, hoy durante esta Misa, a la llamada de Dios a seguirlo, a dejar todo por Él, por su Luz. Cuando Dios llama es radical. Nos llama íntegramente, hasta el don total, hasta el martirio del cuerpo o del corazón.

Querido pueblo de Francia, son los monasterios los que han hecho la civilización de vuestro país. Son las personas, los hombres y las mujeres que han aceptado seguir a Jesús hasta el final, radicalmente, quienes han construido la Europa cristiana. Porque han buscado al Dios único, han construido una hermosa y pacífica civilización como esta catedral.
Pueblo de Francia, pueblos de Occidente, encontrarán la paz y la alegría sólo si buscan al Dios único. Vuelvan a sus raíces, regresen a la fuente, regresen al monasterio. Sí, todos ustedes atrévanse a pasar unos días en un monasterio. En este mundo de turbulencias, de fealdad y de tristeza, los monasterios son un oasis de belleza y alegría. Ustedes experimentarán que es posible poner concretamente a Dios en el centro de sus vidas, ustedes experimentarán la única alegría que no pasa jamás.

Queridos peregrinos, renuncien a las tinieblas, escojan la Luz, pidan a la Santísima Virgen María que nos enseñe a decir fiat, es decir, sí, plenamente como ella, que nos enseñe a recibir la luz del Espíritu Santo, como ella. En este día en que, gracias a la solicitud del Santo Padre, el papa Francisco, celebramos a María Madre de la Iglesia, pedimos a esta santísima madre poder tener un corazón como el suyo, un corazón que no niegue nada a Dios, un corazón ardiente de amor por la gloria de Dios, ardiente para proclamar a los hombres las Buena Noticia, un corazón generoso, un corazón grande como el corazón de María, con las dimensiones de la Iglesia, con las dimensiones del corazón de Jesús.

Publicado originalmente en francés el 23 de mayo de 2018, enwww.famillechretienne.fr/…/notre-esperance…