lunes, 29 de mayo de 2023

Como el más pequeño


¿Tienes una balanza al alcance de la mano? Pues si es así, pon en uno de los platillos esas cosas que tanto te preocupan ahora y comprobarás –inmediatamente- que no tienen peso ni valor alguno. En cambio, si colocas en el otro platillo eso bueno que acabas de leer y esas otras magníficas realidades del espíritu, lo que está en tu corazón, el peso será enorme y hasta se romperá la balanza, pues no hay modo de pesar, ni de medir tanta maravilla.
Lo que te duele, duele y tanto, según la atención que le prestas y a causa de la ansiedad que te desvía.
Esta ansiedad proviene de una sed desproporcionada de “realizaciones”, sobre todo en el orden afectivo (por decírtelo así), que heredas desde hace tanto, tanto tiempo, de situaciones que bien conoces o que puedes rectamente suponer.
Fíjate muy bien: tu pedido, desde luego, es legítimo. Pero de “otra cosa”. No es fácil acertar, pero cuando sufres no sufres de lo que crees sufrir.
Si conocieras bien la clave de todo ello, estoy persuadido de que estas jornadas te alegraran, porque descubrirías en este “camino de la cruz” una asombrosa fecundidad, una obra que supera cualquier empresa, fundación o discurso. Lo que vale es la cruz que Dios da. O lo que Dios da de ella.
Será, sin embargo, muy difícil y raro superar esos “dolores” y evitar otros… Se trata, nada menos, de algo que es legítimo que, alguna vez, te arrebataron y que retorna con mil caras y caretas a presentarse tan ansiosamente deseable en las ocasiones de crisis y –sobre todo- de injusticia que puedas padecer.
Pero no temas. El Señor ha vencido al mundo. La batalla de esta angustia ya está ganada. Sólo ves su ocaso y su caída. La fuente de ese resplandor engañoso ya no está. Asistes a sus últimos reflejos en el cielo de la noche nueva.
Repito, no temas. Estas palabras las dicta mi ángel en la noche oscura y serena. Es el misterio de la “soledad sonora” que, con suavidad, insinúa la senda verdadera.

Muchos son los caminos, es verdad, pero hay uno que interesa aquí. Sí, uno solo. Y ese camino es el que trazan tus propios pasos. Es el camino de tu vida, insospechado e insospechable. No puedes distinguirlo, no acabas de verlo así no más, pero es. En efecto, está ahí o aquí, como quieras. En suma está, porque –quieras que no- lo trazas y lo sigues. Y llegas a saber muy bien que todo él constituye un regalo, un don verdadero, que viene de lo profundo, que viene de Dios.

Pero ¿Quiénes somos? Esto lo preguntas siempre y no hallas respuesta que te conforme. Sé que interrogas acerca del “sentido”, de lo más profundo, de esa vida que, a veces, parece escapar de nuestras manos y de cualquier medida o modo que intentemos para “comprender”, sí, para comprender.
En un cierto sentido, has de escapar de tu propia comprensión, si ésta se diera ahora mismo o alguna vez. No puedes encerrar en tus categorías (por decirlo así) lo que las excede. Tú eres más… No puedes abarcar con tu razón lo que está por encima de ella, porque tú eres más. No podrás medir ni determinar esa vida y peregrinación tuya ¡que tanto te aflige! Porque tú eres más. ¡Y tanto más!
No comprendas encerrando, midiendo y razonando. Deja advenir, deja llegar, acoge una y otra vez. Pero ¿Cómo –me dirás- no debo acaso discernir y juzgar convenientemente acerca de sucesos y cosas? Sin duda –te respondo en seguida- cuando se trata de lo que está en tus manos y en tu misión, sobre todo si depende de tu responsabilidad y cuidado. Pero de lo escondido, de tu impotencia o de lo que te supera, de lo que no depende de ti, como diría Epicteto, ante todo ello, acoge y persevera.
¿Quién eres? El Tú de Dios. ¿Estás dispuesto a “velar una hora” con Él? Te lleva en su Corazón y tú, misteriosamente, en el tuyo, sin distancia alguna. No que ocupe Él un “espacio”. Es que tu corazón es suyo.
Vuélvete niño... Es la hora del más pequeño. Sumérgete en el Misterio de Cristo-Jesús en el Espíritu, como el más pequeño... Alégrate y no temas.

lunes, 22 de mayo de 2023

meditaciones de un peregrino

 

Aunque deje algunas heridas, y aún cicatrices, la lucha no nos daña. Como con Antonio en el Desierto, los enemigos adoptan figuras grotescas... No se detienen, ni pierden el tiempo, volviéndose "objetivas" o "racionales". No, las "tentaciones" se dirigen a nosotros y del modo más efectivo, como más nos duele. O, simplemente, donde obtienen mayor éxito y el resultado que apatecen. No es cuestión de temer ni de vacilar. Los fantasmas mienten. Es verdad que procuran asustar... Nuestro valor es confiar y abandonarnos en el Señor. Repito: no importan las heridas. Es preciso no desfallecer y continuar la lucha y el camino.

Ora e invoca el Nombre del Señor. Cada vez que lo hagas, cada vez (y hazlo siempre), abandónate totalmente a Él. Dios está aquí.

sábado, 20 de mayo de 2023

CANTAR DE SILENCIO


Es hora del nuevo silencio que no nos atrevemos a comunicar… Poco a poco el alma se aleja y se pregunta por dónde va, cuál camino sigue, qué pasa, que todo es tan singular.
No comprende, no puede ya discernir con claridad. Antes, antes de ayer, todos los trazos y perfiles parecían nítidos, los pasos se daban, uno tras otro, sin vacilaciones. Las leyes eran claras y las costumbres también. Las indicaciones no faltaban y no había necesidad de soportar interrogantes sin esperanza de respuesta segura…
Hoy, todo es desierto. Los despropósitos son de tal magnitud, las sinrazones tan grandes, que no podemos intentar diálogos, por lo menos apresurados, para procurarnos una ayuda o alguna luz. Sólo la dimensión nocturna puede decirnos algo con su acorde de silencio.
Pero ¿caminamos hollando sendas prudentes y justas? ¿Es esto mismo, estas opciones inesperadas, lo que se aguarda de nosotros? Sólo la noche, sólo la noche. En la hora de las irresponsabilidades se espera nuestra solitaria “responsabilidad”. ¿Nos hallamos –en cierto modo- “fuera de la ley”? ¿Somos una excepción tan…notable?
El “peso” y la “gravedad” de un “pasado”, al cual no hemos de renunciar, nos lleva por donde no sabemos, por los caminos de una aventura insospechada.
No podíamos imaginarla así. Ha surgido no sé qué desde el “fondo de la noche” y (eso mismo) traza direcciones, límites y condiciones nuevas. Por lo cual “parecemos” o “aparecemos” como una diferencia, en ciertos casos hasta antipática. Alguien ha hecho ya, y con acierto, el elogio de la diferencia. Acerca de esto no es necesario insistir ahora.


¿Silencio que es olvido? Quizá… Pero intentamos decir otra cosa. Nos hallamos en un paraje que debe ser reconocido por sí mismo. La aceptación de este acontecimiento comporta inmediatamente un abandono sin condiciones. En efecto, se trata de no atascarse, de cortar cualquier atadura que nos detenga en el camino.

El “abandono” y el “ser separado” o “desasimiento” comportan, desde el inicio, esta “liberación”, a pesar de todos los riesgos que puedan invocarse.
El “peregrino” debe salir probado, después de un largo período, durante el cual el dolor o las contradicciones, su estudio y su responsabilidad, su disponibilidad y su obediencia, hayan tallado en el buen leño lo que denominaremos ahora una “conciencia” en condiciones de guiar todos sus pasos. Este es el papel de la virtud de la Prudencia, que sabemos elevada por el don de Consejo del Espíritu Santo.




Admirable música, esa que intento discernir en una profundidad siempre nueva. El canto nunca se detiene, porque es silencioso, quedo, portador de paz.
Yo sé dónde resuena y cómo. Yo sé que es SILENCIO.



Alcanzar el silencio… Dejarlo llegar… Dejarlo que ascienda… Porque desde siempre está.

Aunque los ruidos y los gemidos dancen alrededor. Aunque los conceptos y los pensamientos azoten por aquí y por allá. El silencio es más hondo que todos ellos. El SILENCIO ES MÁS HONDO.
Fíjate bien en esta condición, en este HECHO de la “hondura”. En ese nivel de profundidad nada puede alcanzarte.
¿Te animas a descender hasta allí?

Pues, inténtalo. Comienza. No te apresures. Simplemente despréndete, sepárate… Vuelve una y otra vez a tu corazón. Cada ocasión será más profunda. Sigue, busca… Que, por fin, alcanzarás. O serás hallado, alcanzado tú, más allá de ti. O más aquí.
Abandona ese “ego” artificial y el mundo que lo sustenta. Aunque parezca muy propio y “religioso”, déjalo. Nada tiene de lo que buscas y de lo que te busca y llama. Ve más allá.

miércoles, 17 de mayo de 2023

Interrogantes


En efecto, en muchas ocasiones el "fin" nos parece muy distante y corremos el riesgo de abandonar nuestro camino y nuestro propósito. Sin embargo no olvidemos nunca que quien se puso en marcha, de alguna manera, llegó a destino. Pero más profundamente es urgente redescubrirlo todo desde Dios. Hemos recibido un don... No es necesario procurarse lo que ya se posee. Es, eso sí, imprescindible, descubrirlo. Quizá no hemos meditado suficientemente...
La perspectiva es indudablemente otra cuando vemos en Aquél que nos ve o desde Él. Cuando nos dejamos sumergir en Su misterio que es nuestro también. Por eso nuestro andar es siempre confiado, aunque no abarquemos lo que nos abarca... ¿Para qué? El hondo respiro cotidiano hecho oración y elevado sin cesar a la intimidad en el Corazón de Dios. No es una acrobacia. Es lo que se nos da, si realmente lo queremos así. Es lo que poseemos cuando lo recibimos en el corazón. Es como la misma vida, que nadie puede asir a su antojo y, sin embargo, la poseemos y nos posee sin más.

martes, 16 de mayo de 2023

¿Es hora de comenzar?


Desde luego. Ha llegado simplemente la hora, el instante de abrazar el camino de Dios. Es simplicísimo. La mayor novedad es elegir, sin titubeos, las formas pequeñas: la oración simple e inmediata. Y caer en la cuenta del valor inmenso que posee. La repetición de una plegaria desde el corazón, la conciencia de un "estado" de disposición para la gracia de Dios, para el Señor mismo que obra y ora en lo profundo del corazón. Quizá nuestros fracasos se deban a que suponemos cosas complicadas y a dar cien vueltas alrededor de lo más cercano, buscando "otros" modos y nunca conformes con lo que adviene. Oremos con la salutación angélica...

lunes, 15 de mayo de 2023

Cuando vas de camino


Una de las mayores invitaciones que esta "hora" descubre es aquella de ENTRAR en el secreto interior. Y no porque a nuestro alrededor sólo topemos con ilusiones o desilusiones... Sino porque es propio de los peregrinos alcanzar esos horizontes que levantan al Cielo, que dicen de Dios. Y no es cuestión de "entretenerse" en preámbulos. Al contrario, es preciso acudir directamente y sin vacilar cuando se trata de semejantes parajes. También acontecimientos, y los más inesperados. No, ese "horizonte" no está lejos. Está aquí... Y es ¡¡tan inmediato!!
El descubrimiento del "monacato interior" o interiorizado, nos plantea una conversión y una consagración profundas, una vez que hemos "descendido" al corazón o que hemos comenzado nuestro retorno a casa, que es la Casa del Padre.
Todo empeño en esta senda parece lento y de modestos, muy modestos resultados. Sin embargo hemos de tener en cuenta que lo que se sigue a nuestra decisión es patrimonio del silencio, de la delicadeza y de la gracia de Dios. No es ruidoso. No hay manera de hacerlo ante los innumerables testigos que -quizá- nos dieran no sé qué seguridades. No, es hora de cerrar la puerta de la habitación y sumergirse en la intimidad de Dios.

viernes, 12 de mayo de 2023

Bienvenido al camino que no conoce fronteras!!!!!!

 


Mi querido peregrino, llegas a un blog muy especial para tí... Tenemos la pretensión de llegar más allá de las fronteras, al Cielo que nos regala la bondad y la misericordia de Dios. Eres bienvenido e invitado a esta aventura, una vida de contemplación y de oración allí mismo adonde te encuentres o por donde vayas.

viernes, 28 de octubre de 2022

https://www.quenotelacuenten.org/2022/10/28/poligamia-madre-tierra-y-mas-yerbas-leyendo-los-sinodos-de-los-tiempos/

 

Poligamia, madre tierra y más yerbas. Leyendo los sínodos de los tiempos

Se publicó ayer, 27 de octubre de 2022 el instrumento de trabajo para la nueva etapa del “camino sinodal” iniciado en 2021.

No se trata de un documento conclusivo ni de algo que sea “Magisterio de la Iglesia” (que hoy ya nadie sabe definir qué es, por cierto…).

El “Documento para la Fase Continental del Sínodo” (DEC), es un elemento “orientativo” para la nueva etapa del “proceso sinodal” que durará (pufff!!!) hasta 2024.

Es la respuesta (¿seleccionada por quién o quiénes?) a la consulta hecha al “Pueblo de Dios” y fruto del “discernimiento de los Pastores” (cfr. n.9); es decir, qué es lo que «el pueblo» querría, síntesis final de una verdadera teología desde abajo (o «desde la cintura para abajo», como diría un amigo).

Como en bazar, hay de todo.

Entre los puntos y temas abordados, destacan los de abajo (transcribimos con negritas y ponemos títulos pues la realidad es tan burda que no tiene sentido siquiera comentarla).

– «¿Cómo seguirá la cosa?».

– «Pues lo veremos pronto…, hay que saber leer los sínodos de los tiempos».

Que no te la cuenten…

P. Javier Olivera Ravasi, SE

 


“Documento para la Fase Continental del Sínodo” (DEC)

(extractos con selección propia)

Las mujeres “exiliadas de la Iglesia” y el diaconado y presbiterado femenino

Nro. 38. Las síntesis muestran claramente que muchas comunidades han comprendido la sinodalidad como una invitación a escuchar a los que se sienten exiliados de la Iglesia. Los grupos que experimentan un sentimiento de exilio son diversos, empezando por muchas mujeres y jóvenes que no ven reconocidos sus dones y capacidades. Dentro de este conjunto heterogéneo de personas, muchos se consideran denigrados, abandonados, incomprendidos.

Nro. 61. Desde todos los continentes llega un llamamiento para que las mujeres católicas sean valoradas, ante todo, como miembros bautizados e iguales del Pueblo de Dios.

Nro. 63. El sexismo está muy extendido […]. En consecuencia, las mujeres se ven excluidas de funciones importantes en la vida de la Iglesia y sufren discriminación (…). Se tiende a excluir a las mujeres y a confiar las tareas eclesiales a los diáconos permanentes; y también a infravalorar la vida consagrada sin hábito, sin tener en cuenta la igualdad fundamental y la dignidad de todos los fieles cristianos bautizados, mujeres y hombres (…). Muchas síntesis, tras una atenta escucha del contexto, piden que la Iglesia continúe el discernimiento sobre algunas cuestiones específicas: (…) la posibilidad de que las mujeres con una formación adecuada prediquen en los ambientes parroquiales, el diaconado femenino. Se expresan posturas mucho más diversificadas con respecto a la ordenación sacerdotal de las mujeres.

El zoológico sin arrepentimiento: desde divorciados a polígamos. Todo adentro

Nro. 39. Entre los que piden un diálogo más incisivo y un espacio más acogedor encontramos a quienes, por diversas razones, sienten una tensión entre la pertenencia a la Iglesia y sus propias relaciones afectivas, como, por ejemplo: los divorciados vueltos a casar, los padres y madres solteros, las personas que viven en un matrimonio polígamo, las personas LGBTQ. Las síntesis muestran cómo este reclamo de una acogida desafía a muchas Iglesias locales (…) «Hay un nuevo fenómeno en la Iglesia que es una novedad absoluta (…). Hay católicos (…) que han empezado a practicar este comportamiento y esperan que la Iglesia los acoja a ellos y a su forma de comportarse (…). La Eucaristía, sacramento de la unidad en el amor en Cristo, no puede convertirse en motivo de enfrentamiento ideológico, ruptura o división”.

Liturgia

Nro. 93. “Las síntesis no dejan de resaltar también las principales limitaciones de la praxis celebrativa, que oscurecen su eficacia sinodal. En particular, se subraya: el protagonismo litúrgico del sacerdote y la pasividad de los participantes; el alejamiento de la predicación respecto a la belleza de la fe y la concreción de la vida; la separación entre la vida litúrgica de la asamblea y la red familiar de la comunidad.

 Comunión para “todes”

Nro. 94. Una fuente particular de sufrimiento son todas aquellas situaciones en las que el acceso a la Eucaristía y a los demás sacramentos se ve obstaculizado o impedido por diversas causas (…). Muchas síntesis también dan voz al dolor que experimentan los divorciados vueltos a casar por no poder acceder a los sacramentos, así como los que han contraído un matrimonio polígamo.

Madre Tierra y ecologismo moderno y cambio climático

Nro. 45. El Pueblo de Dios expresa un profundo deseo de escuchar el grito de los pobres y el clamor de la tierra. En particular, las síntesis nos invitan a reconocer la interconexión de los retos sociales y medioambientales y a responder a ellos colaborando y formando alianzas con otras confesiones cristianas, creyentes de otras religiones y personas de buena voluntad (…). Abordar los desafíos socioambientales ya no es opcional: «es nuestro deseo proteger esta parte de la creación de Dios, ya que de muchas maneras el bienestar de nuestros pueblos depende del océano. En algunos de nuestros países, el océano representa la amenaza principal, ya que el cambio climático tiene consecuencias drásticas para la propia supervivencia de estos países».

Necesidad de “integrar” ritos culturales a la Eucaristía

Nro. 55. La gente expresa el deseo de promover (y en algunos casos recuperar y profundizar) la cultura local, de integrarla con la fe, de incorporarla a la liturgia. «Los cristianos están llamados a ofrecer su contribución desde su propia visión de la fe para inculturarla en los nuevos contextos culturales […]. Esta diversidad de enfoques es vista como la puesta en práctica de un modelo de interculturalidad, en el que las distintas propuestas se complementan y enriquecen mutuamente, superando el de la multiculturalidad, que consiste en la simple yuxtaposición de culturas cerradas al interior de sus propios perímetros» (Consejo Pontificio para la Cultura)

El indigenismo

Nro. 56. Se pide que se preste especial atención a la situación de los pueblos indígenas. Su espiritualidad, sabiduría y cultura tienen mucho que enseñar (…). Algunas síntesis evidencian la necesidad de reconciliar las aparentes contradicciones que existen entre las prácticas culturales o las creencias tradicionales y las enseñanzas de la Iglesia.

Clérigos contra laicos

Nro. 58.«Algunos párrocos se comportan como “dispensadores de órdenes”, imponiendo su voluntad sin escuchar a nadie. Los cristianos laicos no se sienten miembros del Pueblo de Dios. Tienen que reprobarse las iniciativas demasiado “clericalitas”. Algunos agentes de pastoral, clérigos y laicos prefieren a veces rodearse de quienes comparten sus opiniones y alejarse de aquellos cuyas convicciones son hostiles y están en desacuerdo con ellos».

La liturgia: no es el santo Sacrificio, sino un “acto comunitario”

Nro. 91. La escucha sinodal de las Iglesias registra muchas cuestiones que deben abordarse: desde el replanteamiento de una liturgia demasiado centrada en quien preside, hasta las formas de participación de los laicos, pasando por el acceso de las mujeres a las funciones ministeriales (…). Intentamos que la celebración litúrgica sea más viva y participada por toda la comunidad de creyentes: sacerdotes, laicos, jóvenes y niños, que leen los signos de los tiempos con discernimiento sólido.

Ritos preconciliares

Nro. 92. La experiencia de las Iglesias también registra nudos de conflicto (…) como es el discernimiento de la relación con los ritos preconciliares: las divisiones sobre la celebración de la liturgia se han reflejado en las consultas sinodales. Desgraciadamente, la celebración de la Eucaristía se vive también como un motivo de división dentro de la Iglesia. En el ámbito litúrgico, la cuestión más común es la celebración de la misa preconciliar. La gente se queja de las restricciones en el uso del misal de 1962.

 

sábado, 27 de noviembre de 2021

BREVE HISTORIA DE LA COMUNIÓN EN LA MANO. ORIGEN HISTÓRICO DE SU USO Y DESUSO

 IGLESIA Y SOCIEDAD

BREVE HISTORIA DE LA COMUNIÓN EN LA MANO. ORIGEN HISTÓRICO DE SU USO Y DESUSO

 «La administración del Cuerpo de Cristo corresponde al sacerdote
por tres razones: porque él consagra en la persona de Cristo…
 porque el sacerdote es el intermediario designado
entre Dios y el pueblo… porque por reverencia a este  Sacramento,
nada lo toca sino lo que está consagrado”
(Santo Tomás de Aquino, S. Th, III, q. 82, a. 13)

Por: P. Javier Olivera Ravasi

A raíz de varias consultas sobre el tema de la posibilidad o no de la comunión en la mano, nos hemos visto obligados a resumir su historia, su conveniencia e inconveniencia, basándonos, principalmente, en el excelente trabajo de Mons. Juan Rodolfo Laise titulado, La comunión en la mano. Documentos e historia, Vórtice, Buenos Aires 2005, 152 pp (1), al cual remitimos.

Con las presentes líneas sólo hemos querido acercar al público en general la historia del uso y desuso de esta práctica hoy en día tan extendida que comenzó siendo un permiso excepcional y hoy parece norma general.

1) Contexto del permiso para recibir la comunión en la mano

En el documento de Pablo VI titulado “Memoriale Domini. De modo Sanctam Communionem ministrandi[2] del año 1969, el Papa planteaba que, en algunos lugares, se venían cometiendo diversos abusos litúrgicos al impartir la Sagrada Comunión en la mano con la excusa de que se seguía, de ese modo, un uso antiguo.

Puntualmente, la práctica era seguida en diversos países de tradición protestante (Holanda, Alemania, Bélgica, etc.) que, por aquel entonces, sufrían una enorme pérdida de la Fe (recordemos el famoso “Catecismo holandés”, que debió ser corregido por el mismo Pablo VI), poniendo en duda la presencia real de Cristo en la Eucaristía, negando cualquier clase de presencia en las partículas o fragmentos de hostia, al mismo tiempo en que no se distinguía con claridad entre el sacerdocio común de los fieles y el sacerdocio ministerial.

Es decir: era un tiempo de crisis de Fe, de allí que Roma rogase “prevenir todo peligro de que penetren… falsas opiniones sobre la Santísima Eucaristía”, sostenidas, justamente, por los promotores de la desobediencia.

2) Una excepción que se volvió regla

Ante la práctica generalizada en estos países, la Santa Sede se vio obligada a actuar y reafirmar que la comunión en la boca no sólo era la práctica que “ya debe considerarse tradicional” en la Iglesia (MD, 1278) sino que el dar la comunión en la mano podía conllevar ciertos peligros, a saber: “el que se llegue ya a una menor reverencia hacia el augusto Sacramento del altar, ya a la profanación del mismo Sacramento, ya a la adulteración de la recta doctrina” (MD, 1279).

Se realizó entonces una encuesta entre la mayoría de los obispos del mundo sobre qué convenía hacer ante los abusos: la respuesta fue categórica: la inmensa mayoría determinó que debía seguirse con la forma de administrar la comunión (de rodillas y en la boca), pero… ¿qué hacer en aquellos países donde la costumbre se hubiese, ilegítimamente, arraigado?

Y se respondía: “si en alguna parte el uso contrario… se hubiera arraigado ya, la misma Sede Apostólica… confía a estas mismas Conferencias la carga y el oficio de sopesar las circunstancias peculiares, si las hay, con la condición, sin embargo, tanto de prevenir todo peligro de que penetren en los espíritus la falta de reverencia o falsas opiniones sobre la Santísima Eucaristía” (MD, 1282).

Es decir: dejaba en las manos de las Conferencias Episcopales (la reunión de obispos de cada país) que votasen y, luego, comunicasen a Roma su decisión, dejando –eso sí– libertad a cada obispo en su diócesis.

El documento se completaba con una Carta Pastoral en la que se concedía a las Conferencias Episcopales el indulto (permiso) de distribuir a los fieles la Sagrada Comunión en la mano, siempre y cuando ese modo de recibir la comunión ya fuese frecuente allí por la costumbre, dejando en claro que: “La nueva manera de comulgar no deberá ser impuesta de modo que excluya el uso tradicional… De modo que cada fiel tenga la posibilidad de recibir la Comunión sobre la lengua” (n. 1285, 1) por lo que el “el rito de la Comunión dada en la mano no debe ser aplicado sin discreción” (n. 1286, 2).

Es decir, se trataba de una excepción y de un indulto (un “perdón” o “permiso excepcional”).

3) El caballito de batalla: “los primeros cristianos comulgaban así”

Quienes han argumentado el tema de la comunión en la mano han hecho uso siempre de un arcaísmo litúrgico, es decir, “los primeros cristianos lo hacían así”.

Sobre el tema, el mismo Papa Pío XII decía, refiriéndose a quienes intentan hacer renacer “lo que se hacía antes”, sin demasiado criterio, lo siguiente: “la liturgia de los tiempos pasados merece ser venerada sin ninguna duda; pero un uso antiguo por el mero hecho de su antigüedad no ha de ser considerado más apto y mejor ya en sí mismo (Mediator Dei, nº 43).

La vuelta a una forma antigua no es por sí misma un motivo de tranquilidad. Menos aún cuando esa forma fue abandonada en algún momento, desechada luego y finalmente prohibida por su imperfección.

Como sucedió con la comunión en la mano…

Casualmente –y aunque parezca una paradoja– que debe hacerse siempre y en todo lugar lo que se hizo antes son normalmente los primeros en atacar, por ejemplo, la misa tradicional, la comunión de rodillas, el canto gregoriano, etc., etc.

Además; si debiésemos seguir en todo a los “primeros cristianos”, sin más criterio que “porque antes se hacía así”, deberíamos:

– Consagrar la Eucaristía sobre la piel de un asno (como algunos nestorianos hacían).

– Dejar de comulgar habitualmente (antes se comulgaba apenas una vez al año o en fiestas y solemnidades importantes).

– Sentarnos por separados, hombres y mujeres.

– Celebrar de cara a Dios.

– Ayunar desde la noche anterior.

–  Para las mujeres, usar el velo.

Es decir: “todo tiempo pasado fue mejor”, cuando conviene.

4) ¿Cómo comulgaban los primeros cristianos y por qué dejaron de hacerlo así?

Los testimonios antiguos en este sentido son múltiples y no siempre uniformes.

Uno de los más famosos y más manoseados, quizás resulte el de San Cirilo de Jerusalén (S IV) que narra así el rito de la comunión:

“Acercándote por lo tanto, no lo hagas con las palmas de las manos separadas, ni con los dedos apartados, sino haz con la izquierda un trono para la derecha ya que esta mano está a punto de recibir al Rey. Haciendo el hueco con la palma, recibe el Cuerpo de Cristo, añadiendo ‘Amén’… ¿Porque dime: si alguno te diese unas limaduras de oro ¿no las guardarías con toda diligencia procurando no perder nada de ellas? ¿No procurarás, pues, con mucha más diligencia que no se te caiga ninguna migaja de lo que es más precioso que el oro y las piedras preciosas?… “Y después de que hayas tomado el Cuerpo de Cristo y hayas recibido el cáliz de la Sangre, no estires tus manos sino inclínate haciendo un acto de reverencia y profunda veneración y di ‘Amén’ y santifícate tomando la Sangre de Cristo también. Mientras la humedad esté todavía sobre tus labios, tócalos con tus manos y santifica tus ojos, tu frente, y todos tus otros órganos sensoriales. Finalmente, da gracias a Dios, que te ha considerado digno de tales misterios”.

Hasta aquí, el texto atribuido a San Cirilo que, por lo extraño de la última parte (la de tocarse los sentidos externos) ha sido considerado dudoso o, al menos, con partes interpoladas.

Otros autores antiguos también narran algo parecido al momento de explicar el rito de la comunión:

Tertuliano, dice: “cuidamos escrupulosamente que algo del cáliz o del pan pueda caer a tierra”; San Hipólito recomienda: “cada uno esté atento… que ningún fragmento caiga y se pierda, porque es el Cuerpo de Cristo que debe ser comido por los fieles y no despreciado”; San Efrén: “comed este pan y no piséis sus migas… una partícula de sus migas puede santificar a miles de miles y es suficiente para dar vida a todos los que la comen”; y Orígenes: “Con qué precaución y veneración, cuando recibís el Cuerpo del Señor, lo conserváis de manera que no caiga nada o se pierda algo del don consagrado. Os consideraríais justamente culpables si cayese algo en tierra por negligencia vuestra”.

Todos estos autores, vale decirlo, narraban el rito mientras la Iglesia carecía de libertad, es decir, en tiempos de persecución, antes del Edicto de Milán y la relativa paz que trajo Constantino (313) de allí que, casi por la misma época, otros autores narrasen expresamente el contexto de esa «comunión en la mano», como es el caso de San Basilio Magno (330-379):

“No hace falta demostrar que no constituye una falta grave para una persona comulgar con su propia mano en épocas de persecución cuando no hay sacerdote o diácono» (Carta 93)

Esto ha hecho que, algunos estudiosos hayan planteado que la comunión en la mano se dio, en los primeros siglos, con mucha reverencia siempre, a causa de la persecución que se padecía y en tiempos en que no había diáconos o sacerdotes que pudiesen administrarla (vgr. Leclercq, «Comunión» en el Dictionnaire d’Archéologie Chrétienne).

Sin embargo, ese argumento, no parece convencer del todo pues, como narra el Cardenal Du Perron al refutar al hereje Du Plessis Mornay (quien aducía que, porque antes se comulgaba en la mano, no habría conciencia de la presencia real de Cristo en la Eucaristía entre los primeros cristianos) la eucaristía se daba incluso en tiempos en que la persecución primera había pasado ya, sobre todo, en los lugares alejados de Roma.

Sin embargo, pasado el tiempo y poco a poco, la Iglesia comenzó mutar al respecto, como se lee ya en el Concilio de Zaragoza (a. 380), otro será el planteo de la Iglesia: «Excomúlguese a cualquiera que ose recibir la Sagrada Comunión en la mano» o el Sínodo de Roma del año 404, celebrado bajo el Papa Inocencio I, en el cual se impone el rito de la Comunión en la lengua, o el Concilio de Rouen (año 650) donde se dice: «No se coloque la Eucaristía en las manos de ningún laico o laica, sino únicamente en su boca” o el de Constantinopla: (680-681): «Prohíbase a los creyentes tomar la Sagrada Hostia en sus manos, excomulgando a los transgresores»; o el Sínodo de Ruán (año 878): “No se debe entregar la Eucaristía en manos de ningún laico, hombre o mujer, sino solamente en la boca. Si alguien transgrediese esto, dado que desprecia a Dios omnipotente, y no rinde honor a cuanto en él hay, que sea excluido del altar”.

A primera vista, podría decirse que, la comunión en la mano, comenzó siendo el uso normal de la Iglesia que nació en tiempos de persecución. Con el tiempo, sin embargo y a medida que el mundo conocido iba siendo evangelizado el uso se mantuvo pero volcándose, poco a poco, a la praxis de la comunión en la boca por mano de los clérigos y -siempre- con extrema veneración, de allí que Pablo VI, en MD, indique que: “consta que los fieles creían y con razón, que pecaban… si, habiendo recibido el cuerpo del Señor y conservándolo con todo cuidado y veneración, algún fragmento caía por negligencia”.

Es por todo esto que, a nuestro juicio, sería engañar a los fieles sin contextualizar el cómo se daba esa «comunión en la mano» en la “Iglesia primitiva”.

Veamos, sin querer abundar, el espíritu con que se hacía; para ello nos puede servir el ejemplo de la secta de los nestorianos, existente aún hoy (quizás los cismáticos más antiguos que existen hoy en día, cuyo origen se remonta al siglo V). Así se narra el rito de la comunión:

“Acercándote por lo tanto, no lo hagas con las palmas de las manos separadas, ni con los dedos apartados, sino haz con la izquierda un trono para la derecha ya que esta mano está a punto de recibir al Rey. Haciendo el hueco con la palma, recibe el Cuerpo de Cristo, añadiendo ‘Amén’… ¿Porque dime: si alguno te diese unas limaduras de oro ¿no las guardarías con toda diligencia procurando no perder nada de ellas? ¿No procurarás, pues, con mucha más diligencia que no se te caiga ninguna migaja de lo que es más precioso que el oro y las piedras preciosas?… “Y después de que hayas tomado el Cuerpo de Cristo y hayas recibido el cáliz de la Sangre, no estires tus manos sino inclínate haciendo un acto de reverencia y profunda veneración y di ‘Amén’ y santifícate tomando la Sangre de Cristo también. Mientras la humedad esté todavía sobre tus labios, tócalos con tus manos y santifica tus ojos, tu frente, y todos tus otros órganos sensoriales. Finalmente, da gracias a Dios, que te ha considerado digno de tales misterios”.

Mons. Athanasius Schneider, experto en Patrística e Iglesia primitiva, explica que hay una enorme diferencia entre la forma de comulgar en la Iglesia primitiva y la actual práctica de la comunión en la mano:

En la Iglesia primitiva había que purificar las manos antes y después del rito, y la mano estaba cubierta con un corporal, de donde se tomaba la forma directamente con la lengua. Tras sumir la Sagrada Hostia el fiel debía recoger de la mano con la lengua cualquier mínima partícula consagrada. Un diácono supervisaba esta operación[3].

Nos preguntamos: quienes defienden el comulgar en la mano “porque así se hacía antes”, ¿comulgarán hoy de la misma manera? Pues bien, independientemente de si el uso de la comunión en la mano se dio en tiempos de persecución o no (cosa que, al parecer, es bastante discutida entre los historiadores de la liturgia), el tema más importante es que, la Iglesia, en un momento, cambió de postura al respecto y comenzó a distribuirla en la boca.

5) Un uso que la tradición interrumpió y hasta prohibió

Pero, si no constituía (ni constituye per se un sacrilegio); si en los primeros tiempos se hacía con enorme devoción…, entonces: ¿por qué la Iglesia, en un momento de la historia, llegó a prohibir este uso?

Según señala el gran historiador Jungmann, “esta costumbre de entregar la Eucaristía en la mano traía consigo el peligro de abusos… Con todo, más que el temor a los abusos, influyó, sin duda, la creciente reverencia al sacramento a que se diese más tarde la sagrada forma directamente en la boca” (El Sacrificio de la Misa, B.A.C., Madrid 1963, pp. 942 ss.). Es decir: se trató del desarrollo y profundización del dogma del misterio de la Transubstanciación lo que llevó a que, con el tiempo, la reverencia fuese más y más crecida hasta que la Iglesia, comenzando por Roma y hacia afuera, comenzó a mandar que la eucaristía se diese en la boca.

Se cuenta que la reverencia era tan grande entre los siglos XIII y XV, que muchos sacerdotes llegaban a comulgar tomando la hostia directamente de la patena con la lengua (uso exagerado testimoniado por San Buenaventura y por las rúbricas de varios misales del siglo XV).

Es el mismo Papa Pablo VI el que, en Memoriale Domini plantea las causas de este cambio: “después de que la verdad del misterio eucarístico, su eficacia y la presencia de Cristo en el mismo fueron escrutadas más profundamente, por urgirlo ya el sentido de la reverencia hacia este Santísimo Sacramento, ya el sentido de la humildad con la que es preciso que éste sea recibido, se introdujo la costumbre de que el ministro pusiese por sí mismo la partícula de pan consagrado en la lengua de los que recibían la comunión” (MD, 1276).

Tres razones entonces llevaron a la Iglesia a cambiar el uso anterior:

– El conocimiento de la verdad del misterio eucarístico.

– La reverencia hacia el Santísimo Sacramento.

– La humildad que conlleva recibirlo de esta manera.

Y este cambio se produjo en la Iglesia universal (es decir tanto en Oriente como en Occidente).

Tan notorio era el significado de reverencia de recibirlo en la boca que varios “reformadores” protestantes (como Martín Bucero, asesor de la reforma anglicana), se esforzaron rápidamente en cambiar el uso de la comunión en sus países, introduciendo la comunión en la mano para que sus fieles, ni pensaran en la presencia real de Cristo, ni hicieran distinción entre el sacerdocio común de los fieles y el sacerdocio ministerial.

6) La mejor forma de rendir culto: en la boca

Uno podría preguntarse: ¿hay una mejor forma de recibir la Eucaristía? Y la Iglesia ha respondido que sí: en la boca. Y esto no hace a una persona más santa que la otra (eso sería fariseísmo), sino simplemente a ser humilde y a recibir el Santísimo Sacramento, como la Iglesia lo ha mandado, incluso al día de hoy.

La comunión en la mano ha sido, en nuestros tiempos -que no en los antiguos-, una excepción que intentaba subsanar un abuso litúrgico especialmente, en los países de tendencia protestantizante, de allí que según el documento Memoriale Dominise enseñe que hay un modo que es mejor que otro pues, con la comunión en la boca, “se asegura más eficazmente la distribución reverente, decorosa y digna de la Eucaristía, se aparta todo peligro de profanación y se guarda más perfectamente el cuidado para con los fragmentos de hostia”.

7) ¿Se puede negar la comunión en la boca?¿Se puede imponer la comunión en la mano, de cualquier modo?

La respuesta merece una aclaración previa. La normativa vigente impide que se imponga la comunión en la mano así porque sí.

Así lo dice la misma Instrucción Redemptionis Sacramentum:

«Todas las normas referentes a la liturgia, que la Conferencia de Obispos determine para su territorio, conforme a las normas del derecho, se deben someter a la recognitio de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, sin la cual, carecen de valor legal.[28]

Por «recognitio», se entiende en derecho canónico, el acto de la autoridad eclesiástica que toma conocimiento de un acto de otra autoridad u organismo subordinado y le da su visto bueno para que pueda surtir plenos efectos jurídicos.

Y se aclara: «En la distribución de la sagrada Comunión se debe recordar que «los ministros sagrados no pueden negar los sacramentos a quienes los pidan de modo oportuno, estén bien dispuestos y no les sea prohibido por el derecho recibirlos» ( cfr. 177). Por consiguiente, cualquier bautizado católico, a quien el derecho no se lo prohíba, debe ser admitido a la sagrada Comunión. Así pues, no es lícito negar la sagrada Comunión a un fiel, por ejemplo, sólo por el hecho de querer recibir la Eucaristía arrodillado o de pie» [91].

Y es por ello que nadie puede ser obligado a recibirlo en la mano y todos pueden recibirlo en la boca y, si quieren, de rodillas, como ha señalado la Sagrada Congregación para el Culto divino al decir que “aún en aquellos países donde esta Congregación ha aprobado la legislación local que establece el permanecer de pie como la postura para recibir la Sagrada Comunión… lo ha hecho con la condición de que a los comulgantes que escojan arrodillarse no les será negada la Sagrada Comunión Los sacerdotes deben entender que la Congregación considerará cualquier queja futura de esta naturaleza con mucha seriedad, y si ellas se verifican, actuará disciplinaramente en consonancia con la gravedad del abuso pastoral”[4].

8) Objeciones frecuentes y respuestas

a. Es sólo una vuelta a la práctica primitiva

Falso: la comunión en la mano, a lo que nos ha llevado, no es a las fuentes de la Iglesia primitiva, reverente y venerante del Santísimo Sacramento, sino una postura cercana al protestantismo, donde el Santísimo Sacramento puede verse devaluado.

b. Es más acorde a la dignidad del cristiano y corresponde a una etapa de adultez

La Iglesia, por medio del documento de Pablo VI (MD) dice que es preciso recibir la Eucaristía con humildad (“de los que se hacen como niños es el reino de los cielos”, decía el Señor) y que éste fue, justamente, uno de los motivos para comenzar a comulgar en la boca.

Además, la dignidad del cristiano ya queda suficientemente destacada por el hecho de poder recibir en la comunión el cuerpo y la sangre del Señor.

c. Comulgar en la mano trae una mayor conciencia del “sacerdocio común de los fieles”

El sacerdocio común está ya suficientemente expresado por la posibilidad de participar en la liturgia y recibir la Comunión, cosas que sólo puede hacer un bautizado. Se halla muy difundida, sin embargo, una concepción exagerada del sacerdocio común que ignora por completo la distinción esencial entre éste y el sacerdocio ministerial.

d. Tan digna la mano como la boca

Estrictamente hablando todas las partes del cuerpo son dignas pero en cualquier cultura hay partes del cuerpo que son consideradas nobles y otras innobles, pudendas y no pudendas. Y no es necesario ejemplificar.

Además, las manos del fiel se distinguen de las manos del sacerdote porque estas últimas fueron especialmente ungidas para tocar el Cuerpo del Señor desde su ordenación sacerdotal (así lo decía Juan Pablo II: “El tocar las Sagradas Especies, su distribución con las propias manos, es un privilegio de los ordenados y señala una participación activa en el ministerio de la Eucaristía”; Domin. cenae, 11”).

e. Respeto a la libertad de los fieles

Si se propone a los fieles elegir, sin advertir los peligros que este uso conlleva, en realidad se les está ocultando la verdad y, “sólo la verdad os hará libres.

f. Está más acorde a la sensibilidad actual en lo que respecta a la higiene

El punto no tiene ningún apoyo en la tradición o el magisterio.

Se plantea que el presunto peligro de contagio de enfermedades sólo se evitaría prohibiendo la Comunión en la boca (o permitiendo el “autoservicio”) pues de lo contrario, aun comulgando en la mano, la hostia que se recibe es tocada por los dedos del ministro que pueden haber tenido contacto con una enfermedad contraída por medio de la mano del otro.

Hasta aquí entonces, un simple resumen acerca de este tema tan controvertido que, muchas veces, en vez de ser sopesado con serenidad, embandera posturas ideológicas más que verdades lógicas.

Bendito y alabado sea el Santísimo Sacramento del Altar. Sea por siempre bendito y alabado.

 


(1) La mayoría de las citaciones han sido tomadas del libro de Mons. Laise, al cual remitimos.

(2) Desde ahora, MD.

(3) https://www.religionenlibertad.com/polemicas/17082/la-comunion-en-la-mano-no-tiene-nada-que-ver-con.html

(4) Congregatio de Cultu Divino et Disciplina Sacramentorum, Prot Nº 1322/02/L.