viernes, 4 de mayo de 2012
lunes, 30 de abril de 2012
una oración directa -LA ORACIÓN DEL MAESTRO ECKHART - Alberto E. Justo
No pretendo introducir, en modo erudito, esta versión castellana, que aquí presento, de una oración del Maestro Eckhart. Por el contrario, el interés de semejante publicación es abrir más caminos a la plegaria, precisamente cuando hay tantos que descubren, en la dimensión contemplativa de toda vida cristiana, una vocación y una misión peculiares.
La historia de la Espiritualidad, en especial de la Mística, es una trayectoria de traducciones y de versiones de todo género. El papel desempeñado, por ejemplo, por la Cartuja de Colonia, no puede ser soslayado toda vez que se pretenda apreciar el influjo de la mística renana y flamenca en el mundo de expresión latina. Los espirituales, por lo general, han sabido superar las barreras del lenguaje, sobre todo las pretendidas limitaciones idiomáticas, para ganar el corazón de una experiencia que los ha hermanado más profundamente que la misma lectura de obras y de textos. La comunión entre Eckhart y San Juan de la Cruz no puede ser explicada solamente por medio de un estudio filológico. Desde luego éste será útil en su nivel, pero es necesario ir mucho más allá. Lo mismo puede decirse de la Beata Isabel de la Trinidad y de Jan van Ruusbroec... Es claro que la lectura de los santos no posee la misma clave que la de los especialistas.
Sin ver oposiciones donde no las hay, interesa, en cambio, proponer un estilo de lectura que arranque un secreto mayor a cuanto los mismos espirituales han considerado expresión insuficiente de una experiencia siempre inefable.
Se trata del género de la lectio divina. Lectura orante, en realidad, para pasar más allá de la simple letra o introducirse en el misterio que ella cela. Diríamos que eso que está escrito ha de alcanzar y tocar directamente a la vida.
Un monje nos cuenta que hallándose particularmente interesado en conocer el pensamiento de un célebre maestro, ya desaparecido, importunaba a los discípulos de aquél con preguntas de todo género, que estos sólo respondían con dificultad... Hasta que uno de ellos le dijo: -si quiere saber qué pensaba realmente el sabio sea como él y lo sabrá. La escena, muy simple, es aleccionadora.
Ser como él. Nada de extraño, sobre todo si lo despojamos de más y de menos. En efecto, con frecuencia desdibujamos una figura o empequeñecemos el significado de una imagen cuando comenzamos a someterlas a las cantidades. Lo hacemos así deteniéndonos en establecer el mayor o el menor parecido o emprendiendo una suerte de torneo entre lo mejor y lo peor, según nuestro modo de ver; aspectos que quedan, desde luego, reservados a un misterio que nos supera.
En cambio nos interesa otra cosa, a saber: la comunión en el mismo padecer y la misma orientación. Es indudable, y es un hecho de experiencia, que el mismo deseo, quizá la misma expectativa o necesidad, lleva a una unión, y por tanto a un conocimiento, de nueva índole y mayor profundidad. Los mismos interrogantes, tal vez la misma angustia, un dolor similar, generarán una comunión por encima de cualquier cálculo.
El que se aproxima a la obra de un espiritual, en el presente caso del Maestro Eckhart, ha de plantearse interrogantes afines y prestar atención a la intención profunda del autor. Son las afinidades las que seleccionan y llevan, por fin, a la comunión. Se recordará el lugar de la connaturalidad, pero es preciso pasar más adelante.
En efecto, decía un Cartujo (un verdadero lector del Maestro Eckhart en nuestros días) que los textos sobran. En los textos se halla lo que el Señor dice en el corazón... ¡Maravillosa invitación al silencio y a la profundidad!... Eso que yo recibo y acojo, lo que leo y se incorpora como una vivencia plena de sentido, no es tanto lo escrito ahí fuera sino lo que Dios pronuncia en lo secreto del alma y se reconoce a partir de la lectura. (...) on ne trouve rien dans les textes, on y retrouve seulement ce que Dieu prononce dans l' âme. La ratio studiorum devrait s' accompagner d' un ars obliviscendi: il importe que l' homme apprenne, mais combien plus qu' il désapprenne des choses acquises! Que l' intelligence se souvienne de sa virginité et de sa solitude, elle qui doit à sa pure essence d' être toujours neuve et nue, au premier instant du premier matin!
L' esprit qui monte vers la rencontre intérieure traverse le temps en oblique comme un éclair, sa vie n' est pas conquête, acquisition, progrès, mais dépouillement libérateur.
Tal suenan las palabras del Cartujo que explican muy bien este paso hacia la interioridad. Porque es el Espíritu de Dios quien obra y ora en el corazón de sus hijos y es precisamente en su Presencia donde se hallan el origen y la fuente de toda comunión.
Se trata, pues, de otro género de lectura, distinto del que adoptan, por lo general, los especialistas o quienes, con no pocos prejuicios, intentan el estudio de los textos a partir ¡de lugares comunes! Nada de eso. Así como atendemos y oímos, con respeto, lo que nos enseña un gran maestro, así -y no de otra manera- nos recogemos en una lectura que nos hablará mucho más de cuanto dice la sola letra.
Las obras de arte poseen un destino encantador: llevar a quien las contempla por encima de ellas mismas; conducir a su propia superación. De aquí surge ese despojo saludable e imprescindible si no queremos permanecer atados a una letra que acaba por asfixiar.
No hablamos de autores, tendencias o escuelas (¡muchas veces sólo presentes, como fantasmas, en los manuales y en las acostumbradas y fatigosas repeticiones de los perezosos!). No buscamos esas cosas. El propósito es descubrir lo que Dios pronuncia en el corazón. Por ello partimos desde el autor, desde el contenido que hemos hallado a través de su expresión escrita, sin duda limitada, por el hecho de ser expresión.
Ahora bien, hay mucho más. Es fundamental el desinterés en la lectura. En efecto, a los autores espirituales es necesario aproximarse sin interés de usufructo o de cualquier utilización. Sapientia ludit: se trata, como decía nuestro Cartujo, de jugar a ser el objeto (el "juego" es desinteresado). Porque contemplar es lo contrario de poseer. La contemplación -téngaselo bien presente- nunca es una posesión, es, en cambio: dejar ser el ser. La inteligencia contemplativa es humildad y carece de término: no se busca definirla ni medirla de ningún modo. Es el Misterio, tan límpido como insondable (...) No pueden separarse el amor y la contemplación de la intelección así entendida...
Es conveniente acercarse con humildad y leer con asombro. No es necesario abundar en el material ni perderse en análisis sin fin. Ir directamente a lo esencial, evitando perderse por los arroyuelos o por las sendas marginales. Y, desde luego, huir la polémica infructuosa. El Misterio no se abre a los discutidores sino a la audacia de la mirada que ha sabido no detenerse.
Ingresar por el fondo del aula, modestamente. Permanecer en silencio y no subir a los estrados... Renunciar a la vanidad de la última palabra. Sosiego y paz; en definitiva: abandono.
Tales pueden ser los modos acertados para asimilar una gran lección o recogernos en la plegaria.
El texto de la Oración del Maestro Eckhart puede verse, en versión inglesa, en W. Wackernagel, "The Prayer of Meister Eckhart" en Eckhart Review n.7 (1998), pp. 39-40.
Alberto E. Justo, OP
ORACIÓN DEL MAESTRO ECKHART
¡Oh alta riqueza de la naturaleza divina!
Muéstrame tu camino, el mismo que en tu sabiduría has dispuesto,
y ábreme el tan precioso tesoro al que Tú me invitas:
comprender con inteligencia sobre toda creatura,
amar con los ángeles y ser íntimo familiar de tu hijo único,
nuestro Señor Jesucristo,
heredar de Tí y acogerte según tu sabiduría eterna.
Y, con tu auxilio, ser preservado de todo mal.
Pues Tú me has levantado por encima de toda creatura
y has impreso en mi el sello de tu eterna imagen.
Tú has vuelto mi alma
inasible a todas las otras creaturas
y nada has creado a Ti más semejante
que el ser humano según el alma.
Enséñame a vivir de tal manera
que nunca me encuentre sin Ti
y que el flujo de tu obra amante en mi jamás halle obstáculo.
Que yo nunca me rinda
a ningún deseo fuera de Ti.
Señor, tu espíritu es inasible a toda creatura
y Tú espiritualizas el alma
para que, en su condición espiritual,
sea levantada sobre toda creatura,
de suerte que por tu sabiduría eterna
se baste según tu voluntad divina
y que en la gracia sea liberada
de cuantas imágenes indignas
haya podido absorber en ella.
Pues Tú has hecho tuya el alma según tu naturaleza
y la has emparentado contigo.
Guárdala, pues, para que no se establezca en ella
nada que no seas Tú mismo.
La historia de la Espiritualidad, en especial de la Mística, es una trayectoria de traducciones y de versiones de todo género. El papel desempeñado, por ejemplo, por la Cartuja de Colonia, no puede ser soslayado toda vez que se pretenda apreciar el influjo de la mística renana y flamenca en el mundo de expresión latina. Los espirituales, por lo general, han sabido superar las barreras del lenguaje, sobre todo las pretendidas limitaciones idiomáticas, para ganar el corazón de una experiencia que los ha hermanado más profundamente que la misma lectura de obras y de textos. La comunión entre Eckhart y San Juan de la Cruz no puede ser explicada solamente por medio de un estudio filológico. Desde luego éste será útil en su nivel, pero es necesario ir mucho más allá. Lo mismo puede decirse de la Beata Isabel de la Trinidad y de Jan van Ruusbroec... Es claro que la lectura de los santos no posee la misma clave que la de los especialistas.
Sin ver oposiciones donde no las hay, interesa, en cambio, proponer un estilo de lectura que arranque un secreto mayor a cuanto los mismos espirituales han considerado expresión insuficiente de una experiencia siempre inefable.
Se trata del género de la lectio divina. Lectura orante, en realidad, para pasar más allá de la simple letra o introducirse en el misterio que ella cela. Diríamos que eso que está escrito ha de alcanzar y tocar directamente a la vida.
Un monje nos cuenta que hallándose particularmente interesado en conocer el pensamiento de un célebre maestro, ya desaparecido, importunaba a los discípulos de aquél con preguntas de todo género, que estos sólo respondían con dificultad... Hasta que uno de ellos le dijo: -si quiere saber qué pensaba realmente el sabio sea como él y lo sabrá. La escena, muy simple, es aleccionadora.
Ser como él. Nada de extraño, sobre todo si lo despojamos de más y de menos. En efecto, con frecuencia desdibujamos una figura o empequeñecemos el significado de una imagen cuando comenzamos a someterlas a las cantidades. Lo hacemos así deteniéndonos en establecer el mayor o el menor parecido o emprendiendo una suerte de torneo entre lo mejor y lo peor, según nuestro modo de ver; aspectos que quedan, desde luego, reservados a un misterio que nos supera.
En cambio nos interesa otra cosa, a saber: la comunión en el mismo padecer y la misma orientación. Es indudable, y es un hecho de experiencia, que el mismo deseo, quizá la misma expectativa o necesidad, lleva a una unión, y por tanto a un conocimiento, de nueva índole y mayor profundidad. Los mismos interrogantes, tal vez la misma angustia, un dolor similar, generarán una comunión por encima de cualquier cálculo.
El que se aproxima a la obra de un espiritual, en el presente caso del Maestro Eckhart, ha de plantearse interrogantes afines y prestar atención a la intención profunda del autor. Son las afinidades las que seleccionan y llevan, por fin, a la comunión. Se recordará el lugar de la connaturalidad, pero es preciso pasar más adelante.
En efecto, decía un Cartujo (un verdadero lector del Maestro Eckhart en nuestros días) que los textos sobran. En los textos se halla lo que el Señor dice en el corazón... ¡Maravillosa invitación al silencio y a la profundidad!... Eso que yo recibo y acojo, lo que leo y se incorpora como una vivencia plena de sentido, no es tanto lo escrito ahí fuera sino lo que Dios pronuncia en lo secreto del alma y se reconoce a partir de la lectura. (...) on ne trouve rien dans les textes, on y retrouve seulement ce que Dieu prononce dans l' âme. La ratio studiorum devrait s' accompagner d' un ars obliviscendi: il importe que l' homme apprenne, mais combien plus qu' il désapprenne des choses acquises! Que l' intelligence se souvienne de sa virginité et de sa solitude, elle qui doit à sa pure essence d' être toujours neuve et nue, au premier instant du premier matin!
L' esprit qui monte vers la rencontre intérieure traverse le temps en oblique comme un éclair, sa vie n' est pas conquête, acquisition, progrès, mais dépouillement libérateur.
Tal suenan las palabras del Cartujo que explican muy bien este paso hacia la interioridad. Porque es el Espíritu de Dios quien obra y ora en el corazón de sus hijos y es precisamente en su Presencia donde se hallan el origen y la fuente de toda comunión.
Se trata, pues, de otro género de lectura, distinto del que adoptan, por lo general, los especialistas o quienes, con no pocos prejuicios, intentan el estudio de los textos a partir ¡de lugares comunes! Nada de eso. Así como atendemos y oímos, con respeto, lo que nos enseña un gran maestro, así -y no de otra manera- nos recogemos en una lectura que nos hablará mucho más de cuanto dice la sola letra.
Las obras de arte poseen un destino encantador: llevar a quien las contempla por encima de ellas mismas; conducir a su propia superación. De aquí surge ese despojo saludable e imprescindible si no queremos permanecer atados a una letra que acaba por asfixiar.
No hablamos de autores, tendencias o escuelas (¡muchas veces sólo presentes, como fantasmas, en los manuales y en las acostumbradas y fatigosas repeticiones de los perezosos!). No buscamos esas cosas. El propósito es descubrir lo que Dios pronuncia en el corazón. Por ello partimos desde el autor, desde el contenido que hemos hallado a través de su expresión escrita, sin duda limitada, por el hecho de ser expresión.
Ahora bien, hay mucho más. Es fundamental el desinterés en la lectura. En efecto, a los autores espirituales es necesario aproximarse sin interés de usufructo o de cualquier utilización. Sapientia ludit: se trata, como decía nuestro Cartujo, de jugar a ser el objeto (el "juego" es desinteresado). Porque contemplar es lo contrario de poseer. La contemplación -téngaselo bien presente- nunca es una posesión, es, en cambio: dejar ser el ser. La inteligencia contemplativa es humildad y carece de término: no se busca definirla ni medirla de ningún modo. Es el Misterio, tan límpido como insondable (...) No pueden separarse el amor y la contemplación de la intelección así entendida...
Es conveniente acercarse con humildad y leer con asombro. No es necesario abundar en el material ni perderse en análisis sin fin. Ir directamente a lo esencial, evitando perderse por los arroyuelos o por las sendas marginales. Y, desde luego, huir la polémica infructuosa. El Misterio no se abre a los discutidores sino a la audacia de la mirada que ha sabido no detenerse.
Ingresar por el fondo del aula, modestamente. Permanecer en silencio y no subir a los estrados... Renunciar a la vanidad de la última palabra. Sosiego y paz; en definitiva: abandono.
Tales pueden ser los modos acertados para asimilar una gran lección o recogernos en la plegaria.
El texto de la Oración del Maestro Eckhart puede verse, en versión inglesa, en W. Wackernagel, "The Prayer of Meister Eckhart" en Eckhart Review n.7 (1998), pp. 39-40.
Alberto E. Justo, OP
ORACIÓN DEL MAESTRO ECKHART
¡Oh alta riqueza de la naturaleza divina!
Muéstrame tu camino, el mismo que en tu sabiduría has dispuesto,
y ábreme el tan precioso tesoro al que Tú me invitas:
comprender con inteligencia sobre toda creatura,
amar con los ángeles y ser íntimo familiar de tu hijo único,
nuestro Señor Jesucristo,
heredar de Tí y acogerte según tu sabiduría eterna.
Y, con tu auxilio, ser preservado de todo mal.
Pues Tú me has levantado por encima de toda creatura
y has impreso en mi el sello de tu eterna imagen.
Tú has vuelto mi alma
inasible a todas las otras creaturas
y nada has creado a Ti más semejante
que el ser humano según el alma.
Enséñame a vivir de tal manera
que nunca me encuentre sin Ti
y que el flujo de tu obra amante en mi jamás halle obstáculo.
Que yo nunca me rinda
a ningún deseo fuera de Ti.
Señor, tu espíritu es inasible a toda creatura
y Tú espiritualizas el alma
para que, en su condición espiritual,
sea levantada sobre toda creatura,
de suerte que por tu sabiduría eterna
se baste según tu voluntad divina
y que en la gracia sea liberada
de cuantas imágenes indignas
haya podido absorber en ella.
Pues Tú has hecho tuya el alma según tu naturaleza
y la has emparentado contigo.
Guárdala, pues, para que no se establezca en ella
nada que no seas Tú mismo.
jueves, 26 de abril de 2012
Sin desánimo HACIA EL HORIZONTE - http://flordelyermo.blogspot.com.ar
Una y otra vez… Nos hallamos en el “medio del camino” y en un lugar que “quisiéramos olvidar”. La gran pregunta obtiene una gran respuesta: el silencio, sin más.
Es la hora de la ausencia de razones. El manto cubre, celosamente, cualquier “por-qué” y posee la virtud de celar, de tal manera, que no podamos sospechar que debajo algo hay.
Experiencia (digámoslo así) de lo más insospechado, todavía ausente.
Deseo, cada vez mayor, de una “altura” que carece de medidas, de calificaciones, de nombres. Seguir un derrotero, cuya perspectiva nos es, ahora, ignota.
Ha amanecido un secreto nuevo, el de “siempre” en realidad. Pero sólo lo digo callando.
PUBLICADO POR ALBERTO E. JUSTO
viernes, 20 de abril de 2012
¿Vacío? ¿Angustia?
En las horas que corren, en todos esos pasos de cada día, podemos experimentar momentos de sequedad o de aridez... Pero sabemos muy bien que una cierta angustia, de tantos rostros, nos asalta de varios modos y de sorpresa. Esta exhortación se dirige especialmente a no detenerse ni a temer los vacíos o los ruidos de este mundo, aún cuando aparezcan como excesiva amenaza. Es verdad que no siempre es posible discernir rápidamente acerca de lo que nos ocurre. Pero el principio del confiado "abandono" puede evitar la caída y el desconsuelo. Lo que nos parece tan insoportable y extraño es ocasión de un "lenguaje" nuevo, de una apertura que se opera en el alma y despeja horizontes cubiertos y sombríos. ¿Demasiado optimismo? Espero que no. Lo desconocido quizá sea más "conocido" de cuanto podamos sospechar. Por ello se hace urgente un cierto arrojo y una verdadera independencia de "lugares comunes" o de modas y cosillas menores que atajan el andar sereno.
PUBLICADO POR ALBERTO E. JUSTO
lunes, 16 de abril de 2012
Ermita interior - ALBERTO E. JUSTO
En el corazón, donde todo puede callar y todo calla (si nosotros lo permitimos), se renueva, a cada instante, la Presencia de Dios y nuestra vida misma. Sin ansiedad alguna, sin tensión, ni angustia, sin temor desde luego, reposamos en el Corazón de Aquél que nunca está lejos. Basta un instante de fe, de esperanza, de amor; porque Él llama, incesantemente, a nuestra puerta. No pensemos que es difícil abrir, no juzguemos acerca de "introducciones" o de "métodos", simplemente hemos de DEJAR, en la paz que nos es dada, aún en medio de las mayores pruebas.
La oración es directa... e inmediata. -¡Señor, sí quiero, te quiero a Tí!
La oración es directa... e inmediata. -¡Señor, sí quiero, te quiero a Tí!
viernes, 13 de abril de 2012
Sigue tu camino, no temas - ALBERTO E. JUSTO
En esta Pascua, con júbilo y gozo, nos exhortamos, unos a otros, a confiar en el Señor. Sobre todo queremos subrayar, esta vez y una vez más, la fe en la Providencia y su lugar central en nuestras vidas y en nuestra historia. El camino es maravilloso y, a pesar del dolor y de la fatiga, es auténticamente fecundo, por gracia y don de Dios.
martes, 27 de marzo de 2012
Sigue tu camino, no temas
Una vez más subrayamos la confianza en Dios. Nunca será lo suficiente, sobre todo cuando el escepticismo hace estragos... Una verdadera conversión es aquella que consiste en acualizar la certeza de la Providencia y su lugar central en nuestra vida y en la historia. Sabemos ¡cuántas veces lo decimos! qué es la Pascua y el anuncio que comporta, con el gozo y el júbilo de una vida nueva, sin cesar renovada, por gracia y don de Dios. En este momento, pues, volvamos decididamente a casa, a la casa del Padre, que es nuestra verdaderamente en la Esperanza. Nuestro testimonio es fecundo para todos aquellos que, a nuestro lado, también retornan a la Casa Paterna.
Publicado por Alberto E. Justo
domingo, 25 de marzo de 2012
¿Soledad?- ALBERTO E. JUSTO - ASPECTOS DE LA VOCACIÓN EREMÍTICA
La vida solitaria es, en realidad, un descubrimiento maravilloso de nuestra condición más profunda y de esa persona escondida que late y vive bajo las apariencias de una estructura, del “yo” falso y postizo de la superficie.
La recuperación del “fondo del alma”, el descenso al corazón, de nuevo hallado, indican el camino que todo peregrino sigue hacia la plenitud.
Téngase presente que esta condición no se adquiere. Simplemente se descubre ya existente cuando se es llamado. Llega la hora con sencillez y no acertamos a fijar fecha alguna... ¿Cuándo empezó? ¿En qué momento me di cuenta de este especial llamado a la soledad interior? Todo esto no cuenta, carece de importancia. Lo que debe subrayarse es la originalidad del hecho, porque, en efecto, cada caso es irrepetible y no se reduce caprichosamente a ningún género. Dios llama personalmente y los caminos conciernen a los que por allí andarán.
Tampoco es necesario hacer algo. La primera actitud de quien es llamado a la soledad interior es aprestarse y permanecer a la escucha. Es una atención nueva para estar y quedarse en el corazón.
La recuperación del “fondo del alma”, el descenso al corazón, de nuevo hallado, indican el camino que todo peregrino sigue hacia la plenitud.
Téngase presente que esta condición no se adquiere. Simplemente se descubre ya existente cuando se es llamado. Llega la hora con sencillez y no acertamos a fijar fecha alguna... ¿Cuándo empezó? ¿En qué momento me di cuenta de este especial llamado a la soledad interior? Todo esto no cuenta, carece de importancia. Lo que debe subrayarse es la originalidad del hecho, porque, en efecto, cada caso es irrepetible y no se reduce caprichosamente a ningún género. Dios llama personalmente y los caminos conciernen a los que por allí andarán.
Tampoco es necesario hacer algo. La primera actitud de quien es llamado a la soledad interior es aprestarse y permanecer a la escucha. Es una atención nueva para estar y quedarse en el corazón.
PUBLICADO POR ALBERTO E. JUSTO
miércoles, 21 de marzo de 2012
¿Soledad?- ALBERTO E. JUSTO - ASPECTOS DE LA VOCACIÓN EREMÍTICA
Surge de los acontecimientos una constatación peculiar, que no podemos pasar por alto. El deseo del corazón sobrepasa las ocasiones, las figuras, las imágenes, los tiempos y los lugares que se ofrecen en este mundo para satisfacerlo. Desde luego que esta es una verdad muy vieja. Cualquiera puede alcanzarla a partir de su experiencia por más modesta que ésta sea... Pero la respuesta comporta que ya mismo pueda encontrar el peregrino su propia senda.
No se trata de aguardar a mañana ni de sacudir los aires con indignación por nuestra indigencia. Reconocemos que no hay caminos, ni instituciones, que lleguen a responder en plenitud. Por tanto cualquier limitación abrirá otras puertas en zonas más profundas e inesperadas.
martes, 6 de marzo de 2012
¿Soledad?- ALBERTO E. JUSTO - ASPECTOS DE LA VOCACIÓN EREMÍTICA
Es posible que lo que aprendemos a aceptar en los otros lo llevemos también en el corazón. La alegría por el bien ajeno acabará por dar al sujeto eso que ha sabido descubrir y valorar en otros, con independencia de sí mismo y con generosidad. Por otra parte, con la delicadeza de sus sentimientos, ha pasado más allá de lo aparente y de lo inmediato y superado cualquier vulgaridad egoísta.
Aprender a aceptar es el comienzo de un camino. Y habrá, a cada paso, descubrimientos singulares a raíz de la transparencia de las cosas. El peregrino sabe que su andar es de un valor inmenso. Cada período, cada jornada, cada ocasión, cada vuelta es de inimaginable fecundidad.
viernes, 2 de marzo de 2012
¿Soledad?- ALBERTO E. JUSTO - ASPECTOS DE LA VOCACIÓN EREMÍTICA
Queda señalado este primer paso, cuyas consecuencias y características son múltiples. Sin duda una aceptación verdadera comporta la asunción de lo que se posee, de algún modo, o de lo que no se posee en absoluto. Y, desde luego, lo que al prójimo respecta y pertenece. Todo lo cual es una disposición para el gozo de ser, de abrir los ojos a la irrenunciable aurora. Es claro que estamos proponiendo otra visión u otra forma de entender lo que comporta o no comporta poseer.
jueves, 23 de febrero de 2012
¿Soledad?- ALBERTO E. JUSTO - ASPECTOS DE LA VOCACIÓN EREMÍTICA
La primera nota que vamos a destacar es lo que podemos denominar aceptación. En efecto, comporta una actitud y un hábito de reflexión, asumiendo, con seriedad y júbilo, lo que es dado desde el principio: el propio cuerpo y la propia historia. Y, al mismo tiempo, el ámbito de la peregrinación, a saber, el espacio y el tiempo, la hora y el lugar.
Ahora bien, esta aceptación no se realiza de una sola vez en algún momento ideal de la vida. Al contrario, su urgencia se va manifestando con el tiempo, con la misma experiencia. Y aquello que parece que debiera darse al inicio se da, sin embargo, al final.
Por otra parte aceptación no significa resignación. Cuando ya no queda más remedio, cuando las circunstancias ahogan, en suma, cuando todas las salidas están cerradas no queda otra que aceptar lo que toca... Pero no ha de ser así. Precisamente de este modo resignado se pierde toda la bondad de la situación y la oportunidad de pasar más adelante.
Aceptar se entiende, ante todo, como una actitud contemplativa que empieza por maravillarse y admirarse. Y asume el don, sin más, como cosa propia y con gozo.
No es el sufrimiento el que ha de invalidar o disminuir la aceptación en la vida del peregrino. Quizá sea a raíz de una pena, de algún fracaso, como llegue a entrever lo mejor de su actitud. Porque, tantas veces, el dolor hace transparente la muralla que nos separa de la verdad
viernes, 17 de febrero de 2012
¿Soledad?- ALBERTO E. JUSTO - ASPECTOS DE LA VOCACIÓN EREMÍTICA
No pretendo diseñar un tratado de la vida solitaria. No pretendo añadir absolutamente nada a la luminosa tradición. Sólo es mi intención ahora hablar de la ermita escondida en el corazón, de la vocación a la soledad de todo viandante. Porque nada existe en la Iglesia que no sea una suerte de arquetipo para otras realidades, ya que comulgan todas en el mismo Misterio del Único Cuerpo Místico de Jesucristo.
Los caminos de la soledad se descubren, con harta frecuencia, en las horas de dolor, de sufrimiento. Sobre todo cuando ese mismo dolor es escondido y sin testigos; cuando –en suma- se cae en la cuenta de que nadie lo conoce y pasa desapercibido para cualquier observador.
Esta es una condición que abre la profundidad: no recibir atención. Se trata, en efecto, de una vida sin testigos. Cuando el peregrino acierta a descubrir esa calidad inaudita de su tesoro, que supera cualquier estima o valoración humana, se dará cuenta de la urgencia de mudar su atención y de dirigirla hacia otro horizonte.
domingo, 12 de febrero de 2012
2 Paz interior- ALBERTO E. JUSTO- http://flordelyermo.blogspot.com
El asedio del enemigo, pues, es exterior, externo; está fuera y no podrá hacer nada, salvo que se la abra camino. Todo el estruendo de un mundo hueco y vano no llega a destino sin invitación previa.
El arma más eficaz del peregrino es la compasión. En efecto, es esto lo que convierte toda guerra en paz. El enojo, la ira, las vindictas, todo eso es falso, engañoso, carente de resultado, infecundo y vano. Por otra parte siempre acaba mal.
La compasión, en cambio, es modo divino. El compasivo imita a Dios. Todo el secreto está ahí. La paciencia se fortalece y alimenta de compasión, que es verdad. Porque Dios se compadece de todos y a todos quiere salvar.
Se dirá por cuál razón la injusticia triunfa con tanta frecuencia o el cinismo no halla tope o castigo. Es claro que viendo las cosas desde ellas mismas esto parece ser así. Pero vistas desde lo alto, en otra perspectiva, cuando no necesitamos reivindicaciones de ningún tipo, el cuadro ya es diferente. De todos modos es preciso meditar más en el Misterio de Dios, esperar y confiar en Él.
El arma más eficaz del peregrino es la compasión. En efecto, es esto lo que convierte toda guerra en paz. El enojo, la ira, las vindictas, todo eso es falso, engañoso, carente de resultado, infecundo y vano. Por otra parte siempre acaba mal.
La compasión, en cambio, es modo divino. El compasivo imita a Dios. Todo el secreto está ahí. La paciencia se fortalece y alimenta de compasión, que es verdad. Porque Dios se compadece de todos y a todos quiere salvar.
Se dirá por cuál razón la injusticia triunfa con tanta frecuencia o el cinismo no halla tope o castigo. Es claro que viendo las cosas desde ellas mismas esto parece ser así. Pero vistas desde lo alto, en otra perspectiva, cuando no necesitamos reivindicaciones de ningún tipo, el cuadro ya es diferente. De todos modos es preciso meditar más en el Misterio de Dios, esperar y confiar en Él.
martes, 7 de febrero de 2012
Paz interior- ALBERTO E. JUSTO- http://flordelyermo.blogspot.com
Por tales razones el hombre no puede ser esclavizado por su entorno o por el ambiente en el cual vive. No es el camino el que hace al peregrino sino éste quien crea y traza a aquél con su andar.
Es así que estás cerca y acabas por convertirte en aquello que amas y quieres. Aquello que amas... No dejes de amarlo ni lo abandones. Tu constancia y tu perseverancia darán los mejores frutos. Sigue..., sigue siempre.
sábado, 4 de febrero de 2012
Paz interior- ALBERTO E. JUSTO- http://flordelyermo.blogspot.com
Recuerda siempre, no lo olvides, sólo posees en verdad lo que en verdad amas. Quizá creas guardar muy bien alguna cosa, tal vez te empecines en tener sensaciones de dominio en lo que sea... Pero todo eso es extraño, lejano y sin sentido para ti. Sólo es tuyo, en una posesión abierta, pura y desinteresada, aquello que en verdad amas... Por esa razón no irás nunca a ninguna ciénaga, porque nadie podrá apartarte de lo que amas. Ten bien presente esto y no te mientas ni te engañes jamás. Más estás donde amas, más está allí el alma, que donde te parece o donde simplemente te impresiona.
En suma, aunque estés al lado puedes hallarte muy lejos, a veces con una distancia infinita.
miércoles, 1 de febrero de 2012
Paz interior- ALBERTO E. JUSTO- http://flordelyermo.blogspot.com
Esto lo vivirás en las instituciones y en todas esas asociaciones humanas que han antepuesto las técnicas al orden personal y cordial. El hombre sabe que ha perdido honor y cultura; y no encuentra otro modo de salir del atolladero que arrastrando a sus vecinos en la misma ciénaga donde se ahoga con rapidez. Pero a ti, si eres creador, no podrán empujarte ni llevarte adonde no quieres. Ten siempre el coraje de tu secreto y de tu libertad.
sábado, 28 de enero de 2012
Paz interior- ALBERTO E. JUSTO- http://flordelyermo.blogspot.com
Cuando los que te perseguían, con sus acciones o con su indiferencia, te dejaron solo, adquiriste la certísima noticia de que ya no están más. Esto es: estás solo. Comienza por alegrarte y fíjate bien: ahora se abre el panorama de las infinitas ocasiones de tu potencialidad creadora. Sí, porque el Señor creará contigo y en ti un camino totalmente nuevo. Quizá no te dará excesivas comodidades; pero ¿qué más quieres? Es nuevo y más que nuevo: lo pasado ya pasó.
Has descubierto que tu interioridad te abre a la libertad y a lo inmenso... Que todo lo más bello te es inmediato y familiar. Deja que los muertos entierren a sus muertos, tú vuelve en paz a tu corazón.
Has descubierto que tu interioridad te abre a la libertad y a lo inmenso... Que todo lo más bello te es inmediato y familiar. Deja que los muertos entierren a sus muertos, tú vuelve en paz a tu corazón.
sábado, 21 de enero de 2012
Paz interior- ALBERTO E. JUSTO- http://flordelyermo.blogspot.com
A pesar de ese vacío de angustia, de pesar, de pena, de desengaño, de dolor, ¡quédate! Si es necesario arrójate sobre el suelo, déjate caer... Cuando tengas conciencia más serena de encontrarte ahí abajo, mira abriendo apenas los ojos. No, no dejes que nada te invada demasiado a través de ellos... Pero entreábrelos. Estoy seguro que si eres conciente de tu silencio, de tu nada, de tu caída, descubrirás al Señor aún más bajo, muy por debajo de ti. Él te dirá: -te estaba aguardando. Desde hace mucho tiempo estoy aquí.
Y tú no sabrás muy bien qué decir. Sin duda conservarás contigo el pesar y las penas, pero habrás comprobado que más hondo hay caminos que no existen allá arriba en el plano de las estupidez establecida.
jueves, 5 de enero de 2012
Pero –se me dirá- ¿qué hacer frente a la injusticia reiterada de tantos tiranuelos, cuando la angustia nos oprime, cuando nos vemos asediados y abofeteados por ese poder tecnócrata, que todo lo ocupa y lo invade, que ya no nos trata como a verdaderas personas? ¿Qué hacer cuando perdemos consideración y paz, cuando ni siquiera respetan nuestras dolencias y nos arrojan en medio de una calle desierta para morir de hambre?
En primer lugar sabe una cosa: Dios no resuelve los problemas de corte abstracto o genérico. Esos, tantas veces, no existen o se resuelven y desaparecen en el marasmo de la necedad del mundo. Por tanto -¿sabes?- sólo estás tú. Sí, es verdad, te dejaron solo... Pero yo digo otra cosa: lo único que hay es esto: lo que ahora vives. Entonces: ¡calla!. Aquiétate y retírate. Siéntate en tu escondrijo. Date tiempo. No te respondas rápido. Si es posible duerme un minuto. Haz, presto, un espacio. Lo peor de todo es que ese barullo que te asalta te niega ese mínimo espacio. Y, en él, no encuentras nada.
sábado, 17 de diciembre de 2011
Paz interior- ALBERTO E. JUSTO- http://flordelyermo.blogspot.com
En el mundo que vivimos los gritos de lo visible se tienen por muy poderosos. En efecto, los fantasmas de papel sucio y cartón ordinario levantan sus perfiles amenazadores y apuntan al hombre no preparado ni advertido. El pobre peregrino va asustado y se vuelve, con tanta frecuencia, como la mujer de Lot. Y, desde luego, el espectáculo es deplorable. El hombre, carcomido por las más menudas ambiciones, hambriento de un poder que no poseerá nunca, fracasado y cansado de su propia necedad, se arrastra generando las más extrañas combinaciones para tejer una seguridad imposible: la de su técnica, la de sus previsiones, la de sus manipulaciones...
Pero esto es extraño, completamente lejano a la vida verdadera, aunque parezca aullar tan cerca. Los fantasmas son eso: figuras que dan miedo como en las viejas historias de terror. Los ensayos de los barberos, de los curas, de las sobrinas y de tantos necios bachilleres, son nada más que eso: cuentos de terror.
lunes, 12 de diciembre de 2011
La Paz interior- http://flordelyermo.blogspot.com
Situaciones.
Pero es claro que el descubrimiento de la Belleza y aún su participación en el gozo más elevado, presupone la valoración o la aceptación del medio en el cual se manifiesta, a saber: las condiciones de la presente peregrinación. Los sentidos externos nos vuelcan un alud informativo que parece constituir lo más próximo e inmediato. Es cierto que todo ello “toca” de alguna manera a la persona, pero no es lo más próximo e inmediato. Por lo menos no es lo íntimo, aún cuando le otorguemos el valor excesivo que, con tanta frecuencia, otorgamos. Dos piedras están una junto a la otra, se tocan la una con la otra, pero hay un límite, una distancia entre ambas que no es posible vencer. El anverso y el reverso de una hoja de papel. Los dos lados están muy cerca, no podemos negarlo, pero nunca se podrán superponer.
Pero volvamos a las piedras. Ninguna puede entrar en la otra, permanecen irreductiblemente vecinas, una cabe la otra, pero no pueden comunicarse nada, son extrañas entre ellas... En cambio una gota de agua puede caer en un recipiente lleno de vino. La gota de agua penetra el vino hasta hacerse una con el vino... Así ocurre con la Belleza y con todo lo espiritual. En definitiva, lo invisible nos es más cercano y siempre más íntimo, aunque los sentidos externos nos aporten tantas figuras e imágenes que impresionan nuestra sensibilidad pero que no pasan de allí si no les franqueamos la entrada.
jueves, 1 de diciembre de 2011
Paz interior - http://flordelyermo.blogspot.com/
Adherimos interiormente a la belleza que se manifiesta en una imagen, en el arte, en un paisaje, en las flores, en la música..., y aprendemos, sin duda, de esta manera a subir por encima de las manifestaciones para abrazar o dejarnos abrazar por el centro escondido que todo participa.
No se trata de situaciones agradables o simplemente placenteras. No se trata, no, de gozar de esto o de aquello. Hablamos de la hondura inefable, de esa aurora que siempre se renueva en el espíritu. Cualquier paso es la ocasión y no la impiden las costras o fealdades aparentes que topamos en nuestro camino. Recordemos siempre que lo más íntimo, profundo y fuerte es lo que aparece más débil y vulnerable. Recordemos que cualquier dolor o desengaño es la oportunidad para ir más adentro... Es necesaria y urgente esa paradoja que tanto nos brinda y nos ilumina en nuestra peregrinación.
domingo, 27 de noviembre de 2011
Es indudable que olvidamos, con frecuencia, los caminos recorridos hasta hoy. Digo que los olvidamos porque solamente recordamos lo más superficial. Dejamos de lado las huellas profundas de una experiencia que podemos considerar permanente, aunque no le prestemos demasiada atención o la olvidemos con rapidez. Es verdad que la Luz no es avara. Lo invade todo, todo lo llena cuando abrimos de para en par las ventanas del corazón. Cuando abrimos para ella...
Esta luz despierta nuestro bien o, mejor, ella misma es nuestro bien.
Esta luz despierta nuestro bien o, mejor, ella misma es nuestro bien.
jueves, 24 de noviembre de 2011
Paz interior - 17 - ALBERTO E. JUSTO - http://flordelyermo.blogspot.com
Lo propio de la aristocracia espiritual es la compasión. Lo más alto es llegar a sufrir por otros y con otros. Es éste el camino, opuesto al del viejo burgués, o al del ahorrista mezquino, que crece, que gana, que guarda en sus cofres, que vence a otros, que se regocija porque es mejor que otros... El aristócrata auténtico, sin detenerse en sí mismo, sufre por otros, ofrece por otros. Su vocación es la de redimir y salvar.
Por ello quien sigue ese camino escondido se coloca inmediatamente bajo el manto de la Santísima Virgen, que es Madre y Señora. Es la Dama, a quien son ofrecidos todos los triunfos del amor... Ella es permanente modelo de quietud contemplativa y de empeño en la redención de los hombres. Nadie alcanza la fecundidad en semejante misión sin incorporarse en esta corriente de Amor y de Gracia que procede del mismo Espíritu de Dios y con Él se identifica.
Por ello quien sigue ese camino escondido se coloca inmediatamente bajo el manto de la Santísima Virgen, que es Madre y Señora. Es la Dama, a quien son ofrecidos todos los triunfos del amor... Ella es permanente modelo de quietud contemplativa y de empeño en la redención de los hombres. Nadie alcanza la fecundidad en semejante misión sin incorporarse en esta corriente de Amor y de Gracia que procede del mismo Espíritu de Dios y con Él se identifica.
jueves, 10 de noviembre de 2011
Paz interior - 16 - ALBERTO E. JUSTO - http://flordelyermo.blogspot.com
jueves, 3 de noviembre de 2011
Presencia e Intimidad

Nuestra oración no debe consirtir en textos, ni aún en palabras de no sé qué corte, sonoridad y estilo. Me parece que la luz, se halla superando el límite angustiante de los hechos y de las cosas.
Es la hora de detenerse y percibir los latidos del Espíritu, luego de haber confiado y acertado en su Presencia e Intimidad
viernes, 28 de octubre de 2011
Paz interior - 15 - ALBERTO E. JUSTO - http://flordelyermo.blogspot.com
Pero es, también, ésta, la hora de la necedad. Son legión los que no alcanzan a ver, o no lo quieren, la realidad del camino y se sumergen en banalidades y en los vericuetos y laberintos de las instituciones muertas. Delante de nuestros ojos varones y mujeres abandonan los cuadros antes repletos de tantos lugares, para buscar en horizontes quizá lejanos lo que la estupidez circundante les niega. Pero los responsables siguen enfrascados y encerrados en apretadísimos e irrespirables ambientes, jugando a burócratas y haciéndose la trágica ilusión de gozar de un poder inexistente.
La Madre de Dios dijo a San Juan Diego palabras admirables que quisiera señalar aquí: Lo que te aflige es nada (...) ¿No estoy contigo Yo, que soy tu Madre? Véase bien: los poderes de este mundo (los que fueren) son nada.
sábado, 22 de octubre de 2011
Paz interior - 14 - ALBERTO E. JUSTO - http://flordelyermo.blogspot.com
¿Tiene el hombre valor para arriesgarse y escapar de las garras que lo sujetan a modas, estilos, prejuicios, consensos, presiones y tantas otras cosas del género? ¿Eres capaz de arrojar el televisor al canasto de la basura? Conozco a un padre de familia que lo hizo así, con gran escándalo de los presentes... Pero aunque no compartamos actitudes extremas reconozcamos que el gesto simbólico de una libertad real es importante. Que no nos interese el... decir de las gentes es un mérito cuando sabemos que, en plena conciencia, cumplimos con un deber. La misión no es, desde luego, quedar bien. Disolverse en esta suerte de asfixias es pésimo para la vida espiritual y para la salud.
domingo, 16 de octubre de 2011
Paz interior - 13 - ALBERTO E. JUSTO - http://flordelyermo.blogspot.com
sábado, 1 de octubre de 2011
Paz interior - 12 - ALBERTO E. JUSTO - http://flordelyermo.blogspot.com
Quizá el mejor remedio sea dormir, soñar... Siempre ir más allá de las menudencias que la tentación plantea. Más allá, más allá. ¿Somos débiles? Enhorabuena: el Señor ha tenido y tiene piedad y misericordia de nosotros. Y nos perdona y nos levanta donde no sabemos... Todo está en Él, todo viene de Él, en Él somos, nos movemos y existimos.
Ahora mismo tememos perderlo todo. Ahora mismo respondo: no sé qué hará el Señor para que yo lo gane todo.
¿Y si nos equivocamos? ¿Y si, movidos por la emoción, reaccionamos y damos pasos en falso? En el momento de recapacitar volvamos a la calma primera y convenzámonos, con la paz, de que Dios aprovechará ese acontecimiento para nuestro favor. Pero retornemos a la paz y callemos. El tiempo nos ayudará.
No temamos ser luego muy firmes, según nuestra conciencia. Lo que importa es no reaccionar mal. Con la calma todo se obtiene.
No existen los opresores si nos reímos de ellos, si no los tomamos en serio. Con una sonrisa es siempre posible decir que no. Firmes, pues, en abandono y en paz. Firmes y con claridad... Sin miedo, sin temores. Dios está aquí.
Ahora mismo tememos perderlo todo. Ahora mismo respondo: no sé qué hará el Señor para que yo lo gane todo.
¿Y si nos equivocamos? ¿Y si, movidos por la emoción, reaccionamos y damos pasos en falso? En el momento de recapacitar volvamos a la calma primera y convenzámonos, con la paz, de que Dios aprovechará ese acontecimiento para nuestro favor. Pero retornemos a la paz y callemos. El tiempo nos ayudará.
No temamos ser luego muy firmes, según nuestra conciencia. Lo que importa es no reaccionar mal. Con la calma todo se obtiene.
No existen los opresores si nos reímos de ellos, si no los tomamos en serio. Con una sonrisa es siempre posible decir que no. Firmes, pues, en abandono y en paz. Firmes y con claridad... Sin miedo, sin temores. Dios está aquí.
jueves, 22 de septiembre de 2011
Paz interior - 11 - ALBERTO E. JUSTO - http://flordelyermo.blogspot.com
El hallazgo permanente es el abandono fecundo. No sé, no quiero saber. Son dos pasos: primero No sé, segundo: No quiero saber. Es hora de evitar las conmociones que tienen por objeto “desviar”. El ataque del enemigo consiste en desviar. Esto es lo primero que ocurre. ¿Y cómo desvía el enemigo? Pues sembrando inicialmente la confusión y el desconcierto por el miedo, por la angustia, por el interrogante sin respuesta, por la situación sin salida. Entonces: nada, no quiero saber más. No sé más.
domingo, 14 de noviembre de 2010
SÍMBOLOS, los signos de la tierra transfigurada - Marie-Madeleine Davy (XXV)

Todo símbolo hierofánico es un símbolo iniciático cuya captación implica sus pruebas y su iluminación correspondiente. Si las corporaciones, la profesión religiosa, o las novelas del Grial poseen sus símbolos iniciáticos, parece evidente que la verdadera iniciación esté ligada a la experiencia espiritual. El reconocimiento de los símbolos provoca la experiencia espiritual. Así pues, dichos símbolos cumplen una función inicática, ya que la experiencia espiritual –como hemos dicho– coincide con una iniciación.
El hombre iniciado, en el sentido espiritual del término, está desprovisto de todo poder temporal. El homo carnalis puede usar sus poderes y entregarse a la magia, pero el homo spiritualis, se sitúa en un plano muy distinto: poseedor de un secreto –el secreto del rey– puede exclamar con Isaías (XXXIV, 16) secretum meum mihi. Pero este secreto pertenece al orden del conocimiento y su operación se extiende únicamente respecto a la transfiguración del cosmos, en cuanto tal.
El símbolo es un modo de lenguaje que suscita un estado de consciencia. El que lo capta alcanza otro escalón sobre la escala cósmica. Una iniciación se opera entonces, surge un modo de conocimiento desconocido, y el hombre penetra en otro ritmo: es decir, cambia de plano. Los recientes trabajos sobre simbolismo han mostrado cómo éste no puede unirse con una fase psiquica infantil. Lo que resultaría infantil sería detenerse en el símbolo en sí mismo sin rebasarlo, es decir, limitándose al objeto sin captar su proyección. Habría aquí una elección de la sombra por oposición a la luz; en este caso la negación del símbolo se equipara con la actitud infantil hacia él: creencia e incredulidad pueden presentarse en idéntico plano.
La experiencia del símbolo se convierte así en experiencia espiritual, es deleite, dilatación del corazón, estremecimiento interior, expansión del alma. La experiencia espiritual del símbolo se equipara a la experiencia mística, el alma se transforma, e iluminada, penetra en la vía del discernimiento y la sabiduría. Así se encamina de claridad en claridad (cf. II Cor., III, 18), es decir, de símbolo en símbolo, hacia la luz. Y guiada por su amor en tanto que sentido espiritual, descubre finalmente la gloria divina.
( Fragmentos extraídos de: «Iniciación a la Simbología Románica», Marie-Madeleine Davy, Ediciones AKAL, ISBN 84-460-0594-8 )
viernes, 5 de noviembre de 2010
SÍMBOLOS, los signos de la tierra transfigurada - Marie-Madeleine Davy (XXIV)

La experiencia espiritual se sitúa en el interior de la fe, y sin embargo, de algún modo, sobrepasa la fe, ya que se vuelve certeza. Esta certeza, según los místicos del siglo XII, no determina un estado duradero, sino que se presenta por relámpagos, comparables a hendiduras, a fisuras que quiebran la corteza y de algún modo la entreabren.
La experiencia espiritual iniciática se opera en el centro del alma, o mejor del espíritu teniendo en cuenta esta triple división: cuerpo-alma-espíritu; y dicho centro coincide con la cumbre del espíritu. Esta comparación quizás pueda parecer paradójica, el centro no es una cumbre. Mas se comprende el contenido de este símbolo recordando que el centro es un monte, lugar donde se unen lo celeste y lo terrestre, es decir, es un medio. Así, la Virgen, como criatura, es llamada tierra, mas como Madre de Cristo y como Esposa es nombrada por San Bernardo centro de la tierra.
viernes, 15 de octubre de 2010
SÍMBOLOS, los signos de la tierra transfigurada - Marie-Madeleine Davy (XXIII)

Ya hemos visto, a propósito del símbolo del amor conyugal, la necesidad de rebasar la humanidad de Cristo con el fin de llegar a su divinidad. La experiencia de Dios es una experiencia espiritual, y si no rebasara ciertos límites no sería una experiencia de lo divino. Retomando el texto de Gilberto de Holanda podemos decir que la gracia se ofrece justamente con la llamada: «Ábreme». Aceptarla es «abrir», es decir, reconocer el signo de la presencia y dejarse invadir por tal presencia. Ese «gota a gota de rocío» de que habla nuestro autor, más allá de aquel símbolo de lo que representa en tanto que rocío, significa que el ser, debido a su imperfección, no puede recibir la plenitud de la divinidad. Por ello el alma debe desplegarse, soltarse de algún modo y volverse más amplia, como un jarrón cuyas paredes pudieran dilatarse según su contenido. En experiencias como ésta, el alma no es pasiva en absoluto. Al «Ábreme» de Gilberto de Holanda corresponde el «tu rostro es lo que busco (faciem tuam requiro), muéstramelo (doce me), de Guillermo de San Thierry. Si la experiencia espiritual es primero un diálogo, se acaba en el silencio. En esta experiencia, no es el revestimiento del misterio lo que se presenta, y de alguna manera lo vela, como una corteza: la almendra se ofrece, el interior del fruto se revela. Así, San Bernardo en uno de sus sermones, De diversis (XVI, 7), hace alusión a Dios, que sacia a los santos con la flor del trigo y no con la envoltura de los misterios: ubi adipe frumenti, non cortice sacramenti satiabit nos Deus: luego vuelve varia veces sobre el tema de la envoltura del misterio y de la flor del trigo refiriéndose a la fe y a la visión cara a cara. Hay que pasar por la envoltura para alcanzar el grano de trigo y saciarse con él, la corteza hecha de paja no constituye alimento para el hombre espiritual. Sólo el hombre carnal, comparado por San Bernardo a una bestia de carga, puede contentarse con ello.
jueves, 7 de octubre de 2010
SÍMBOLOS, los signos de la tierra transfigurada - Marie-Madeleine Davy (XXII)

EXPERIENCIA ESPIRITUAL E INICIACIÓN A TRAVÉS DE LOS SÍMBOLOS
El término iniciático es de uso delicado cuando se trata de la simbólica cristiana, ya que evoca un sentido de segregación, de una minoría de elegidos, escogidos que se separan de la masa profana. Ya tuvimos ocasión para decirlo, y es además cosa bien sabida, que el cristianismo se dirige a la totalidad de los hombres; la iniciación cristiana es en sí accesible a cada uno. Mas si no existen las castas desde el punto de vista social, la selección se produce en el terreno de la calidad del alma o más exactamente consiste en la presencia o en la ausencia de la experiencia espiritual. Ésta resulta de un doble movimiento, pues es gracia y aceptación de esa gracia. La experiencia espiritual es comparable a una iniciación. Puramente interna, enteramente espiritual, puede ser suscitada por elementos externos; en este caso siempre hay un movimiento que va del exterior al interior, siendo el guru en este caso aquel «maestro interior» del que hablaba San Agustín.
Un texto de Gilberto de Holanda ilustra bien nuestra idea. En su comentario al XLIII Sermón sobre el Cantar de los Cantares, éste presta al Esposo (Cristo) dirigiéndole a la Esposa (el alma), una invitación apremiante: «Ábreme (aperi mihi), que yo estoy ya en ti mismo, pero ábreme aún así para que pueda estar en ti con plenitud mayor. Ábreme para que cumpla en ti una nueva entrada. He de darte el rocío de un nuevo impulso de amor... haré caer gota a gota sobre ti los secretos de mi divinidad».
lunes, 27 de septiembre de 2010
SÍMBOLOS, los signos de la tierra transfigurada - Marie-Madeleine Davy (XXI)

¿Cómo manifestar la naturaleza o la presencia de Dios, si no es por símbolos? En este aspecto, un texto de Máximo de Tiro evoca perfectamente lo que queremos expresar: «Dios padre de todas las cosas y su creador, es anterior al sol y más antiguo que el cielo; más fuerte que el tiempo y la eternidad, y más fuerte que la naturaleza entera que transcurre... Su nombre es indecible, y los ojos no podrían verlo. Entonces, al no poder captar su esencia, buscamos ayuda en las palabras, en los nombres, en las formas animales, en las figuras... en los árboles y en las flores, en las cimas y en las fuentes. Con el deseo de comprenderlo, en nuestra debilidad, prestamos a su naturaleza las bellezas que nos son accesibles... Es una pasión similar a la del amante, para el cual es tan dulce ver un retrato del ser amado, o incluso su lira, su jabalina... Cualquier objeto que despierte su recuerdo...» (Philosophumena, Oratio, II, 9-10)
Según Sugerio, abad de San Denis, «nuestro limitado espíritu no puede captar la verdad sino por medio de representaciones materiales». En la fachada de su iglesia abacial, una inscripción magnifica la belleza del arte:
«Lo que brilla aquí dentro, la puerta dorada os lo anuncia:
por la belleza sensible, el alma, aún grávida de peso, se eleva a la verdadera belleza,
y de la tierra donde yacía enterrada, resucita al cielo,
al ver la luz de estos esplendores»
sábado, 18 de septiembre de 2010
SÍMBOLOS, los signos de la tierra transfigurada - Marie-Madeleine Davy (XX )

LA FUNCION DEL SÍMBOLO
La función del símbolo consiste en religar lo alto con lo bajo, creando entre lo divino y lo humano una forma de comunicación que deje conjuntados uno a otro. No se trata de celebrar «el matrimonio del cielo y del infierno» según la expresión de William Blake, sino las nupcias de lo divino y de lo humano. Mircea Eliade ha mostrado que el símbolo no sólo «prolonga una hierofanía o actúa como sustituto», sino que su importancia proviene de «que pueda continuar el proceso de hierofanización, y sobre todo, porque, si llega el caso, él mismo es una hierofanía, es decir, que revela una realidad sagrada o cosmológica que ninguna otra "manifestación" está en condiciones de revelar». De esta manera el símbolo, en su realidad profunda, da testimonio de la presencia de lo divino, traza un círculo en torno a lo sagrado y por este hecho es comparable a una revelación. El hombre siente así una experiencia más o menos inefable de lo divino que adopta formas diversas, dependiendo del punto de la trayectoria sobre la que los símbolos se sitúan y del nivel espiritual del hombre que deviene sujeto de dicha experiencia. Ya sea telúrico, vegetal, animal, solar, etc., el símbolo contiene siempre un dinamismo proporcional a lo que expresa. Existe pues una escala de los símbolos que contiene toda una gama hierofánica concerniente a lo sagrado, pero abordándolo en su umbral o ya en su centro.
(...)
martes, 31 de agosto de 2010
SÍMBOLOS, los signos de la tierra transfigurada - Marie-Madeleine Davy (XIX )

En ese tiempo sagrado se sitúa también el tiempo del símbolo. Concierne al tiempo del hombre interno, del hombre espiritual, del hombre orientado, es decir, ordenado, salido de su caos. El símbolo –como Josué– detiene al sol, ya que el tiempo sacralizado está más allá del tiempo creado en el mundo, del que pudo decir San Agustín: «El mundo no fue creado en el tiempo, sino con el tiempo». Pero este tiempo que acompaña la aparición del mundo, el símbolo no lo reconoce, o al menos lo rebasa. «Desde el punto de vista de la historia de las religiones –precisa Mircea Éliade– el judeo-cristianismo nos presenta la hierofanía suprema, a saber: la transformación del acontecimiento histórico en hierofanía. Se trata de algo más que la hierofanización del Tiempo, ya que el Tiempo sagrado es familiar a todas las religiones. Esta vez, es el acontecimiento histórico como tal el que revela el máximo de transhistoricidad: Dios no interviene solamente en la historia, como era el caso del judaísmo; sino que se encarna en un ser histórico... la existencia de Jesús es una total teofanía; se trata de un audaz esfuerzo por salvar en sí mismo el acontecimiento histórico, concediéndole el máximo de ser».
Hablando de arquitectura, Alain emplea la expresión de «arte en reposo». Este término significa un más allá de la duración, del movimiento, y se emparenta con la contemplación. San Bernardo hace mención del eterno solsticio, una visión del reposo, de lo inmutable, donde no existe pasado ni futuro; el eterno solsticio es abolición del tiempo, y su único movimiento –además incesante– se produce en un sentido vertical y no horizontal: es ahondamiento.
El Símbolo se inscribe en este estado de reposo, no se sitúa en absoluto en lo efímero. El cielo y la tierra pasarán (Mat., XXIV, 35; Marc, XII, 31; Luc, XXI, 33). Pero el símbolo no surge en absoluto de este cielo y de esta tierra condenados a desaparecer; hijo de la eternidad pertenece al solsticio eterno.
lunes, 23 de agosto de 2010
SÍMBOLOS, los signos de la tierra transfigurada - Marie-Madeleine Davy (XVIII)

La expresión "in illo tempore" que leemos en la Biblia y que se encuentra al principio de las leyendas bajo la forma de «érase una vez», indica un tiempo en el que el pasado y el futuro no podrían intervenir. "In illo tempore" significa a la vez una salida del tiempo y una entrada en la eternidad, un tiempo accesible desde ahora. «Se le pide al cristiano –dirá Mircea Éliade– convertirse en cuanto tal en contemporáneo de Cristo: lo que también implica una existencia concreta en la historia, así como la contemporaneidad de la predicación, de la agonía y de la resurrección de Cristo.
Este presente escapa del desgaste del tiempo, y quiebra en cierta forma el continuum histórico en el mismo sentido en que San Pablo hace alusión al hombre externo que se debilita y al hombre interno que se renueva día a día (cf. II Cor., IV, 16). Cristo encarnado experimenta en su infancia las leyes del crecimiento: como hombre, muere; como Verbo, trasciende al tiempo histórico. Se sitúa en el tiempo y fuera de él.
martes, 17 de agosto de 2010
SÍMBOLOS, los signos de la tierra transfigurada - Marie-Madeleine Davy (XVII)
EL TIEMPO DEL SÍMBOLO
El tiempo se presenta como un absoluto, y para captarlo conviene experimentar por uno mismo una nostalgia del conocimiento, una constante apertura, un apetito. En la medida de este deseo de conocimiento, de esta apertura, y apetito, el símbolo entrega su contenido, o mejor se revela, pues el conocimiento simbólico es comparable a una revelación.
Esta revelación posee a la vez un carácter personal e impersonal. Personal, ya que la revelación unida al símbolo depende del nivel de aquel que la recibe. Impersonal, ya que siempre es semejante y no varía en el tiempo. Si el conocimiento simbólico se presenta como una comunión, no consiste sólo en la unión del que aprende con el contenido aprehendido; sobrepasa estos límites. Como toda revelación, exige la transmisión aun siendo incomunicable. Esta paradoja, la volveremos a encontrar en el tiempo, en la misma medida de su sacralización.
Por ello el símbolo se presenta como un soporte a través del cual lo absoluto penetra en lo relativo, lo infinito en lo finito, la eternidad en el tiempo. Gracias a él se establece un diálogo y se opera una transfiguración: lo trascendente se impone. Dios quiere revelarse al hombre, el símbolo permite oír su voz. No se trata de contactos fugitivos y efímeros, o al menos dichos contactos sólo son fugitivos y efímeros en la medida en que aquel al que conciernen es incapaz de retener lo conocido, de traspasarlo a su existencia y vivirlo como tal.
El tiempo se presenta como un absoluto, y para captarlo conviene experimentar por uno mismo una nostalgia del conocimiento, una constante apertura, un apetito. En la medida de este deseo de conocimiento, de esta apertura, y apetito, el símbolo entrega su contenido, o mejor se revela, pues el conocimiento simbólico es comparable a una revelación.
Esta revelación posee a la vez un carácter personal e impersonal. Personal, ya que la revelación unida al símbolo depende del nivel de aquel que la recibe. Impersonal, ya que siempre es semejante y no varía en el tiempo. Si el conocimiento simbólico se presenta como una comunión, no consiste sólo en la unión del que aprende con el contenido aprehendido; sobrepasa estos límites. Como toda revelación, exige la transmisión aun siendo incomunicable. Esta paradoja, la volveremos a encontrar en el tiempo, en la misma medida de su sacralización.
Por ello el símbolo se presenta como un soporte a través del cual lo absoluto penetra en lo relativo, lo infinito en lo finito, la eternidad en el tiempo. Gracias a él se establece un diálogo y se opera una transfiguración: lo trascendente se impone. Dios quiere revelarse al hombre, el símbolo permite oír su voz. No se trata de contactos fugitivos y efímeros, o al menos dichos contactos sólo son fugitivos y efímeros en la medida en que aquel al que conciernen es incapaz de retener lo conocido, de traspasarlo a su existencia y vivirlo como tal.
sábado, 7 de agosto de 2010
SÍMBOLOS, los signos de la tierra transfigurada - Marie-Madeleine Davy (XVI)

El símbolo crea una especie de transparencia, por él se opera una presencia de sí consigo mismo. El hombre está orientado, halla su yo verdadero y se encamina en una vía de liberación. El símbolo hace surgir el cuerpo espiritual o cuerpo de resurrección. Del mismo modo que existe una «capacidad de Dios» (capax Dei), podemos hablar justamente de una capacidad de los símbolos (capax symbolorum). El símbolo está lleno de vida, en la medida en que se percibe por un movimiento del alma que se dirige de la periferia hasta el centro. En nuestra existencia cotidiana, miramos y juzgamos según nuestro estado y nuestro punto de vista, y uno y otro se modifican constantemente. Las cosas son para una conciencia media exactamente lo que representan para ella. Lo mismo ocurre con el símbolo. Puede no ser captado por falta de visión.
Si lo ligamos al tiempo, su caducidad aparece de inmediato. En la medida en que se presenta como un modo de lenguaje, revelándonos un conocimiento, es el desvelamiento de una marcha ascendente que rompe con lo provisional, y por ello pertenece a una tierra transfigurada.
viernes, 30 de julio de 2010
SÍMBOLOS, los signos de la tierra transfigurada - Marie-Madeleine Davy (XIII)

Este origen y finalidad del universo románico, es importante que se expresen. El hombre percibe oscuramente la comunidad de suerte y destino que le une al universo, tanto más cuanto en él descubre una sacramentalidad constitutiva de su verdadero alimento espiritual. Este mundo, suspendido como está de Dios, se le aparece lleno de misterios que el conocimiento físico y cósmico no agota. Quiere describirlo, conocerlo y experimentarlo. Pero cuanto más misteriosa es una cosa, más inasible resulta en el lenguaje común. Lo sagrado es por excelencia lo que no puede circunscribirse con palabras. De ahí la relación frecuentemente evocada entre lo sagrado y lo secreto. Lo sagrado no pertenece al campo de lo profano; la realidad sugerida por el símbolo no es jamás ilusoria. Por ello es conveniente encontrar una especie de intermediario para traducir lo inexpresable. Así, en el diálogo del Cantar de los Cantares, el Esposo y la Esposa –lo hemos visto– deben recurrir para representar su amor a expresiones secretas para el no-iniciado, mientras en el lenguaje entre el servidor y su amo, los términos usuales son suficientes. ¿Cómo determinar la belleza del sol y su papel, el agua purificadora, el Paraíso con sus puertas y su árbol?, ¿cómo comunicar a los demás el poder de Dios y la extensión de su reino?; para que el Logos se revele, es preciso moldear la materia. Sea palabra o piedra, hay que darle una forma que desvele lo intraducible y tienda un puente entre dos dimensiones. De ahí la necesidad de recurrir al símbolo y a la imagen que los teólogos, los místicos y los artistas usan ampliamente en el siglo XII.
martes, 27 de julio de 2010
SÍMBOLOS, los signos de la tierra transfigurada - Marie-Madeleine Davy ( XII )

De la atención puesta en la búsqueda de la presencia divina nace la vigilancia ejercida respecto a los signos que la manifiestan. En su viaje terrestre el símbolo será el maná que alimenta al peregrino en su caminar por el desierto, y no sólo lo reconforta, sino que se convierte en una prueba de la acertada dirección de su orientación. Cuando la experiencia de Dios está viva en él, el hombre saborea este encuentro; si Dios parece ausente, el hombre busca signos, busca huellas, con el fin de encontrarlo.
miércoles, 21 de julio de 2010
SÍMBOLOS, los signos de la tierra transfigurada - Marie-Madeleine Davy ( XI )
La percepción de la realidad del símbolo encuentra la realidad del yo profundo; por supuesto es importante no confundir este yo espiritual con la conciencia de orden psicológico. Por eso el hombre románico no sólo no se encuentra desorientado por la presencia del símbolo, sino que al contrario halla así su propia patria, comulga con lo que el símbolo expresa y percibe en sí mismo un eco de lo que capta. De igual modo que el niño distingue en lo que le rodea lo que necesita y discierne respuestas a sus preguntas, el hombre del siglo XII encuentra en el arte una respuesta a su apetito espiritual y a sus problemas.
El símbolo crea una relación entre la fuente original del hombre y su finalidad, es decir, conduce al hombre de su origen a su término, siendo origen y término igualmente divinos.
miércoles, 14 de julio de 2010
SÍMBOLOS, los signos de la tierra transfigurada - Marie-Madeleine Davy ( X )

Claro que los hombres del siglo XII no siempre saben distinguir por sí mismos los símbolos en las imágenes que pueden contemplar en las piedras de sus iglesias románicas. En realidad están dirigidos, enseñados y de algún modo conducidos. La atmósfera religiosa que los impregna les permite no errar y descubrir lo esencial, ya que «los hombres creen más gustosos aquello que les cuentan que aquello que observan». Esta frase de Alain es particularmente válida para la época que nos concierne, ya que son escasos los espíritus críticos que piensan por sí mismos, y no porque sean incapaces, sino porque el medio en el que viven no les incita a la libertad de pensamiento y expresión: otros piensan por ellos. Sin embargo, la mentalidad simbólica es innata en unos hombres íntimamente ligados y alimentados por el mundo de lo invisible, como un embrión es alimentado por la madre que lo lleva en su seno.
sábado, 3 de julio de 2010
SÍMBOLOS, los signos de la tierra transfigurada Marie-Madeleine Davy ( IX )

LAS HUELLAS DE LA PRESENCIA DIVINA
En el siglo XII aparece una aspiración al conocimiento ligado a una intuición original en constante relación al yo profundo. Y esta intuición debe ser considerada como efecto de una simpatía que transporta «al interior de un objeto», para coincidir con lo que en él hay de único y, por consiguiente, de inexpresable. Bergson ha mostrado cómo es posible hacer coincidir lo real con la conciencia en la medida en que se elimina cuanto pueda obstaculizar la aprehensión de lo real. Los monjes destruyen estos obstáculos por la ascesis de los sentidos y más aún del corazón, de ahí la importancia dada a la renuncia considerada en sus diversas formas. Sólo la mirada purificada puede captar la presencia del símbolo y percibir su significado.
jueves, 24 de junio de 2010
SÍMBOLOS, los signos de la tierra transfigurada Marie-Madeleine Davy (VIII)

Cuanto más confesional es una época –como es el siglo XII– más ambigua es, ya que lo religioso puede derivar en un pseudo-espiritualismo que entonces es tan sólo un carnal disfrazado y temporalizado, aprovechado y, por tanto, mentiroso, o bien es subproducto del racionalismo; en ambos casos lo carnal es más auténtico, y preferible por ello.
Sólo los místicos, los poetas y los artistas salvan la realidad del símbolo, y es a través de ellos como conviene buscarlo. El filósofo, en la medida en que es amigo de la sabiduría, es capaz de comprender el contenido del símbolo. El intelectual tiene la ventaja del saber, y sin embargo ese saber puede no convertirse en conocimiento, y significar por consiguiente una forma de ignorancia privada de amor.
Para nuestros autores del siglo XII, el alma-esposa puede acceder a los secretos y a los misterios inefables, sólo ella penetra en la cámara nupcial, después de recorrer la vía ascendente iluminada por la presencia de los símbolos. Participando en la «luz viva» de que habla Santa Hildegarda, hela aquí, como la mujer del Apocalipsis (XII, I) revestida de sol.
jueves, 17 de junio de 2010
SÍMBOLOS, los signos de la tierra transfigurada Marie-Madeleine Davy ( VII )

Pero no deberíamos concluir que el símbolo esté reservado a una minoría, es decir, a los perfectos, excluyendo a la mayoría. El símbolo a todos se presenta, y se ofrece con magnificencia a la mirada del mismo modo que el sol ilumina a los buenos y a los malos (Mat. V, 45). La elección depende de los hombres, de su apetito, de la calidad de su amor, de su libertad, del sentido de su búsqueda. Si el símbolo es raramente considerado en la profundidad de su contenido, es únicamente porque los hombres se desvían, o mejor, no lo advierten. En cuanto al hombre que aprehende el misterio del símbolo y lo vive en sí mismo, no emite el deseo de separarse de la colectividad, sino que sufre al no poder compartir su tesoro. No es él quien se aleja de los otros, sino los otros los que se alejan de él. Bien se trate del siglo XII o de cualquier otro período, la realidad es idéntica y el hombre es siempre el mismo. Prefiere tener a ser, lo profano a lo sagrado, lo terrestre a lo celeste, un compañero de juego para compartir sus placeres, antes que un maestro que lo guíe.
martes, 15 de junio de 2010
SÍMBOLOS, los signos de la tierra transfigurada Marie-Madeleine Davy ( VI )

Al amor y conocimiento del mercenario, del esclavo y del hijo corresponde el símbolo considerado en una plano externo, terrestre y carnal. Con el amor y el conocimiento de la Esposa, el símbolo se capta en su realidad profunda. Del mismo modo que el hombre que se encuentra únicamente en el plano terrestre puede ser considerado como un gnomo que no ha adquirido su estatura humana, el símbolo tomado en un sentido de exterioridad aparece insuficiente, vacío de sustancia, privado de profundidad.
sábado, 29 de mayo de 2010
SÍMBOLOS, los signos de la tierra transfigurada Marie-Madeleine Davy ( V )

Como vemos, nada hay de falso en el plano carnal, estrictamente terrestre, pero todo está allí limitado, ya se trate del espacio o del tiempo. El símbolo, considerado en un nivel carnal, se queda en el circuito de la exterioridad, es decir, de lo que vive y muere, lo que nace y pasa, lo que está cerrado y separado. Pero el símbolo, aprehendido en un nivel espiritual, se hace puente, presencia, lenguaje universal, vida concebida en otro orden: el de la eternidad. El símbolo concebido únicamente por el hombre carnal está privado de eco, y permanece en una zona de sombra; en cambio con el hombre nuevo –o espiritual– el símbolo ya es verbo, luz, hierofanía y teofanía, inaugurando por ello un tiempo nuevo: el de la transfiguración.
jueves, 20 de mayo de 2010
SÍMBOLOS, los signos de la tierra transfigurada Marie-Madeleine Davy ( IV )

Si tratamos de interpretar un texto bíblico, volvemos a encontrarnos por ejemplo con esta dualidad de sentido en relación al conocimiento sensible o espiritual. Cuando se dice que el hombre debe abandonar a su padre y a su madre (cf. Mat. X, 36) podemos referirnos a una familia física. Pero el sentido espiritual también evoca la parentela de nuestros sentidos externos, que nos hacen prisioneros (Ver San Bernardo, Sermón VI, 1, De diversis)
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