jueves, 24 de junio de 2010

SÍMBOLOS, los signos de la tierra transfigurada Marie-Madeleine Davy (VIII)


Cuanto más confesional es una época –como es el siglo XII– más ambigua es, ya que lo religioso puede derivar en un pseudo-espiritualismo que entonces es tan sólo un carnal disfrazado y temporalizado, aprovechado y, por tanto, mentiroso, o bien es subproducto del racionalismo; en ambos casos lo carnal es más auténtico, y preferible por ello.

Sólo los místicos, los poetas y los artistas salvan la realidad del símbolo, y es a través de ellos como conviene buscarlo. El filósofo, en la medida en que es amigo de la sabiduría, es capaz de comprender el contenido del símbolo. El intelectual tiene la ventaja del saber, y sin embargo ese saber puede no convertirse en conocimiento, y significar por consiguiente una forma de ignorancia privada de amor.

Para nuestros autores del siglo XII, el alma-esposa puede acceder a los secretos y a los misterios inefables, sólo ella penetra en la cámara nupcial, después de recorrer la vía ascendente iluminada por la presencia de los símbolos. Participando en la «luz viva» de que habla Santa Hildegarda, hela aquí, como la mujer del Apocalipsis (XII, I) revestida de sol.

jueves, 17 de junio de 2010

SÍMBOLOS, los signos de la tierra transfigurada Marie-Madeleine Davy ( VII )


Pero no deberíamos concluir que el símbolo esté reservado a una minoría, es decir, a los perfectos, excluyendo a la mayoría. El símbolo a todos se presenta, y se ofrece con magnificencia a la mirada del mismo modo que el sol ilumina a los buenos y a los malos (Mat. V, 45). La elección depende de los hombres, de su apetito, de la calidad de su amor, de su libertad, del sentido de su búsqueda. Si el símbolo es raramente considerado en la profundidad de su contenido, es únicamente porque los hombres se desvían, o mejor, no lo advierten. En cuanto al hombre que aprehende el misterio del símbolo y lo vive en sí mismo, no emite el deseo de separarse de la colectividad, sino que sufre al no poder compartir su tesoro. No es él quien se aleja de los otros, sino los otros los que se alejan de él. Bien se trate del siglo XII o de cualquier otro período, la realidad es idéntica y el hombre es siempre el mismo. Prefiere tener a ser, lo profano a lo sagrado, lo terrestre a lo celeste, un compañero de juego para compartir sus placeres, antes que un maestro que lo guíe.

martes, 15 de junio de 2010

SÍMBOLOS, los signos de la tierra transfigurada Marie-Madeleine Davy ( VI )


Al amor y conocimiento del mercenario, del esclavo y del hijo corresponde el símbolo considerado en una plano externo, terrestre y carnal. Con el amor y el conocimiento de la Esposa, el símbolo se capta en su realidad profunda. Del mismo modo que el hombre que se encuentra únicamente en el plano terrestre puede ser considerado como un gnomo que no ha adquirido su estatura humana, el símbolo tomado en un sentido de exterioridad aparece insuficiente, vacío de sustancia, privado de profundidad.

sábado, 29 de mayo de 2010

SÍMBOLOS, los signos de la tierra transfigurada Marie-Madeleine Davy ( V )


Como vemos, nada hay de falso en el plano carnal, estrictamente terrestre, pero todo está allí limitado, ya se trate del espacio o del tiempo. El símbolo, considerado en un nivel carnal, se queda en el circuito de la exterioridad, es decir, de lo que vive y muere, lo que nace y pasa, lo que está cerrado y separado. Pero el símbolo, aprehendido en un nivel espiritual, se hace puente, presencia, lenguaje universal, vida concebida en otro orden: el de la eternidad. El símbolo concebido únicamente por el hombre carnal está privado de eco, y permanece en una zona de sombra; en cambio con el hombre nuevo –o espiritual– el símbolo ya es verbo, luz, hierofanía y teofanía, inaugurando por ello un tiempo nuevo: el de la transfiguración.

jueves, 20 de mayo de 2010

SÍMBOLOS, los signos de la tierra transfigurada Marie-Madeleine Davy ( IV )


Si tratamos de interpretar un texto bíblico, volvemos a encontrarnos por ejemplo con esta dualidad de sentido en relación al conocimiento sensible o espiritual. Cuando se dice que el hombre debe abandonar a su padre y a su madre (cf. Mat. X, 36) podemos referirnos a una familia física. Pero el sentido espiritual también evoca la parentela de nuestros sentidos externos, que nos hacen prisioneros (Ver San Bernardo, Sermón VI, 1, De diversis)

viernes, 14 de mayo de 2010

SÍMBOLOS, los signos de la tierra transfigurada Marie-Madeleine Davy ( III )


Pongamos otro ejemplo: el del sol. El hombre carnal se limita al sol externo en sus beneficios y también bajo su aspecto nefasto. Tendrá presente su luz y su calor, sus relaciones con la naturaleza y con el hombre. En cuanto al espiritual, considera el sol en su realidad, pero sabe que hay otro sol que ilumina al hombre interno, que alumbra su propia tierra. Y este sol también posee deslumbramiento y energía. Inunda de claridad la mirada del hombre espiritual y lo transforma en cuerpo glorioso. Hablando de la belleza del alma, San Bernardo dice que la voz está afectada por la calidad de su presencia. La mirada y la voz permiten descubrir la realidad más o menos luminosa de ese sol interior.

Si el sol externo fecunda y hace germinar flores y frutos, el sol interno posee su propia fecundidad, engendrando los dones del espíritu. El hombre espiritual, en el que el sol interno se levanta, no sólo ilumina su propia tierra, sino que propaga su claridad sobre el universo. Ligado al cosmos, participa de todo lo que está vivo, y expande la vida sobre sí mismo: vida imperecedera. Del mismo modo que el viento se encarga en la naturaleza de transportar el polen, el soplo del hombre espiritual esparce el germen, ya no sobre los cálices de las flores, sino en el corazón del los hombres.

lunes, 10 de mayo de 2010

SÍMBOLOS, los signos de la tierra transfigurada Marie-Madeleine Davy ( II )


Tomemos ahora el símbolo de la cruz. El hombre carnal considera la crucifixión con todo realismo, con lo que implica de dolor y sufrimiento físico en un tiempo dado, un momento determinado y un lugar exacto, refiriéndose únicamente a la persona de Cristo. El mismo San Bernardo confiesa haber empezado por el amor carnal (Sermón sobre el Cantar de los Cantares, XLIII, 3). Así, al principio de su vida monástica, agrupó como en un ramo las ansiedades y sufrimientos del Cristo.

El hombre espiritual contempla en el símbolo de la cruz un cósmico desmembramiento abarcando todas las direcciones, es decir, extendiéndose a todos los puntos cardinales. Nada queda excluido: el hombre, el animal, la planta y la piedra participan en la crucifixión y en la redención. El hombre mismo está destinado, en su cuerpo y en su espíritu, a compartir esta crucifixión. Pero Cristo ha resucitado, y el cosmos entero tiene que participar de su gloria. La tierra del hombre, llamada a ser una tierra transfigurada, se orienta hacia la luz a través de estas fases de crucifixión y resurrección. San Bernardo compara la vida y las palabras de Cristo a una aurora, cuya luz sólo brilla después de la resurrección. La carne débil se reviste del espíritu, dirá que ésta ya no tiene que recurrir a las imágenes carnales, como la cruz y otros símbolos relativos a la indigencia corporal.

miércoles, 5 de mayo de 2010

SÍMBOLOS, los signos de la tierra transfigurada Marie-Madeleine Davy


POSICION DE LOS SÍMBOLOS

A los distintos grados de la vía de la restauración del alma, yendo de lo carnal a lo espiritual, corresponden las diferentes interpretaciones de los símbolos que se sitúan en un plano carnal o espiritual, externo o interno, terrestre o celeste.

Citaremos aquí algunos ejemplos que nos permitirán captar los símbolos en el plano carnal y en el espiritual.

La natividad de Cristo: por ella el hombre carnal va a meditar sobre el Niño-Jesús, que nace en el pesebre e un establo en un lugar concreto y en un momento determinado. Esta consideración puede provocar una emoción pasajera, suscitar un sentimiento de afecto que puede desaparecer en cuanto el pensamiento abandona el objeto de su reflexión. En este sentido Guillermo de Saint Thierry hace alusión (Meditation, X, 4) a su imaginación aún débil, ligada a lo sensible, a su alma enferma que se fija en las sumisiones y humillación de la natividad, abrazando el pesebre y adorando la santa infancia de Cristo.

Pero el hombre espiritual meditará sobre el mismo símbolo a un nivel diferente. Partiendo de la realidad histórica del nacimiento de Cristo, comprenderá que esta natividad representa la unión de lo humano y lo divino que se prolonga en cada ser. Cualquier alma está destinada a convertirse en un pesebre en el que Cristo nace perpetuamente. Y este nacimiento constituye un estado de ser, un modo de pensar y de actuar, y en consecuencia una manera de existir. Por ello las relaciones consigo mismo y los demás se volverán diferentes, pues todo hombre se nos aparece como un Cristóforo, o al menos capacitado para serlo. Esta presencia de Cristo en el hombre crea un nuevo modo de relación, de conocimiento y de amor, respecto a sí mismo, a Dios, a los demás y al universo en su totalidad. «Ahí donde nace, se manifiesta», precisa San Bernardo en un sermón para la víspera de Navidad en el que considera el sentido material y espiritual de la Navidad.

jueves, 29 de abril de 2010

EL ARTE DE LA VIDA INTERIOR - MARIE-MADELEINE DAVY (XXII)


La influencia sobre el mundo exterior

Los «acontecimientos se desarrollan en la realidad del espíritu antes de manifestarse en la realidad exterior de la historia. Todo lo que ocurre en el mundo tiene una fuente interior espiritual». Este comentario de Nicolas Berdiaev es significativo. Precisa la importancia de la vida interior y de su impacto sobre el mundo. La polución que hace estragos en el aire, en el agua y sobre la tierra, es el resultado de una polución en el interior mismo del hombre. Una tal polución significa su agonía.

Nada estará perdido mientras existan hombres que se han vuelto vivos gracias a la plenitud de su vida interior. Ellos hacen don de esa plenitud al universo y lo salvan transfigurándolo.



* * * * * * * * * * * *

Extraído de: Questión de... nº116: Marie-Madeleine Davy, Les Chemins de la profondeur. Revue trimestrielle - Albin Michel, B.P. 21 - 84220 Gordes (Francia).

sábado, 24 de abril de 2010

EL ARTE DE LA VIDA INTERIOR - MARIE-MADELEINE DAVY (XXI)



El hombre transfigurado se ha vuelto silencioso


Llega un momento en el que todos los estados sucesivos están tras de si: ya no existe otra cosa que la transfiguración. La unidad es beatitud indecible, pero es también perfecta simplicidad y no distinción, porque se expresa en una perfecta libertad. Así, el hombre transfigurado no es visible, es decir reconocible, más que por aquellos que realizan una búsqueda idéntica.

Cuando el hombre es iluminado y transfigurado, ya no hay para él caminos, problemas o cuestiones, ni incluso imágenes alegóricas o simbólicas; recurre a ellas únicamente para expresarse. Todo se ha vuelto lugar silencioso. Deificado, él deifica porque proyecta en el cosmos simientes de metamorfosis. Así, por su vida interior, el hombre muerto y resucitado prolonga la obra de Cristo en el universo. Ni siquiera habla de Dios, porque se ha vuelto un vivo testimonio de la vida divina. Se nombra a un ausente, una presencia no tiene necesidad de ser evocada: ella está ahí.

domingo, 18 de abril de 2010

EL ARTE DE LA VIDA INTERIOR - MARIE-MADELEINE DAVY (XX)


En la experiencia sutil de la vida interior, el estado de desconocimiento le lleva a la consciencia del conocimiento. El puro conocimiento es de orden extático, ya que es indiferenciado; no podría producirse al nivel de los sentidos exteriores e interiores. Es más allá donde se produce la iluminación. Esta surge súbitamente, inesperadamente. Así, la iluminación sobrepasa un estado personal. Ciertamente, el sujeto experimenta una experiencia que le es propia, pero no la retiene como un «tener», puesto que ya no tiene ningún deseo de posesión. La iluminación deviene un estado no sometido a alternativas, ya que en su plenitud sobrepasa al sujeto que la recibe o, más exactamente, el sujeto no intenta retenerla como un bien propio. Esta iluminación se extiende en el cosmos de una manera difusa; ella es luminosidad, amor pleno de ternura.

Todos aquellos que están hambrientos de interioridad pueden de esta manera recibir una mano anónima que descubren independientemente del lugar donde se encuentren. El tiempo y el espacio no podrían intervenir. El hombre iluminado se mantiene en un vacío supramental que le permite asistir como espectador al desarrollo de su propia existencia. Privado de deseos y de proyectos, se sitúa más allá del sufrimiento, de las dispersiones y del fraccionamiento; la muerte misma es sobrepasada, con todas las angustias que la acompañan.

domingo, 11 de abril de 2010

EL ARTE DE LA VIDA INTERIOR - MARIE-MADELEINE DAVY (XIX)



EXPERIENCIA, ILUMINACION, DEIFICACION

En la medida en que la experiencia se afina, se transforma en experiencia sutil. Al comienzo, el hombre es consciente de lo que descubre. Mientras posee esa consciencia clara, su descubrimiento carece de profundidad. Se puede solamente hablar de una aproximación, ya que el verdadero descubrimiento, la captación, es transconsciente en su penetración. El místico no sabe que ora, y tampoco sabe que conoce, de la misma manera que el sol resplandece, y calienta e ilumina. Así, el amor es únicamente amor; nada más y nada menos.

domingo, 4 de abril de 2010

EL ARTE DE LA VIDA INTERIOR - MARIE-MADELEINE DAVY (XVIII)


EL FONDO SECRETO DEL ALMA

El viaje interior conduce al descubrimiento del fondo del alma. «Hay en el alma un fondo secreto de donde» surgen el conocimiento y el amor; ese «algo» no conoce y no ama; son las potencias del alma las que conocen y aman (Maestro Eckhart, Tratados y Sermones). Ese fondo secreto no tiene ni pasado ni futuro. Desde el momento en que el hombre penetra en él, se sitúa fuera del tiempo y del espacio. Es así como el itinerario de la vida interior desemboca en la eternidad, ahí donde no hay nada que alcanzar y nada que añadir, nada que ganar y nada que perder. «Ese fondo secreto ha comprendido en que reposa la beatitud» (Eckhart)

Llegar a ese fondo, tal es el la apuesta de la vida interior y de alguna manera su secreto. Estamos así muy lejos de los aspectos dogmáticos y morales de los que a veces se ha sobrecargado el cristianismo. La ley, por ejemplo la que está presente en los mandamientos, se ofrece como un cuadro, por lo tanto una exterioridad, y no concierne a la vida interior misma. Pero es evidente que aquel que se encamina hacia el fondo de su ser ha dominado sus pasiones y sus codicias, o, más exactamente, ellas se han desprendido de él.

El hombre interiorizado sabe que él no tiene que abandonar, él es abandonado por las dispersiones. Cuando un niño crece, deja sus juegos, o más bien los juegos le dejan. Más todavía, la mariposa olvida que ha sido larva, reptando como una serpiente; vuela, y esa es su dicha resultante de su vocación de mariposa. Así, cuando el hombre toca su fondo, se metamorfosea. Está ahí el milagro producido por la vida interior.

jueves, 25 de marzo de 2010

EL ARTE DE LA VIDA INTERIOR - MARIE-MADELEINE DAVY ( XVII )


La oración ininterrumpida

Establecido en su corazón considerado como el centro de si mismo (según la tradición oriental), el hesicasta se entrega a la Oración de Jesús basada en la respiración. El la repite incansablemente como un mantra. Es en el lugar del corazón donde se fija la presencia de Cristo. Esta oración devenida perpetua es denominada la Oración pura, ella conviene al corazón llegado a ser libre por la liberación de los pensamientos errantes y puro en tanto que espejo perfectamente limpio. La célebre Oración de Jesús consiste así en la repetición ininterrumpida de las palabras: «Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de mi». Esta oración está en el centro de los textos reunidos bajo el nombre de Filocalia.

domingo, 21 de marzo de 2010

EL ARTE DE LA VIDA INTERIOR - MARIE-MADELEINE DAVY ( XVII )


El silencio interior

Lo más importante en el orden de la vida interior es que el buscador de su interioridad se mantenga a la escucha del interior de si mismo y tome, en la medida que pueda, momentos de silencio, de recogimiento y de retiro. Según la intensidad de su escucha, será conducido, guiado, formado, a condición de mantenerse en perpetuo estado de vigilia, con una vigilancia tanto más intensa en cuanto que no habrá nadie fuera para observarle, reprenderle o animarle.

... La mayoría de los cristianos ignoran la verdadera tradición cristiana y piensan que no existen métodos en el interior del cristianismo para abordar y profundizar la vida interior. Sin embargo, hay una vía observada, sobre todo en los monasterios ortodoxos, que hoy en día ha hecho entrada en la mayoría de los conventos cristianos; es practicada no solamente por los monjes sino por aquellos que viven fuera de los claustros: se trata del hesicasmo.

El hesicasmo es un método de interiorización que conduce a un perfeccionamiento que desemboca en la deificación. El hesicasmo reposa en la práctica de la hesyquia. Este termino, que significa reposo, tranquilidad, quietud, no pertenece únicamente al lenguaje religioso; se conoce su empleo en el griego profano. La adquisición de la calma y de esta tranquilidad concierne al cuerpo (ayuno, vigilia, trabajo) después a la psyche (el alma) y finalmente al espíritu por el despertar de sus energías latentes. La importancia se da a los pensamientos que pueden empañar el corazón y perturbarlo. El hesicasmo rechaza los discursos interiores, las interrogaciones inútiles, los falsos problemas que dispersan de la actividad del intelecto. Aún más, rechaza todas las ideas sobre Dios que corren el riesgo de abrir una distancia entre el sujeto y la divinidad reduciendo esta a un objeto exterior es decir a un ídolo. El reposo al cual desemboca la práctica de la hesyquia no es estático sino profundamente dinámico. Se le puede ver como una reunión de las diversas energías, como la conquista de la perfecta unidad entre el cuerpo, el alma y el espírit

viernes, 12 de marzo de 2010

EL ARTE DE LA VIDA INTERIOR - MARIE-MADELEINE DAVY ( XVI )



La Biblia

Para un cristiano, la mejor enseñanza se encuentra en la Biblia. Es a través del Antiguo y el Nuevo Testamento como el sujeto es conducido a su interioridad. La lectura asidua del Génesis, de los Salmos, de los Profetas, de la Sabiduría, del Eclesiastés y de los Proverbios será particularmente mantenida junto a los libros del Nuevo Testamento. No se trata solamente de leer, sino de profundizar, de «rumiar», y la Palabra divina se volverá actuante en el alma, el corazón y el espíritu.

En las escuelas monásticas (benedictinas, cartujas, cistercienses), la primacía es dada siempre a la Biblia tanto en el oficio como en la lectio divina. Hoy en día, los benedictinos y los cistercienses abren gustosamente sus abadías a las personas de fuera, favoreciendo así los retiros silenciosos. Algunos podrán encontrar allí asilos de paz y de enriquecimiento. Sin embargo, vivir en el mundo o residir de por vida en una comunidad religiosa presenta objetivos muy diferentes. Incluso en los claustros, teniendo los monjes carencia de formadores, los verdaderamente contemplativos son excepcionales. Además no sería justo que personas del exterior vinieran a perturban la vida de silencio de hombres o de mujeres que han elegido el claustro para mejor dedicarse a «lo único necesario»: el encuentro y la unión con la Deidad. Una enfermedad del alma puede conllevar transferencias y mantener el dirigido y al director en un sicologísmo de mala ley, puesto que no es liberador. Y esto tanto más cuanto que los monasterios –al margen de las cartujas cerradas a toda exterioridad– se encuentra ellos mismos en búsqueda desde el último concilio y están por ello en pleno período de mutación. Existen no obstante fundaciones nuevas de espíritu contemplativo y sin embargo abiertas y acogedoras, permitiendo así a aquellos que lo desean aprender a orar y penetrar en su dimensión de profundidad.

domingo, 7 de marzo de 2010

EL ARTE DE LA VIDA INTERIOR - MARIE-MADELEINE DAVY ( XV )




La elección de las lecturas

A falta de maestro, el discípulo recurrirá a los autores expertos en la investigación interior. El peligro, aquí, es de dispersarse y leer inútilmente. Sería suficiente con mantenerse firmemente en un solo guía sin picotear al azar. Si, por ejemplo, un buscador tomara las obras de Maestro Eckhart para ayudarse en su vida interior, podría cómodamente consagrar varios años de su vida a la meditación de sus obras, pero no estaría sin embargo cerrado a la lectura de los Padres de la Iglesia, en particular de los Capadocios (Basilio, Gregorio de Niza y Gregorio Nacianceno), de los Padres del Desierto, de los autores cartujos, cistercienses de la Edad Media y también de la escuela renana. Es preferible leer directamente los textos o a través de traducciones mejor que recurrir a sus comentadores. La vida interior no tiene fecha, poco importa si los autores son antiguos y se expresan en el estilo de su época. Además, el verdadero lenguaje espiritual nunca es mermado por el tiempo.

jueves, 4 de marzo de 2010

EL ARTE DE LA VIDA INTERIOR - MARIE-MADELEINE DAVY ( XIV )


En nuestra época, al menos en Occidente, la raza de los directores espirituales se rarifica mientras que los seudo-maestros se multiplican. Mas vale estar solo que guiado por alguien que conduce a callejones sin salida o esteriliza la vocación interior. No obstante, al comienzo y durante el recorrido, sería preferible ser iniciado a la vida interior, si no tenemos el riesgo de tomar falsos caminos, de vivir en la ilusión y en una falta total de lucidez. El encuentro con un ser de luz es a veces el estímulo necesario para provocar el viaje de la interioridad. Cuando un discípulo ha penetrado realmente en su dimensión de profundidad, incluso en su ausencia, el maestro espiritual se le hace presente.

viernes, 26 de febrero de 2010

EL ARTE DE LA VIDA INTERIOR - MARIE MADELEINE DAVY ( XIII )



EL NECESARIO MAESTRO ESPIRITUAL

¿El hombre que inicia una investigación interior tiene necesidad de guía? Antaño, en los Padres del Desierto y también en las escuelas iniciáticas orientales, el discípulo vivía cerca de su maestro. La existencia en común era preferible para que la enseñanza fuera justamente adaptada a la capacidad de aquel que la recibía. Ver vivir, observar el comportamiento del alumno rompe las ilusiones que se podrían tener al respecto. El discípulo se conoce mal y lo que él expresa es raramente adecuado; se confunde sobre si mismo por falta de discernimiento y también de lealtad. Solo un sujeto ya formado es capaz de revelar lo esencial a aquel que le conduce. En razón de las reacciones más o menos previsibles del sujeto, el maestro espiritual correría el riesgo de perturbar a su discípulo e incluso perturbarlo profundamente guiándole sin verle de vez en cuando. Ciertamente, un buen maestro puede seguir a distancia a su alumno, pero tales casos son poco frecuentes, ya que raros son los verdaderos maestros y raros los buenos discípulos.

domingo, 21 de febrero de 2010

EL ARTE DE LA VIDA INTERIOR - MARIE MADELEINE DAVY ( XII )


La agonía del yo

A causa de un calentamiento progresivo producido por la ascesis, la oración, la meditación, la calma del cuerpo, del intelecto y del corazón, el ego comienza a fundirse, después se derrite. El sujeto ya no está preocupado por si mismo; helo aquí privado de proyectos y de deseos. Atraviesa así «la noche» descrita por Juan de la Cruz. Nada le atrae y todo le parece insípido. La necesidad de asistir a la agonía de su yo puede parecer dolorosa; sin embargo los autores espirituales recomiendan no vacilar durante esta muerte. Esta agonía es esta muerte conducen a la pobreza, al desapego y sobre todo al abandono de la voluntad propia. Cuando el hombre abandona su yo, o más bien sus yoes, la alegría surge.

miércoles, 17 de febrero de 2010

EL ARTE DE LA VIDA INTERIOR - MARIE MADELEINE DAVY ( XI )



La educación del cuerpo


El cuerpo se educa. Aquí se requiere la comprensión más que la violencia como tal. Al comienzo, el esfuerzo puede experimentarse en su dureza. En la medida en la que la espontaneidad se vuelve un estado, la conducta prosigue sin tensión. Para el hombre interior, la educación del cuerpo no cesa de perseguirse. Abandonarlo por el hecho de su pesadez y de sus exigencias sería exponerse a encontrarlo, un día u otro, como un obstáculo. Aislándolo y menospreciándolo, el hombre se divide y, dividiéndose, se pierde. Los ejercicios de relajación y de respiración, la presencia atenta a los órganos para animarlos en su buen funcionamiento, aseguran su vitalidad. Tener confianza en el cuerpo es una buena actitud –sin apegarse desmesuradamente a él. El cuerpo está «de paso», hay que tratarlo bien sin por otra parte ser su esclavo. No se cambia de cuerpo como se cambia de montura. La cuerda de un arco tiene que ser tensada para vibrar, pero sin llegar a una tensión que la rompería.

El hombre parece reducirse al cuerpo para la mayoría de los individuos, y la actividad del sexo ya no es solamente placer, sino valor comercial expuesto en el teatro y en el cine. La vida interior respeta el cuerpo; no obstante, durante mucho tiempo ha tenido tendencia a despreciarlo. Este se venga actualmente de haber sido el mal-querido volviéndose ahora el único-querido. La ascesis da al cuerpo su lugar a la vez que le enseña a mantenerse al servicio del espíritu.

domingo, 14 de febrero de 2010

EL ARTE DE LA VIDA INTERIOR - MARIE MADELEINE DAVY ( X )


LA ASCESIS: PRELUDIO A TODA VIDA INTERIOR

Toda búsqueda concerniente a la vida interior comienza y prosigue por la ascesis. Sin ascesis, el hombre interior está condenado a la inautenticidad. No es la ascesis un objetivo, sino un medio. Contentarse con una ascesis exterior concerniente solamente al cuerpo es insuficiente. ¿Para que bueno privarse de alimentos si el corazón no ayuna, si los pensamientos se multiplican en su movilidad disipando el espíritu? La ascesis tiende a cortar las raíces del narcisismo, o mejor todavía a desenraizarlo perpetuamente ya que –como la hidra de siete cabezas– cuando una se corta, otra crece. Los yoes son numerosos: cuando uno de ellos parece muerto, otro surge. Para el hombre moderno, la ascesis exige también una constante puesta en duda. No se trata de alimentar dudas e inquietudes, sino de poner signos de interrogación que no encuentran respuesta más que en la profundización. La ascesis es un perpetuo desapego que necesita una disciplina en la manera de vivir, de nutrirse, de dormir y también de divertirse, de trabajar, de leer, de pensar y de comportarse con los demás. La ascesis del intelecto permite no confundir lo esencial con lo accesorio, no dispersarse en parloteo en aquello que no solo escapa a la razón sino también a la inteligencia. Así, la ascesis continua tiene como resultado un perfecto dominio.

Para el cristiano, se acompaña de una oración constante. Esta es una perpetua liturgia en el interior. Esta liturgia hace uso de palabras; en su cumbre se vuelve silenciosa. Es disposición a recibir la «gracia» sin la cual ningún paso en la vida interior podría efectuarse. La oración no es solamente llamada, es también alabanza, gratitud, confianza y abandono. La oración se dirige a una Presencia a la que se llama comúnmente Dios.

sábado, 6 de febrero de 2010

EL ARTE DE LA VIDA INTERIOR - MARIE MADELEINE DAVY ( IX )


" Uno puede preguntarse como se pone en camino el hombre hacia su interioridad. Esta búsqueda responde a una nostalgia de belleza, de terminación, de inmortalidad, y también a un amor del cual experimenta su realidad desde el momento en que se recoge en su espacio ilimitado, privado de toda frontera, más vasto que el universo. El buscador, que, semejante a un nuevo Cristóbal Colon, se aventura en la vida interior, visita un continente del que no podrá nunca volver. Los descubrimientos se suceden, y él va de asombro en asombro, de maravillamiento en maravillamiento. Ciertamente, encuentra obstáculos, pruebas que son otros tantos exámenes de paso que hay que aprobar necesariamente, o volver a comenzar. En la vida interior, el viajero no salta de estación, por lo mismo que la naturaleza es fiel a un ritmo estacional. Para marchar rápido, le es necesario abandonar sus equipajes, deslastrarse, llegar a una total desnudez, mantenerse libre con el fin de favorecer su empresa. De ahí la necesidad de la ascesis."

lunes, 1 de febrero de 2010

EL ARTE DE LA VIDA INTERIOR - MARIE-MADELEINE DAVY ( VIII )


" En la vida interior, el hombre no está nunca abandonado. Físicamente, puede sucumbir a la fatiga y al hambre, a la soledad, encontrar transeúntes que le miran y que sin embargo no le ayudan. En el interior, es suficiente con que clame su miseria, su desnudamiento, con que pida ayuda, con que ore: las ayudas le son enviadas en seguida. El beneficiario ignora de donde provienen, pero están allí y le salvan no de las pruebas, sino de las trampas y de los peligros. Es por eso que el hombre exterior puede atesorar por prudencia humana, el hombre interior recibe cotidianamente su ración de luz, y ese es su «pan de cada día» "

miércoles, 20 de enero de 2010

EL ARTE DE LA VIDA INTERIOR - MARIE-MADELEINE DAVY ( VII )


Diversos caminos, un solo objetivo

Es así para aquel que emprende el viaje del interior. Puede consultar especialistas, proveerse de libros relatando las exploraciones análogas a la suya, pero deberá efectuar él solo su propia investigación interior; esta soledad puede pesarle como un fardo. En realidad, es ella el precio de su libertad y de su fidelidad a su vocación personal. En el descubrimiento de la vida interior, se presentan tantas vías diferentes como individuos. No obstante, los caminos diversos conducen a un objetivo idéntico. El hombre es una masa compacta, le hace falta levadura. A falta de descubrir en uno mismo esta levadura, tiene él tendencia a buscarla fuera. Es ese un error pernicioso, que le hace perder tiempo, energías y le distrae de lo esencial. Volver a uno mismo, es decir vivir dentro, habitar consigo mismo, tal es el secreto comunicado por los hombres de luz.

viernes, 15 de enero de 2010

EL ARTE DE LA VIDA INTERIOR - MARIE-MADELEINE DAVY ( VI )


LA EXPLORACION INTERIOR


La interioridad se descubre como una Tierra prometida, conviene ir a su encuentro. Por otra parte, ella misma se acerca y se dirige hacia el que la busca, ofreciéndose a su mirada. En el itinerario interior, no hay punto de referencia. Creer descubrirlo sería ilusorio. No existe ningún agarradero ni sensible, ni mental, ni voluntario. Nada: dice Juan de la Cruz. La vida interior es más un desprendimiento que una adquisición. La fuente está obstruida, conviene desatascarla.

El viaje interior, un viaje de solitario

En un tal caminar, se avanza a mar abierto: un mar sin orillas que el ojo pueda distinguir. No hay huellas tras de si, no hay camino trazado por delante. Ningún puerto tranquilo para refugiarse, tampoco ancla para fijarse, las amarras se han roto. Se puede sentir el miedo del naufragio. Hay que superarlo, porque toda inquietud te vuelve esclavo. Solamente la libertad, la independencia, la confianza en la gracia provocan la transparencia: la opacidad desaparece y el agua se hace poco a poco translúcida. La descripción de los senderos recorridos por los demás anima. Uno se encuentra con que tiene compañeros de viaje, y poco importa la época en la cual han vivido. De todas maneras, ser retenido por ellos y por su experiencia impediría el seguir su propio camino. El viaje interior es aquel de un navegante solitario. Este se ha entrenado antes de comenzar su periplo aventurero; posee en su barco las rutas de navegación. Pero le es necesario hacer frente a situaciones imprevistas y prevenirse contra los peligros por un simple sentido común y una clara intuición.

lunes, 11 de enero de 2010

EL ARTE DE LA VIDA INTERIOR - MARIE-MADELEINE DAVY ( III )


EL CONOCIMIENTO DE SI

El conocimiento de si es comparable a una apertura, en el sentido musical del término: es por eso que ese conocimiento penetra a cualquier otro.

Según Platon (Apol., 1,28), «No vive verdaderamente quien no se interroga sobre si mismo». El cristianismo, heredero en sus primeros siglos de la filosofía griega, da una extrema importancia al conocimiento de si. Es por eso que se verá en particular a los Padres griegos recomendar la reflexión sobre uno mismo, sobre su origen y su destino. De ahí el termino «socratismo cristiano» propuesto por Etienne Gilso.

Conocerse, es descubrir en si la imagen divina en el sentido del texto del Génesis: «Dios creo al hombre a su imagen y semejanza». Esta imagen es comparada a un germen divino, infinitamente pequeño y frágil. Esta semilla es equivalente a un grano de mostaza o de arroz. Su función es la de crecer y dar su fruto, como un grano de trigo echado a un surco y que debe crecer y portar una espiga.

La vida interior tiene como función despertar esta simiente a la manera de una hembra cubriendo su huevo. Toda criatura es «mujer», la simiente es divina, conviene calentarla para hacerla eclosionar: tal será la obra de la vida interior. Lo importante nunca perder el contacto con la fuente de su ser, hacerla crecer como un agua viva con el fin de beber en ella. Esta simiente divina es llamada «reino», «perla», «tesoro». Ella se encuentra en el fondo del fondo del ser: es por eso que un ahondamiento es necesario.

miércoles, 6 de enero de 2010

EL ARTE DE LA VIDA INTERIOR - MARIE-MADELEINE DAVY ( II )


EL REINO ESTA DENTRO DE VOSOTROS

«Buscar primero el reino de Dios». A esta frase de san Mateo (6, 33) sigue esta de san Lucas (17,21): «El reino de Dios está dentro de vosotros». Así, el cristiano está informado de que debe buscar antes que nada el reino y que este se encuentra en él. Estos dos textos engloban la vida cristiana. Es a partir de ellos que la aventura cristiana comienza y se despliega.

Respondiendo a esta invitación, el hombre de buena voluntad se pregunta: ¿dónde situar este «dentro»? ¿cómo alcanzarlo? ¿cuál es la vía más corta para descubrir este reino? Que el hombre se extienda en preguntas múltiples y ociosas y helo aquí perdido. Lo importante es ponerse manos a la obra y buscarlo. Antes que nada el buscador descubre su amplitud, la siente confusamente sin poder llegar a circunscribirla. Una tal visión es justa, ya que la interioridad está privada de límites. Que él ceda al vértigo nacido de la consciencia de esta «vastedad» y se encontrará dando vueltas alrededor de si mismo sin poder llegar a penetrar al interior de su inmensidad. «La belleza de la hija del rey está dentro» le enseña el salmista (Sal. 45,14). El reino es belleza, y el buscador, quedando enamorado de esta belleza que él ignora todavía, pero que se sitúa en él, va a coger el camino del amor. Es la vía más corta, y su amor podrá transformarse poco a poco en conocimiento.

Pero antes que nada el hombre experimenta su ignorancia que es trágica y desesperada: él constata que no se conoce. No posee en efecto ninguna experiencia de su propia realidad. Antes de emprender su viaje al interior, le es importante saber quien es él.

sábado, 2 de enero de 2010

EL ARTE DE LA VIDA INTERIOR - MARIE-MADELEINE DAVY ( I )


Todo arte se aprende, todo oficio se enseña. Existe un arte de vivir como existe un arte de amar, y por lo mismo un arte de la vida interior. Este arte tiene sus guías. Entre ellos el más precioso se encuentra en el interior de uno mismo. Poco importa el nombre que se le de. Se puede, con San Agustín, llamarlo el «Maestro interior». Pero debe de ser descubierto. Los otros maestros no tendrán otra función más que la de favorecer este encuentro de uno mismo con el Si-mismo supremo, el elemento más vivo del ser.

El arte de la vida interior es sutil. Va desde el conocimiento de uno mismo hasta la iluminación pasando por la ascesis, la concentración, la meditación y la oración. Comporta el aprendizaje de la pobreza interior, del perfecto renunciamiento. Desemboca en el vacío. En el fondo del fondo de la dimensión interior se encuentra un lugar que la mayoría de los hombres no visitan. Se puede nacer, vivir mucho tiempo y morir ignorándolo. Se puede creer tocarlo pero él retrocede a medida que uno se le aproxima, porque él siempre es algo a conquistar, salvo para los perfectos de los cuales él es el lugar esencial. Es el centro de la rueda que permita a esta moverse. Este vacío se llama así porque no sabríamos darle un nombre.

martes, 15 de diciembre de 2009

EL MISTERIO DE CIERTOS ESPACIOS - MARIE MADELEINE DAVY ( XIV )



PUENTES ENTRE LO VISIBLE Y LO INVISIBLE

Este comentario en torno al tema del «misterio de ciertos espacios» no ha sido abordado de manera exhaustiva. Algunos ejemplos han sido simplemente presentados con el fin de provocar una reflexión. Es importante despertar en la memoria recuerdos más o menos escondidos. Cada uno posee su propia experiencia con referencia a los lugares insólitos, espacios sutiles, del exterior y del interior, cargados de vibraciones a veces antinómicas. Quizás conviene interpretar estos espacios como otros tantos signos, mensajes que nos son dirigidos. Signos de ternura para recordar al hombre a la vez su origen y la doble posibilidad de su destino del cual él hace una elección en la medida de la plenitud de su libertad y de su propia capacidad con vistas al mundo invisible.

«Asómbrate y comprenderás», aconsejaba Hesiquius de Jerusalén. El poder de asombro coincide con un estado de espontaneidad, de frescura pertenecientes a la juventud del corazón. Esta está privada de relación con la edad, y por tanto con la temporalidad. Durante su viaje terrestre el hombre encuentra lugares insólitos por el hecho de su sutilidad; su fuego interior está animado por briznas o brasas de paja. Así la llama se mantiene. Ciertamente, llega un momento en el que su horno interior no se encuentra ya en la necesidad de ser alimentado. Se ha vuelto comparable a la zarza ardiente que «arde sin consumirse». Todo se vuelve camino de luz, puente entre lo visible y lo invisible.

Que el hombre intente la maravillosa aventura del viaje interior, él irá de descubrimiento en descubrimiento. Son las huellas de la dimensión divina las que él descubre en su profundidad. Y ya no padecerá en adelante ninguna necesidad de investigarlas fuera. Sin embargo, en la medida de sus encuentros con los espacios sutiles, él podrá sonreírles para agradecerles su presencia, considerándolas como los arcos de paz y de luz emergiendo del mar sombrío y caótico del mundo.

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Extraído de: Questión de... nº116: Marie-Madeleine Davy, Les Chemins de la profondeur. Revue trimestrielle - Albin Michel, B.P. 21 - 84220 Gordes (Francia).

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jueves, 10 de diciembre de 2009

EL MISTERIO DE CIERTOS ESPACIOS - MARIE MADELEINE DAVY ( XIII )



EL MISTERIO DEL ESPACIO INTERIOR


La voz divina llega dando brincos por encima de los montes y las colinas, según el lenguaje bíblico. Y habitualmente se atribuye su origen al exterior. En ciertos casos, convendría mencionar la alianza secreta, la connivencia entre los espacios insólitos del universo, y el espacio secreto del interior. Este espacio interior puede recibir un eco del lugar que él visita. O al revés, es la profundidad del interior la que permite descubrir los espacios insólitos que le llegan como ecos. Lo que está oculto accede a la luz y muestra su rostro. Lo oculto se revela. Anteriormente, la realidad se disimulaba con el fin de provocar la búsqueda, de estimularla. Encontrado el punto esencial, se trata entonces de un ahondamiento. El secreto retrocede ya que posee siempre un contenido que es importante de investigar aun más.

«Digo mis misterios a aquellos que son dignos de mis misterios», leemos en el Evangelio según Tomas. Y además:

... yo soy el Todo:

el Todo ha salido de mí, y el Todo a llegado a mi.

Partir la madera: yo estoy ahí; elevar la piedra, y ahí me encontrareis.



Así, todo es portador de la realidad luminosa. Sin embargo, ciertos espacios privilegiados la condensan. Esos espacios son faros durante el claro-oscuro de la existencia. A veces, ellos desvelan la claridad o todavía el crepúsculo. El amante de la claridad sabe que la sombra acompaña a la luz. En lugar de pararse en la sombra, en lo negativo, a aquel que divisa y da la vuelta totalmente, como lo susurra el himno de Completas retomando un texto de Pedro (5,8), él es seducido por la enseñanza dada por la aurora o por el pleno mediodía. El misterio de ciertos espacios aparece insólito para aquellos que ignoran la presencia de lo invisible que de vez en cuando nos interpela invitándonos a proseguir nuestra ruta yendo siempre más lejos.

sábado, 5 de diciembre de 2009

EL MISTERIO DE CIERTOS ESPACIOS - MARIE MADELEINE DAVY ( XII )



Así, el espacio insólito y sutil no es obligatoriamente conocido de antemano. Descubrirlo empuja a un estado nuevo. Lo más a menudo la enseñanza recibida no proviene de fuera. Se puede creer que es percibida del exterior, pero de hecho, emana lo más a menudo de adentro. La fuente oculta en el misterio mana, fluye y se desliza en un murmullo o en el silencio. En ciertos casos, lleva el ruido de las grandes aguas con el fin de ser escuchada operando así una ruptura.

Por que es de una ruptura de lo que se trata. Hay un antes y un después. Entre ambos, el tiempo se detiene: una enseñanza que proviene del mundo invisible, es recibida. Lo que es «escuchado» es visto. «Escucha hija mía y ve» (Sal. 45, 10). El oído y la vista se juntan. Voz divina, voz del Si mismo, voz de la profundidad rompiendo los obstáculos, las envolturas protectoras; revelación del misterio, del secreto. Como no acordarse aquí de un texto del Eclesiates (16,22):

Escúchame, hijo mío, y aprende la sabiduría

Y vuelve tu corazón atento...

Yo te descubriré una doctrina pesada en la balanza

Y yo te haré conocer una ciencia exacta.




Así, el secreto oculto se descubre en parte a todo hombre atento en capacidad de recibirle.

domingo, 29 de noviembre de 2009

EL MISTERIO DE CIERTOS ESPACIOS - MARIE MADELEINE DAVY ( XI )




De todas maneras, los «altos lugares» sobrepasan el acontecimiento histórico y el tiempo. Ya, los textos del Antiguo Testamento se refieren a lugares sacralizados los cuales se construyen, destruyen, santifican o mancillan. Los Libros 1 y 2 de los Reyes se refieren a ellos particularmente así como los Profetas. Los lugares santos se distinguen de los altos lugares al mismo tiempo que presentan una semejanza con ellos. El profeta Ezequiel (43,8 sg.) hace alusión a los lugares santos a propósito de la vuelta de YHVH a su templo: «Tal es la ley de la casa: en la cumbre de la montaña, su territorio todo alrededor es santo de los santos» «Este lugar es una tierra santa» (3,5), dirá el autor del Exodo. En el Antiguo Testamento, por su santidad el Eterno sacraliza los espacios. La sacralidad del Tiempo revela su presencia. Cuando Jacob parte de Bersabe para ir a Haran, llega a un lugar donde pasa la noche ya que el sol se ha puesto. Tomando una piedra, hace de ella su cabecera. Visitado por un ensueño, él ve una escala uniendo tierra y cielo. En la escala, los ángeles suben y bajan. El Eterno se mantiene en la cumbre y él escucha su voz. A su despertar, Jacob exclama: «El Eterno está en este lugar y yo no lo sabía» (Gen. 28, 10 sg.)

viernes, 27 de noviembre de 2009

EL MISTERIO DE CIERTOS ESPACIOS - MARIE MADELEINE DAVY ( X )



HISTORIA Y TIEMPO


Estos espacios sutiles se sitúan en la historia y en el tiempo a la vez que escapan a esta doble empresa. Para designar el impacto, se podría apelar a un lenguaje incluido en las Escrituras sacras y también en las leyendas y cuentos con las expresiones: «Erase una vez» o también «En aquel tiempo» (in illo tempore). Se trata de un tiempo especial, original y originario, perteneciendo a la historia y sobrepasándola.


((Llevas contigo una ermita, que nadie puede quitarte
Caminas por un desierto jamás soñado. Eres -en verdad- monje y solitario en tu corazón, y más todavía cuando nadie lo sabe. ¡Cuánta maravilla encierra esa inmediatez, que no acertaremos a describir!
La ermita del corazón..
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http://flordelyermo.blogspot.com/ Publicado por Alberto E. Justo ))

Tiempo rasgando el continuo histórico, religando lo relativo a lo absoluto, lo perecedero a lo imperecedero, la duración momentánea a la eternidad. Tiempo accesible al hombre cuyas raíces han cambiado de lugar, no encontrándose más en la movilidad del movimiento sino emergiendo en la estabilidad de su más allá. Josué detiene el sol, lo que significa que bloquea el tiempo, él suspende de alguna manera el ritmo de lo creado. Según Mircea Eliade, «el judeo-cristianismo presenta la hierofanía suprema: la transfiguración del acontecimiento histórico en hierofanía. Se trata –precisa el historiador de las religiones– de algo más que la hierofanización del Tiempo, ya que el Tiempo sagrado es familiar a todas las religiones» (5). El judeo-cristianismo sitúa el acontecimiento histórico en un «máximum de trans-historicidad» (6).

5.- Mircea Eliade, Images et symboles, Paris, Gallimard, 1952, pp. 223-224.

6.- Ibidem.

domingo, 22 de noviembre de 2009

LA MIRADA CONTEMPLATIVA - MARIE MADELEINE DAVY ( IX )



En razón de las nuevas modas de viajes que aseguran la rapidez, el hombre moderno está privado de la posibilidad de descubrir los espacios susceptibles de aportarle no solamente energías nuevas, sino también vibraciones sutiles provocando mutaciones y metamorfosis. No se trata en absoluto de añorar los tiempos pasados sino simplemente de evocar un pasado del que corremos el riesgo de olvidar su importancia. Uno solo ejemplo será aquí evocado. A lo largo del Loira, villas como Orleans, Blois, Tours, Saumur, Angers, Nantes están separadas por cortas distancias de entre cincuenta a sesenta kilómetros, recorridos que podría efectuar un caballo durante una jornada. El reposo estaba reservado para la noche. La pequeñas carreteras, los senderos, a veces los atajos –los recaladeros, según la antigua expresión– encubrían sus tesoros. Entendemos por ello los espacios abarcando lugares reveladores de esta innegable sutilidad a la cual hemos hecho alusión anteriormente. Cabalgando una montura –caballo o mula según la fortuna personal–, el caballero no tenía prisa. Gustosamente se paraba. Y esto no solamente en los lugares que le habían sido señalados, sino que poseía a veces el privilegio de descubrirlos. Fuera de los espacios que le retenían en razón de su celebridad, el viajero iba a visitar por ejemplo la cueva de un solitario, o su cabaña situada en el seno de un frondoso bosque. En la literatura medieval, el eremita ocupa un papel tan importante como el caballero. Lo más a menudo su anonimato le situaba en un más allá de toda apelación, indicando así que él pertenecía a otro mundo. visionario, leyendo igual de bien los corazones como los lugares, recorriendo en una misma mirada los espacios de dentro y de fuera, él formulaba juiciosos consejos. Siendo su función la de orientar hacia lo esencial, distinguía los niveles que van de los lugares terrestres a los lugares espirituales.

jueves, 19 de noviembre de 2009

EL MISTERIO DE CIERTOS ESPACIOS - MARIE MADELEINE DAVY ( VIII )



De la misma manera que el hombre interiorizado no emite ningún juicio de valor concerniente a los demás, estos espacios sagrados no juzgan a nadie. Es por eso que el hombre «justo» que los visita no está forzosamente favorecido con relación al «pecador» –para emplear el lenguaje de antaño hoy prescrito. En otros términos, el puro y el impuro son enseñados. El ser se juzga a si mismo. En efecto, el lugar sacralizado se hace «balanza» al respecto. Aquí no es el ángel el que pesa las almas, el lugar, por si mismo, se hace «operante»

domingo, 15 de noviembre de 2009

EL MISTERIO DE CIERTOS ESPACIOS - MARIE MADELEINE DAVY ( VII )



Un lago en calma toma el color del firmamento. Los altos lugares comparables a espejos reflejan el misterio del mundo invisible. En cierta manera hacen frente a la eternidad. No se podría hablar en su caso de una visión divina, sin embargo, ellos están visitados por la luz increada, la luz de gloria, la del Thabor. El misterio de ciertos espacios se impone a todos y provoca una emoción. Sin embargo, solo los ojos iluminados y el corazón unificado son capaces de degustar su sabor. En razón de su sutilidad, los sentidos interiores pueden discernir la realidad de una presencia privada de nombre. La belleza oculta se revela y su despliega a aquellos que mantienen la capacidad de contemplar. Así, el padre Tikhon, que deseaba orientar a uno de sus auditores hacia la luz, le relató lo siguiente (4): «Las mariposas de noche, a causa de su apariencia gris, no llaman nuestra atención. Pero a los ojos de las otras mariposas que son diferentes de los nuestros, brillan, chispean con todos los colores del arco iris». Así la mirada iluminada contempla la naturaleza de una manera diferente; la belleza secreta eclosiona.

4.- Serge Bolshakoff, Rencontre avec la prière du coeur, éd. Martingay, Genève, 1981, p.35.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

EL MISTERIO DE CIERTOS ESPACIOS - MARIE MADELEINE DAVY ( VI )



PRESENCIA SECRETA


Parece que ciertos lugares sean esencialmente reveladores de una presencia, de algo que se relaciona no con la existencia sino con la Esencia. Estos lugares son comparables a puentes entre lo visible y lo invisible, a llamas verticales iluminadoras. A uno le gustaría construir su morada en tales espacios, aunque solo nos sea permitido plantar momentáneamente nuestra tienda. Esos lugares están demasiado cargados de energía para poder vivir en ellos. Solo el ser alado podría soportar su densidad. Ahora bien, el ser alado vive en el elemento aire que le es suficiente. El pez no podría dejar el agua, su elemento nativo, sin correr el riesgo de morir. Los altos lugares pueden ser visitados. Querer construir allí su casa sería un error.

Ciertos espacios, que pueden aparecer bienhechores gracias a las leyendas que los envuelven, están a veces cargados de ambigüedad. Lo positivo y lo negativo se mezclan. Según las viejas tradiciones monásticas, los demonios no atacan más que a los santos monjes, ¡para los mediocres no hay peligro! Ocurre lo mismo en ciertos altos lugares: fuerzas oscuras hacen su nido y proliferan en los emplazamientos privilegiados. En el siglo IV, los hombres iban a vivir al desierto con el fin de afrontar a los demonios en sus madrigueras.

domingo, 8 de noviembre de 2009

EL MISTERIO DE CIERTOS ESPACIOS - MARIE MADELEINE DAVY ( V )


EL LUGAR Y EL ESPÍRITU

Según el pastor sajón Valentin Weigel (1533-1588), al cual Bernard Gorceix ha consagrado su tesis, «lugar y espíritu son fundamentalmente incompatibles: el espíritu no puede estar circunscrito a ningún lugar, porque ningún círculo podría ser lo suficientemente grande para contenerlo» (3). Un semejante punto de vista es discutible aún pareciendo justo en una primera apreciación. Ciertamente, el Espíritu no está encerrado tal como un pájaro en una jaula. Libre, él no es nunca cautivo ni de los lugares ni de los hombres. Una vez más, se trata de la entera gratuidad de un amor surgido quizás de una compasión. Semejantes a los escasos refugios en las montañas, los espacios sacralizados son puertos que permiten suspender su paso, retomar el aliento y orientar su mirada interior hacia otra dimensión. Así, una iglesia románica conserva en sus flancos la oración de los orantes, los antiguos monasterios cartujos o cistercienses devenidos centros culturales propulsan a «aquellos que tienen oídos para oír» a un silencio sonoro animado por la mirada de los contemplativos.

3.- B. Gorceix, La Mystique de Valentin Weigel et les origines de la théosophie allemande, Université de Lille III, 1972.

lunes, 2 de noviembre de 2009

EL MISTERIO DE CIERTOS ESPACIOS - MARIE MADELEINE DAVY ( IV )



EL CORAZÓN VIGILANTE

Los lugares habitados por el Espíritu no podrían emitir distinciones entre los seres. Ellos ofrecen lo que ellos encierran y cada uno se sirve según su apetito. Se pueden también compararlos a las campanas, a los gongs formulando una llamada. Respondiendo a la invitación, uno acude; uno se dirige hacia... Las respuestas serán diversas.

Existen espacios que se mantienen en estado de vigilia a la manera de un corazón del que una de sus funciones es la de estar vigilante. Estos lugares sobre los cuales planea el misterio, como el pájaro cubriendo con sus alas el huevo del mundo, son doblemente en estado de atención. Por una parte, parecen contener un secreto. Por otra, desean revelarlo. A la espera de dar, dichosos en su prodigalidad totalmente gratuita, ellos desean que se les visite con el fin de ejercer su amor. Su generosidad no podría empobrecerlos. La cisterna demasiado llena desborda y el vacío engendrado permite recibir un aporte nuevo.

viernes, 30 de octubre de 2009

EL MISTERIO DE CIERTOS ESPACIOS - MARIE MADELEINE DAVY ( III )



Los santuarios, ermitas, monasterios han sido lugares privilegiados. Muy a menudo en Europa, es alrededor de las iglesias donde el agrupamiento rural se normalizó del siglo VI al IX . La parroquia amaba a los muertos con la proximidad del cementerio y de las habitaciones de los vivos, o mejor las protegía con un amor idéntico, como un ave con las alas extendidas. Durante mucho tiempo, vivos y difuntos mantuvieron relaciones afectuosas. Las sepulturas de los padres y amigos eran visitadas frecuentemente. Las montículos abandonados podían retener a los que pasaban. Ocurría a veces que una tumba hablara. El difunto quería ayudar al vivo un instante recogido. El muerto no estaba ya realmente presente en su carne y huesos y sin embargo él se expresaba en un lugar donde su cuerpo había sido enterrado. No olvidemos que las reliquias de los santos irradiaban ante los ojos asombrados de sus admiradores. Ahora bien la canonización no es siempre significativa. Cajas conteniendo osamentas atraen siempre a las multitudes. Los peregrinajes a lugares santos se perpetúan. Tales lugares no son sin duda más evocadores que otros espacios ignorados, constantemente a descubrir. En la medida en la que el hombre se vuelve capaz de transfigurar la tierra, él la percibe en su belleza luminosa que se vuelve para él una amiga, una hermana, su madre o su propio hijo. En Europa, el emplazamiento de las parroquias estuvo a menudo ligado a los ámbitos galo-romanos; algunos santos –legendarios o reales– han dado sus nombres a pueblos y aglomeraciones, desde las aldeas a las ciudades. La localización de la divinidad tiene a veces necesidad de soledad, de alejamiento de los hombres. Se presenta entonces un contraste entre regiones divinas y regiones humanas. Estudiando las Religiones de la Prehistoria, el Padre Maigage ha precisado los lugares sagrados situados en parajes inaccesibles.

Para el judeo-cristianismo, Dios solo es santo. Lo sacralizado siendo reflejo, extensión proveniente del despliegue de lo que emana de la divinidad única. Con el cristianismo todo bascula: Dios se encarna. Y el cosmos se difumina en beneficio de la historia. Lo sagrado y lo profano cesan de oponerse. Sacralizar la historia sería un error de óptica. Es el hombre que, vuelto TEOFORO, debería irradiar el sol divino.

sábado, 24 de octubre de 2009

EL MISTERIO DE CIERTOS ESPACIOS - MARIE MADELEINE DAVY ( II )


GEOGRAFÍA SAGRADA

En una época en la que la desacralización no solamente se extiende sino que se generaliza, puede parecer infantil hacer alusión a los espacios que la consciencia común no podría de ninguna manera distinguir. La Antigüedad poseía el culto de los lugares sagrados, saboreaba multitud de ellos y su herencia no podría ser discutida. Esta forma una trama sobre la cual los ornamentos se dibujan. Incluso el hombre contemporáneo conserva en sus genes vestigios de la Antigüedad. Y estos reclaman -a veces a su pesar- su alimento.

Conviene no olvidar nunca que el politeísmo ha favorecido a las montañas, las islas, las rocas, los ríos, las grutas. Los claros sagrados de los bosques de los Galos, de los Germanos y de los Lituanos eran lugares secretos. Los judíos tenían el gusto de las montañas, de los lugares elevados. El Eterno aparece a Moisés en el Sinaí. (1)

Puede ser, se podría decir, que los lugares sacralizados formulaban antiguamente una enseñanza oral. Toda comunicación verbal supone una boca y unos labios y ellos no los tenían. Sin embargo, las fuerzas telúricas son operantes en el silencio, ellas modifican las estructuras y los comportamientos. Un lugar sagrado se expresa. La piedra se vuelve parlante, como el bosque y sus claros. El agua murmura su mensaje. Los lugares sacralizados se emparentan con «el lenguaje de los pájaros». Todo puede volverse templo, Sancta Santorum revelando los secretos que hacen franquear el umbral de la cámara nupcial.

(1) Sobre este tema ver Pierre Deffontaines, Geographie et Religions, Paris, Gallimard, 1948

domingo, 18 de octubre de 2009

EL MISTERIO DE CIERTOS ESPACIOS - MARIE MADELEINE DAVY ( I )



Los lugares insólitos, significantes de una alteridad, pertenecen tanto a Oriente como a Occidente. Ningún país posee el monopolio de ellos. De todos modos, es evidente que en la Antigüedad la geografía sagrada privilegiaba a Egipto y Grecia. Estos lugares han sido habitados por los dioses. Al abandonarlos, han dejado huellas permanentes casi imborrables, incluso donde los fieles han abandonado el resplandor de su fe y quizás de su credulidad ingenua.

Huellas de los dioses o del Dios único según el politeísmo o el monoteísmo. Huellas de pasos de los espíritus del intermundo, ángeles y demonios. Huellas de los hombres de luz. Espacios vírgenes visitados por la brisa en la cual el Eterno está. Espacios extraños que no manifiestan ni dioses ni hombres, en los que el alma del mundo se manifiesta y provoca visiones, alucinaciones revelándose así. Espacios comparables a aperturas en las que las energías vitales y divinas se mezclan. Especie de aperturas, de ventanas, de puertas dando acceso al mundo invisible. Puntos de eternidad, festines, reposos para el pasante; especie de albergues permitiendo a la montura (el cuerpo) y a su conductor (la psique) tomar un bocado. Mejor todavía, altos lugares paradisíacos estimulando la búsqueda, permitiendo rozar el paraíso y vivenciar la dulce beatitud que emana de él. Paradas del viajero donde se multiplican por diez sus sentidos interiores, simientes fecundas, esponsales celebrados en el misterio de lo invisible. La bien amada pertenece al tiempo y el bien amado es percibido en un resplandor, del cual Henri Le Saux podrá decir en su Diario: «Tu has visto el resplandor, guarda tu secreto». Es de secretos de lo que se trata. Aquel del que el profeta Isaias (24,16) murmuraba. «Secretum meum mihi»; «Mi secreto está en mi», ya que se sitúa en ese fondo abisal del hombre de donde las palabras no podrían surgir. Todo sale a la luz en el silencio y se despliega en el no-decir.

http://usuarios.lycos.es/contemplatio/con-espacios.htm

viernes, 9 de octubre de 2009

LA MIRADA CONTEMPLATIVA - MARIE MADELEINE DAVY ( XI )


LA MIRADA CONTEMPLATIVA

La lucidez permite desprenderse de las ilusiones. Corremos siempre el riesgo de confundirnos sobre nosotros mismos y sobre nuestros pretendidos progresos. Ahí, una vez más, opera el renunciamiento a uno mismo. La cercanía de los misterios oculta la sombra y el vano cuestionamiento.

Las intuiciones provocan iluminaciones. Estas son preciosas. No obstante, la inteligencia, que intelige dentro, parece preferible. Ella tiene la ventaja de manifestarse en un continuo ejercicio. Intuición e inteligencia sutil pueden unirse y corresponderse. Se enriquecen mutuamente. La experiencia enseña que las revelaciones se sitúan obligatoriamente más allá del oído, de la vista y de las sensaciones. Una certeza se impone, su inmediatez sorprende. De ahí un sobrepasar la fe y las diversas creencias, la entrada en el desvelamiento de los misterios.

La mirada contemplativa atraviesa las envolturas protectoras. Como una flecha rápida, hace diana alcanzando el centro. Bruscamente uno sabe, sabiendo que no se sabe nada con relación a la amplitud del verdadero conocimiento. Los velos se desgarran, pero siempre hay otros nuevos que es importante quitar. «El tesoro está escondido». Conviene aceptar el hecho de verlo a través de grietas, de enrejados. Atravesadas las zonas de sombra, la luz brota. La oscuridad no proviene, como se podría creer, de fuera. Ella no es fruto de los acontecimientos. Esta negrura emana de nosotros mismos, de nuestra falta de apertura, de dilatación, de la importancia dada a hechos nimios que cargamos con una importancia irrisoria. Llega un momento en el que todo se vuelve trampolín, incluso las pruebas son consideradas como pistas de despegue. El gusto de lo amargo, de lo ácido, no tarda en endulzarse y en transformarse en miel. ¡degustación extraordinaria!

Pocos hombres son concernidos por la meditación. Y esto no tiene ninguna importancia. La meditación no presenta una panacea para intentar animar la profundidad de la interioridad. Las vías son diferentes. Ningún camino podría ser privilegiado. A cada uno toca encontrar el suyo, y a veces en un más allá de las habituales rutinas. Una misteriosa comunión se establece entre los hombres, que se manifiesta en perpetuos intercambios según la ley de los vasos comunicantes. Un donador se vuelve, un instante después, en receptor. Los papeles y las funciones se mezclan, con la única condición de mantenerse en una perpetua apertura. En el ámbito de la autenticidad, el rico puede volverse pobre y el miserable, colmado.

En lo exterior, el meditante no se distingue de los demás hombres. Se mantiene discretamente en lo incógnito en el sentido de Kierkegaard. Amante de la soledad, experimenta la necesidad de esta. No busca la marginalidad, pero a él le es necesario vivir la plenitud de su diferencia siempre respetando la del otro. Es en la profundidad de la soledad donde recupera sus energías y descubre su fondo, su interioridad siempre nueva y viva. Para nada busca la consideración. Además, ningún egoísmo le retiene, ya que se desliga incansablemente de si mismo. Una suave compasión no cesa de moverle. Todo en él es apertura en las dimensiones humana y divina que florecen en su interioridad sin por ello instalarse fuera.

¿Quién puede percibir entre la multitud al hombre interiorizado? ¿Quién puede descubrir en su mirada contemplativa una chispa de eternidad? Angelus Silesius responde a esta pregunta diciendo: «Un corazón que tiene ojos y que vigila».



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Extraído de: Questión de... nº116: Marie-Madeleine Davy, Les Chemins de la profondeur. Revue trimestrielle - Albin Michel, B.P. 21 - 84220 Gordes (Francia).

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http://usuarios.lycos.es/contemplatio/con-lamirada.htm

domingo, 4 de octubre de 2009

LA MIRADA CONTEMPLATIVA - MARIE MADELEINE DAVY ( X )



Tras estos principios de base, tendrá que meditar como le sea conveniente. El error de los hombres es querer asemejarse y imitarse sin respetar las vocaciones personales. En El Sentido de la Creación, el filósofo ruso Nicolas Berdiaev ha hablado de la «santidad de la audacia» oponiéndola a la «santidad de la obediencia». La audacia consiste en perforar un agujero a través de la obediencia. A partir de ese momento la obediencia está en él, pero él no está ya más en ella. Así la obediencia cesa de ser un peso, se vuelve alada.

Berdiaev dirá además: «Todo lo trágico de la vida resulta de los choques entre lo finito y lo infinito, lo temporal y lo eterno, de la divergencia que existe entre el hombre en tanto que ser espiritual y el hombre en tanto que ser natural, vivo en el seno del mundo natural...» (Royaume de l´esprù et royaume de César)

Se reconocen las especies de pájaros no solamente por su plumaje, sino por su canto. Las voces de los hombres difieren. Son ellas más significativas que los rostros. Las voces revelan el fuera y el dentro, y vehiculan el sentido de una existencia; desanudan la psyche y también el pneuma (el espíritu). Es a través de la voz y la mirada como aparecen las dimensiones humana y divina, y también la autenticidad o el juego. La voz y los ojos de un ser orientado hacia la liberación producen un eco, una prolongación. La presencia de un silencioso hace germinar el silencio en aquel que se le acerca. Todo es contagioso, el valor como la perversión.

miércoles, 30 de septiembre de 2009

LA MIRADA CONTEMPLATIVA - MARIE MADELEINE DAVY ( IX)


LOS PELIGROS

Sin embargo, la posición del meditante no esta nunca, de una manera definitiva, al abrigo de los peligros más diversos. Pero «es en vano pescar con redes a los que tienen alas» (Pr. 11,7). Conservando su fragilidad, ligada a la condición humana, el meditante corre el riesgo de caer en trampas cada vez más sutiles. Por ejemplo: tomarse en serio, afirmarse de una manera tajante, hundirse en la vanidad, devenir un dador de consejos, un maestro que se cree experto en el arte espiritual. La trampa más grave se encuentra al nivel de la mentira: esta se sitúa exactamente en la distancia entre el deseo y el acto, la desviación entre la palabra, la escritura y la vida personal. En el ámbito espiritual, hablar de lo que no se tiene experiencia sería rigurosamente erróneo. El maestro, enseñando aquello que él no practica en absoluto, no es más que un «comerciante en su tienda», como lo diría Alain. En el ámbito de la interioridad, de la búsqueda de la autenticidad, de la liberación, el objetivo nunca se alcanza; uno se dirige hacia él...

El discípulo puede encontrase también con otro escollo: el de querer continuar dependiendo toda su vida de una autoridad. Le gusta dejarse dirigir. Incapaz de pensar por si mismo, de tomar decisiones, de referirse a su maestro interior, desea hacerse mimar maternalmente. Ciertamente, él puede recibir una formación. Un «profesor» le enseñará como meditar a la oriental o a la occidental. Eso es un simple desciframiento.

domingo, 27 de septiembre de 2009

LA MIRADA CONTEMPLATIVA - MARIE MADELEINE DAVY ( VIII )


EL AMIGO DEL COSMOS

Frente al cosmos, el meditante se vuelve un amigo. Todo se le vuelve fraternal: las piedras, los vegetales, los animales, los hombres. Ninguna herida podría alcanzarle, patinan sobre él. El meditante no se introduce todavía en el mundo invisible, es todavía visitante y no un habitante; sin embargo, se mueve en el seno de un espacio de una inmensa amplitud; adquiere una especie de inocencia, de virginidad de corazón. A pesar de la soledad misma del aislamiento, «la vida discurre como una cita de amor» siguiendo la expresión empleada por Novalis.

jueves, 24 de septiembre de 2009

LA MIRADA CONTEMPLATIVA - MARIE MADELEINE DAVY ( VII )


Por su contemplación, el meditante se comunica con todas las criaturas vivas. Su amor se extiende sobre ellas, como un manto de protección. El viento transporta su inexpresable ternura por los diversos continentes. Helo aquí semejante a una zarza ardiente que arde sin consumirse. Calienta y anima sin por ello juntarse con los seres que él colma de beatitud. Ya la alegría eterna le atraviesa, ella irradia en un espacio incircunscrito.

Despierto, el meditante hace despertar. Adolescentes, jóvenes, viejos salen de su letargo. En los rostros depresivos, una sonrisa se dibuja. Una mujer abandonada domina su pena. Un hombre aislado, tentado por el suicidio, coge entre sus dedos la mano de «la niña de la Esperanza» (Péguy). Ante los enfermos enloquecidos por la proximidad de su fallecimiento, la muerte reviste una forma angélica y anuncia una buena nueva.

En cuanto a la naturaleza misma, ella también recibe los beneficios del meditante. El perfume y el color de las flores se amplifican. En los prados, las briznas de hierba se balancean con alegría. La brisa vehicula a la voz divina mientras que el viento y los insectos transportan el polen. Lo Eterno hace verdear los corazones, habría dicho Jacob Boehme. Porque es a través de lo Eterno como la mirada contemplativa transfigura, eliminando el plomo a favor del oro. En los espejos y los reflejos, el misterio del centro se revela. La novedad de vida deviene sobreabundante.

lunes, 21 de septiembre de 2009

LA MIRADA CONTEMPLATIVA - MARIE MADELEINE DAVY ( VI )



LA TERCERA FASE

Tras este despliegue, una tercera fase sobreviene. Sin tener una consciencia inmediata de ello, el meditante pasa del tiempo a la eternidad. Lo constata con estupor cuando comprende que sus raíces ya no están sumergidas en su propia historia. Vive en el mundo sin ser del mundo, porque sabe que «el Reino no es de este mundo» (Jn. 18,26). Helo aquí tanto más encarnado cuanto más recibe la savia que lo alimenta de su propia interioridad comunicante con el mundo invisible. De ahora en adelante, se transforma, en la vida cotidiana, en hombre libre, liberado de todas las esclavitudes. Como un pájaro, saborea la ebriedad del vuelo. Sobria ebrietas, decían los místicos. La existencia aparece como una maravillosa aventura con sus momentos de sombra y de luz. Lo inconcebible, que la mayoría de los hombres ignoran, o de lo que se mofan por ignorancia, se vuelve una patria.

Viviendo en la eternidad, el contemplativo no distingue más que el esplendor. Lo eterno no puede retener más que la belleza. Toda fealdad se borra ante su visión. Es lo mismo para el meditante. Gracias a su mirada, él se va transformando en una Pascua continua, una especie de renovación primaveral, perpetuo rejuvenecimiento del corazón, energías renovadas.