miércoles, 29 de abril de 2026
San Isaac el Sirio
San Isaac el Sirio: si un monje, por razones de salud, no pudiese ayunar, su espíritu podría, por las solas vigilias, obtener la pureza de corazón y aprender a conocer en plenitud la fuerza del Espíritu Santo. Pues sólo quien persevera en las vigilias puede comprender la gloria y la fuerza que se esconden en la vida monástica.
martes, 28 de abril de 2026
sábado, 25 de abril de 2026
Interrogantes
En efecto, en muchas ocasiones el "fin" nos parece muy distante y corremos el riesgo de abandonar nuestro camino y nuestro propósito. Sin embargo no olvidemos nunca que quien se puso en marcha, de alguna manera, llegó a destino. Pero más profundamente es urgente redescubrirlo todo desde Dios. Hemos recibido un don... No es necesario procurarse lo que ya se posee. Es, eso sí, imprescindible, descubrirlo. Quizá no hemos meditado suficientemente...
La perspectiva es indudablemente otra cuando vemos en Aquél que nos ve o desde Él. Cuando nos dejamos sumergir en Su misterio que es nuestro también. Por eso nuestro andar es siempre confiado, aunque no abarquemos lo que nos abarca... ¿Para qué? El hondo respiro cotidiano hecho oración y elevado sin cesar a la intimidad en el Corazón de Dios. No es una acrobacia. Es lo que se nos da, si realmente lo queremos así. Es lo que poseemos cuando lo recibimos en el corazón. Es como la misma vida, que nadie puede asir a su antojo y, sin embargo, la poseemos y nos posee sin más.
Publicado por Alberto E. Justo flor en el desierto: marzo 2009
martes, 21 de abril de 2026
Cuando vas de camino
Una de las mayores invitaciones que esta "hora" descubre es aquella de ENTRAR en el secreto interior. Y no porque a nuestro alrededor sólo topemos con ilusiones o desilusiones... Sino porque es propio de los peregrinos alcanzar esos horizontes que levantan al Cielo, que dicen de Dios. Y no es cuestión de "entretenerse" en preámbulos. Al contrario, es preciso acudir directamente y sin vacilar cuando se trata de semejantes parajes. También acontecimientos, y los más inesperados. No, ese "horizonte" no está lejos. Está aquí... Y es ¡¡tan inmediato!!
El descubrimiento del "monacato interior" o interiorizado, nos plantea una conversión y una consagración profundas, una vez que hemos "descendido" al corazón o que hemos comenzado nuestro retorno a casa, que es la Casa del Padre.
Todo empeño en esta senda parece lento y de modestos, muy modestos resultados. Sin embargo hemos de tener en cuenta que lo que se sigue a nuestra decisión es patrimonio del silencio, de la delicadeza y de la gracia de Dios. No es ruidoso. No hay manera de hacerlo ante los innumerables testigos que -quizá- nos dieran no sé qué seguridades. No, es hora de cerrar la puerta de la habitación y sumergirse en la intimidad de Dios.
El descubrimiento del "monacato interior" o interiorizado, nos plantea una conversión y una consagración profundas, una vez que hemos "descendido" al corazón o que hemos comenzado nuestro retorno a casa, que es la Casa del Padre.
Todo empeño en esta senda parece lento y de modestos, muy modestos resultados. Sin embargo hemos de tener en cuenta que lo que se sigue a nuestra decisión es patrimonio del silencio, de la delicadeza y de la gracia de Dios. No es ruidoso. No hay manera de hacerlo ante los innumerables testigos que -quizá- nos dieran no sé qué seguridades. No, es hora de cerrar la puerta de la habitación y sumergirse en la intimidad de Dios.
Publicado por Alberto E. Justo flor en el desierto: marzo 2009
sábado, 11 de abril de 2026
Con Dios todo es distinto
He aquí otro texto de Dom Porion: "La Santísima Virgen es comparada con la aurora en el 'Cantar de los Cantares' porque es el principio de una nueva creación:'¿Quién es esa que surge como la aurora?' (Ct.6,10). Con su concepción inmaculada, la historia del hombre recomienza y todo es claro de nuevo: ella es una materia intacta, perfectamente pura y dócil, de la que será hecho el Nuevo Adán y también nosotros con Él si queremos dejarnos recrear. Porque la santísima Virgen no espera sino nuestra buena voluntad y, por fin, el gesto sin reservas de un abandono verdaderamente filial para lavarnos en su inocencia. A nosotros nos toca entregarnos a su mirada, de la que se dice, también en el Cantar, que es semejante a un lago -'Tus ojos son como las piscinas de Hesbón' (Ct. 7,5)-, a un agua perfectamente límpida en la que somos desprendidos y librados de nosotros mismos para ser inundados de la vida divina.
"En el régimen de la gracia -de esta gracia de la que María está llena y que dispensa a merced de su amor maternal- la recompensa se da antes del mérito, la riqueza y la felicidad se prodigan antes de la prueba. Éstos son los procedimientos propiamente divinos. Los hombres son incapaces de esta liberalidad porque ellos no son fuentes de bien, sino depositarios temerosos y pusilánimes. Tanto en la educación de nuestros hijos como en nuestro comercio y en nuestra justicia, nosotros en primer lugar ponemos las condiciones y las amenazas de sanciones; no acordamos el precio más que después de haber obtenido la tarea, a cambio de servicios o garantías.
"Pero con Dios todo es distinto. Desde el momento que el pecador apela a Dios, recibe justamente lo que no tiene precio: la herencia de la Sangre divina y la dignidad de hijo. Su corazón es liberado por la victoria de Cristo, es colmado de este triunfo puro, y después, una vez armado ya de nobleza y alegría, es cuando se le invita a combatir, cuando ha de aportar su trabajo y su fatiga en la medida de sus fuerzas. Tal es el gobierno del Reino de Dios, la prudencia de la santísima Virgen, la economía de la 'Casa de Oro.'
"Los caminos de Dios son distintos de los nuestros, hasta el punto que muchas veces no los comprendemos. No nos atrevemos a creer en esta dignidad, en esta libertad que se nos ofrece; casi llegamos a no fiarnos de la generosidad de Dios. Ignoramos sus dones esenciales desde el momento en que abusamos de bienes inferiores. Y la falta de fe y de confianza nos paraliza. No hallamos fuerzas para seguir el sendero desviado por el que pretendemos caminar, porque la timidez y la angustia sofocan lo mejor que hay en el hombre.
"Abramos, pues, nuestros ojos y nuestro corazón en una perfecta soledad con Dios; recojámonos y tomemos conciencia de lo que Él nos da, de lo que Él es para nosotros. Nuestra fortaleza y nuestra paciencia tan solo pueden ser sólidas si una y otra proceden de una profunda felicidad.
"A veces parece que tememos reconocer la santidad, como si se tratara de unos bienes materiales de los que uno se ve privado si otro los posee. Pero éste es un sentimiento que se apoya en una ignorancia completa de esta realidad. Lo que se da a los santos y, en primer lugar, a María, se nos da también a cada uno de nosotros. Esto es necesariamente así cuando se trata de bienes espirituales, puesto que la fuente de donde proceden es infinita e inmediata y su esencia es la caridad: quienes los reciben no lo hacen más que no reteniendo nada, más que transmitiéndolos sin reserva alguna.
"Embriaguémonos de los privilegios de María, cuya plenitud Ella nos ofrece..." (Un Cartujo "Felices los que creen" Monte Carmelo.Burgos 2009. Pp:33-35)
"En el régimen de la gracia -de esta gracia de la que María está llena y que dispensa a merced de su amor maternal- la recompensa se da antes del mérito, la riqueza y la felicidad se prodigan antes de la prueba. Éstos son los procedimientos propiamente divinos. Los hombres son incapaces de esta liberalidad porque ellos no son fuentes de bien, sino depositarios temerosos y pusilánimes. Tanto en la educación de nuestros hijos como en nuestro comercio y en nuestra justicia, nosotros en primer lugar ponemos las condiciones y las amenazas de sanciones; no acordamos el precio más que después de haber obtenido la tarea, a cambio de servicios o garantías.
"Pero con Dios todo es distinto. Desde el momento que el pecador apela a Dios, recibe justamente lo que no tiene precio: la herencia de la Sangre divina y la dignidad de hijo. Su corazón es liberado por la victoria de Cristo, es colmado de este triunfo puro, y después, una vez armado ya de nobleza y alegría, es cuando se le invita a combatir, cuando ha de aportar su trabajo y su fatiga en la medida de sus fuerzas. Tal es el gobierno del Reino de Dios, la prudencia de la santísima Virgen, la economía de la 'Casa de Oro.'
"Los caminos de Dios son distintos de los nuestros, hasta el punto que muchas veces no los comprendemos. No nos atrevemos a creer en esta dignidad, en esta libertad que se nos ofrece; casi llegamos a no fiarnos de la generosidad de Dios. Ignoramos sus dones esenciales desde el momento en que abusamos de bienes inferiores. Y la falta de fe y de confianza nos paraliza. No hallamos fuerzas para seguir el sendero desviado por el que pretendemos caminar, porque la timidez y la angustia sofocan lo mejor que hay en el hombre.
"Abramos, pues, nuestros ojos y nuestro corazón en una perfecta soledad con Dios; recojámonos y tomemos conciencia de lo que Él nos da, de lo que Él es para nosotros. Nuestra fortaleza y nuestra paciencia tan solo pueden ser sólidas si una y otra proceden de una profunda felicidad.
"A veces parece que tememos reconocer la santidad, como si se tratara de unos bienes materiales de los que uno se ve privado si otro los posee. Pero éste es un sentimiento que se apoya en una ignorancia completa de esta realidad. Lo que se da a los santos y, en primer lugar, a María, se nos da también a cada uno de nosotros. Esto es necesariamente así cuando se trata de bienes espirituales, puesto que la fuente de donde proceden es infinita e inmediata y su esencia es la caridad: quienes los reciben no lo hacen más que no reteniendo nada, más que transmitiéndolos sin reserva alguna.
"Embriaguémonos de los privilegios de María, cuya plenitud Ella nos ofrece..." (Un Cartujo "Felices los que creen" Monte Carmelo.Burgos 2009. Pp:33-35)
Publicado por Alberto E. Justo
miércoles, 8 de abril de 2026
SER CONTEMPLATIVO II...(Continúa el texto de Dom Porion)
"Otra virtud que nos deslumbra en María, y en la que sin duda ante todo hay que poner el acento, es la pureza. La Virgen santísima es como la encarnación de la pureza, y ésta, por otra parte, está tan íntimamente ligada con el don de sabiduría, que puede llamársela la virtud esencial del contemplativo. No se trata solamente de la abstención de los pecados de la carne, sino de la delicadeza de un espíritu que se reserva para goces más elevados. Ser puro es saber establecer y mantener la soledad del alma con su Dios, rehacer interiormente el Edén.
"Sabemos que el Paraíso terrenal es figura de la santísima Virgen, reserva inaccesible al siglo, lugar de las delicias, sin mancha y sin conflicto donde será colocado el nuevo Adán. Esta figura representa también al alma contemplativa: jardín cerrado en el que reina la felicidad de recibir la vida divina en un recogimiento comparable sin duda al que reinaba en la naturaleza inmaculada en la aurora del mundo. Es necesario que no haya nada ni nadie entre Dios y el alma, sino que exista esa libertad virginal del primer instante: entonces se repite y reitera sin cesar una nueva creación: la generación en nosotros del Hombre-Dios.
"¿Qué conclusiones podemos sacar en la práctica de estas breves reflexiones acerca de las semejanzas que han de unir nuestras almas con la de nuestra Madre?
Tomaremos la resolución de rechazar las preocupaciones extrañas. Beberemos, mediante el recogimiento, en las fuentes más profundas de nuestro ser. Nos guardaremos, como María, para la alegría más hermosa. Preservaremos esta alegría única en medio de los sufrimientos, separaciones y temores, con el fin de que llegue a su plenitud y se derrame consoladora, y se una finalmente con la alegría de Dios, que aparecerá como la realidad única cuando haya pasado la figura de este mundo."
Nos alegramos también nosotros por estas palabras, que adoptamos plenamente...
Nos alegramos también nosotros por estas palabras, que adoptamos plenamente...
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