En efecto, decía un Cartujo (un verdadero lector del Maestro Eckhart en nuestros días) que los textos sobran. En los textos se halla lo que el Señor dice en el corazón... ¡Maravillosa invitación al silencio y a la profundidad!... Eso que yo recibo y acojo, lo que leo y se incorpora como una vivencia plena de sentido, no es tanto lo escrito ahí fuera sino lo que Dios pronuncia en lo secreto del alma y se reconoce a partir de la lectura. (...) ............No encontramos nada en los textos; solo hallamos allí lo que Dios habla en el alma. La ratio studiorum debe ir acompañada de un ars obliviscendi: es importante que el hombre aprenda, ¡pero cuánto más importante que desaprenda lo que ha adquirido! Que el intelecto recuerde su virginidad y su soledad, pues a su esencia pura debe su perpetua novedad y desnudez, ¡desde el primer instante de la primera mañana!
El espíritu que asciende hacia el encuentro interior atraviesa el tiempo oblicuamente como un relámpago; su vida no es conquista, adquisición, progreso, sino despojamiento liberador.
Alberto E. Justo
