lunes, 11 de noviembre de 2013

peregrinos del cielo


¡Qué grande es el horizonte en el alma! Las pruebas, esas "fuentes" con las que tropezamos y nos dan un buen baño a cada trecho, tienen el sabor de la bendición... El sabor de una novedad muy rica y profunda, que nunca debe atemorizar. Somos peregrinos de los cielos. Podrán apresar nuestro cuerpo, pero nunca nuestra alma. Así resuena este soplo de libertad que se genera en el corazón y empuja a descubrir y a seguir siempre más allá.
Confianza en Aquél que nos conforta. Una y otra vez: INSISTIR. El hombre vuelve y vuelve, elevándose más, cada vez. Como las oraciones breves, como las aspiraciones en nuestro interior, vuelven y tornan y raptan y levantan, porque el Espíritu Santo es ahora Fuego que desciende de lo alto y enciende y se lleva consigo a quien reposa en el altar de su corazón.
Que nuestra oración... se eleve con la misma plegaria del Señor, entregando todo al Padre en el Espíritu de Amor.

Alberto E. Justo...
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lunes, 4 de noviembre de 2013

Misterio y Cruz


Cabe una pequeña reflexión... Muchos son los que persiguen un mayor tesoro o, simplemente, el camino adecuado, en peregrinaciones y en determinados lugares. Otros siguen largos aprendizajes, o cursos especializados, en procura de la idoneidad necesaria en cualquier camino espiritual. ¿Lugares, tiempos...? Sin duda todo es interesante y recomendable, según la vocación de cada uno... Yo deseo subrayar aquí un lugar y un tiempo, un particular "santuario" que dispone y enseña y abre a una experiencia única... Me refiero al "sufrimiento". Y, claro está, no al "sufrimiento" así no más en "abstracto". Trato de señalar a éste o a aquél. A éste o a aquél padecer en el misterio y tantas veces en el silencio, escondido a cualquier medida, peso o valoración humana. Es la dimensión insospechada: el valor de esos pasos dolorosos que abren una perspectiva y nos introducen en un ámbito que no sospechábamos ayer. Es el Camino del Señor que transforma y transfigura. Es Su Camino, es Su Noche. ¿Podemos velar con Él, al menos, una hora? Es esta una vocación y un sentido. Un sentido bien profundo. Es algo que da una profundidad inigualable a la vida. Una escala que lleva muy alto... Pero que no hemos de buscar a propósito y por sí misma. Sólo cabe recibirla y ascender humildemente y en silencio por sus peldaños, porque su mayor riqueza es que sólo la conoce Dios. Nunca haya desesperación ni se caiga en el engaño de ninguna ilusión... Aquí se trata de seguir, en silencio, al Señor. Aquí se trata, también -¡cómo no!- de mucho más. Estar en Él; ser, por gracia, lo que Él es...
Déjate introducir en ese misterio de la vida divina que se dona y que nace en tu corazón...

Alberto E. Justo....
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jueves, 24 de octubre de 2013

Silencio y Espíritu



El descubrimiento del silencio, más allá de todo lo exterior, comporta una lucha y la adquisición de un hábito. Los fantasmas que se desencadenan a nuestros pasos pretenden declarar imposible la superación de las circunstancias, fáciles o difíciles, para nuestro fin. Ahora bien, la convicción de la dimensión sin medida de lo escondido, la certeza de lo que es, es decir del "contenido" profundo, de la profundidad de todas las cosas, del "sentido" que poseen y de que lo no-manifestado es siempre mayor, es ya una ayuda importante para abrir un paso "a través" y aproximarnos al misterio y a la trascendencia. Memoria de lo secreto. Certeza de la Presencia. Aceptación de que lo mayor prefiera celarse... Gusto y alegría en trabajar en la aventura de descubrir... Todo ello es una invitación para dar con lo no sospechado, para alcanzar lo que nos supera: "que ni ojo vio, ni oído oyó..." La atención a esta dimensión que poco a poco se abre y se proyecta en nuestra peregrinación nos coloca en un camino siempre más alto y más empinado.
La plegaria es , en esta aventura maravillosa, la respiración nuestra. La oración nos revela la Presencia y cuál es el mejor camino, el más corto, para esa unión inefable que no podremos expresar jamás.
En Él, con Él... El Espíritu ora en nosotros, y nos regala su respiro. Participando de Él, viviendo de Él, entraremos en el silencio inefable que supera toda imaginación y todo deseo.

Alberto E. Justo

lunes, 14 de octubre de 2013

Apertura escondida


A pesar de cualquier distancia, el espíritu salta por encima de de todo límite y nos lleva adonde nuestro corazón prefiere. Redescubrir el desierto y la oración profunda comporta trascender, a cada paso, las fronteras que se levantan y que parece que obligan a no volar... Volviendo al corazón descubrimos esa "apertura" escondida que no se deja conquistar al primer intento. El cielo está abierto y no lo advertimos... Es hora de descender al corazón para conquistar esas alturas insospechadas que tanto ansía el alma... Es la ocasión, como siempre aquí y ahora

Alberto E. Justo

martes, 1 de octubre de 2013

Padre Nuestro...


Asómbrate... El Señor llega. Permanece en silencio y en paz. ¿Por qué temer? No es tan grande el "poder" en este mundo que siempre tenga que despertar "temores" y producir "sustos". Nada de eso. La sencillez del niño, la vocación del más pequeño, es la mejor invitación a la grandeza y a la gloria. ¿No queremos entenderlo? ¿No acabamos de aceptarlo? Y sin embargo el tesoro está allí. El pequeño, este pequeño, siempre tiene Padre. Ven al Padre, déjate levantar en sus brazos, en su amor infinito. ¿Dónde hallar la comprensión y el afecto que siempre se echan de menos? No perdamos tiempo y entusiasmo con mediaciones o problematizaciones. El camino que se nos señala es directo. Directo y simple. Redescubramos esa dichosa intimidad que se nos regala y demos siempre el testimonio de la alegría que brota del corazón sin ficciones.

Alberto E. Justo....http://flordelyermo.blogspot.com.ar/

miércoles, 25 de septiembre de 2013

Vendremos y haremos en él morada


En el "fondo" nada hay violento... Descender a lo hondo del corazón es el camino de la paz... Todo es ahora. El Señor no nos llama "para mañana", nos llama para hoy: ¡YA! Así es. La aspiración del alma consiste en "dejarse aspirar". La ternura de Dios no conoce interrupciones. A cada instante. Esta es la ocasión propicia. Y si percibimos silencio y vacío; si parece que nos envuelve la soledad, no dudemos en absoluto, no nos detengamos en nuestro abandono y en nuestra confianza. El silencio nos enseña a pasar más allá o a descubrir esa intimidad siempre nueva, que es la del "fondo del alma", "lugar" de sólo Dios. El Padre no deja de llamarnos... Y nos llama viniendo. No se trata de una "voz" lejana, allá, como un eco en las montañas. Es Él mismo aquí y ahora, de un modo, desde luego, inefable. Y no diremos más.

Alberto E. Justo....http://flordelyermo.blogspot.com.ar/...

lunes, 16 de septiembre de 2013

martes, 10 de septiembre de 2013

martes, 27 de agosto de 2013

En un solo instante


Nada más inmediato y posible que la adhesión profunda del corazón. En un solo instante puedes salir de los estrechos límites que te ahogan para hallarte bajo el cielo abierto y azul, más arriba y en el destino más insospechado. Quiérelo con toda el alma, acepta la invitación y la vocación de Dios, acogiendo su gracia y, ante todo, disponiéndote para recibirlo a Él mismo... Es un instante, es el instante, ese presente único, que se te brinda y que acogerás con entera confianza. Quien confía es, al mismo tiempo, generoso. No hay generosidad sin confianza. Y quien se arroja de esta manera cae siempre en el Corazón de Dios. Muchos se detienen y por eso no llegan jamás. Se detienen en esas "burocracias" que multiplica la "inseguridad" humana, del brazo de escrúpulos que el enemigo favorece para cortar y romper. Es ese que siempre dice que "no". Dios, en cambio, te invita y Él mismo te levanta y te lleva. No temas el desierto. Deja consideraciones y dependencias sin sentido. Tu corazón ha de latir en libertad para Dios. Aquí y ahora.

Alberto E. Justo  
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lunes, 19 de agosto de 2013

El escondite del silencio


Hoy sabemos, por la experiencia de cada día, que nuestros tiempos parecen haber desterrado el silencio. Los ruidos se multiplican de mil maneras, pocos pueden resistir algunos minutos sin decir "esta boca es mía", sonidos, alarmas, llamadas, operaciones de todo tipo, aparatos y equipos que producen de todo... ¿Entonces? ¿Es imposible vivir el silencio en estas horas nuestras, donde por gracia de Dios nos hallamos?
Si contemplamos la realidad con cuidado comprobaremos algo muy importante: el sonido es efímero, externo, y afecta sólo la superficie... El "centro" de las cosas y de la vida, lo profundo, es enteramente silencioso. Es urgente mirar hacia adentro... Es urgente detenerse MÁS ALLÁ. Es posible observar una planta admirando su vida, su principio, su sentido. Cuando algún estrépito nos mortifica es preciso despertar la PIEDAD en el corazón, que nos permite juzgar las cosas no como molestas o agradables, sino según un sentido superior: quizá el papel que juegan en la historia de la tragedia humana.
Los pasos de la historia son silenciosos. Su sentido no grita. Quizá clama, precisamente en silencio, con una plegaria ignorada, la propia de los peregrinos que tienden a un fin más alto e insospechado. Por ello enmudece. Sí, enmudece por un asombro que detiene el andar apresurado y carente de paz... Es posible, y muy posible, dejar que la consideración de estas cosas ascienda a la superficie. Pero sólo puede lograrse por medio de un respeto renovado y con la delicadeza propia del alma que abre los ojos al misterio del ser...

Alberto E. Justo  
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domingo, 4 de agosto de 2013

¿Estamos realmente solos?


Se ha dicho, con toda razón, que nadie está menos solo que el solitario que abre su corazón a Dios. Esto es verdad. Pero me atrevo a añadir que ciertas experiencias, cuando se padece la soledad y el abandono de la "noche oscura", invitan -aunque parezca una paradoja- a prestar entera fe y confianza a la Presencia inefable... No, no vamos solos. Nuestro camino es, siempre, camino de Dios. Y en esos momentos de prueba, cuando nos damos cuenta de la impotencia, cuando nos envuelve no sé qué indignación ante el mal inevitable, nos hallamos, de golpe, en la oración del Huerto, sin otra explicación. La fatiga nos ahoga, el camino parece no acabar, las vueltas y vueltas se hacen más dolorosas por lo imprevistas... Todo esto es así, pero cada vez la soledad disminuye para llenarse toda de Dios.
De nuevo... "No temas". Las peores intrigas de este mundo (de cualquier mundo, aunque tenga no sé cuál "prestigio"), no son, no existen. Sabemos que en nuestros días abunda el resentimiento y la envidia, cuanto falta la misericordia y se echa de menos la compasión. Y esto en los ambientes donde la magnanimidad y la pureza debieran brillar hasta en los gestos más pequeños. No ha de importar constatación tan dolorosa, sino animarnos a confiar , cada vez más, en la Presencia inefable de Dios.

Alberto E. Justo

lunes, 29 de julio de 2013

Las puertas de la soledad


"Si te vas hacia la "soledad", aun dejando tus equipajes, todos conocerán tu partida e irán a despedirte. Algunos sabrán apreciar tu vocación y se encomendarán a tus plegarias. Otros la menospreciarán y fingirán, en el mejor de los casos, una comprensiva sonrisa. Y, desde luego, cuantos te conozcan o te sospechen podrán señalarte, decirse y decir: "He ahí a un ermitaño,a un monje, a un solitario..." Te darán puntaje, algunos diez, otros cinco, otros nada. En suma, se te llamará o reconocerá por una actitud exterior a tu persona y no por tu nombre verdadero.
"Pero si el Señor te llama a esa otra soledad escondida, en el desierto donde ya te encuentras, a desearlo ¡tanto! en la noche oscura, a vivir con Él y en Él...; entonces nadie te dirá solitario, porque nadie te verá realmente como eres, oculto y escondido donde Él te lleva, pero serás más monje que los monjes y más filósofo que los filósofos."
(Alberto E. Justo "El Desierto es la ciudad" Meditaciones. ECUAM. Buenos Aires 1992. Pág. 23)

domingo, 21 de julio de 2013

Sigue, ahora: no temas...



A pesar de lo que fuere... Nada es como el Don de Dios. Cuando invitamos al reposo y a la paz es, sin duda, porque esa es la perspectiva y ese el ámbito de quien se abandona en el Señor.
Ahora bien, es necesario "correr el riesgo", es decir: arrojarse sin dejar mucho lugar a las dudas y a las vacilaciones. De estos titubeos habrá siempre, pero una cuota más alta de coraje acabará siempre por llevarnos más adelante.
El Señor nos invita a la confianza. Es cierto que la necedad y la imprudencia aparecen por todos lados. Hoy es posible, y muy posible, sufrir sorpresas y desconsideraciones en el lenguaje y en los hechos. Pero es necesario renunciar a darles alguna importancia. No, no dependemos del variable carácter de los "otros". Tampoco de los antojos pasajeros. Cuando recibimos noticia de todo ello será bueno apartar la atención de lo que no cuenta.
Nuestra atención no precisa "refuerzos" de ningún tipo. Me refiero a que no tenemos necesidad ni apuro de enlazar o de asegurarnos de nada y mucho menos de nadie. Ni "esclavos" ni "esclavistas". La amistad verdadera es "desinteresada". Donde hay interés o utilitarismo, donde se pretende "sacar provecho" de personas y de cosas: todo se derrumba. El Señor nos da su Paz.

Alberto E. Justo http://flordelyermo.blogspot.com.ar/

domingo, 7 de julio de 2013

Con Dios todo es distinto¡¡¡¿



He aquí otro texto de Dom Porion: "La Santísiam Virgen es comparada con la aurora en el 'Cantar de los Cantares' porque es el principio de una nueva creación:'¿Quién es esa que surge como la aurora?' (Ct.6,10). Con su concepción inmaculada, la historia del hombre recomienza y todo es claro de nuevo: ella es una materia intecta, perfectamente pura y dócil, de la que será hecho el Nuevo Adán y también nosotros con Él si queremos dejarnos recrear. Porque la santísima Virgen no espera sino nuestra buena voluntad y, por fin, el gesto sin reservas de un abandono verdaderamente filial para lavarnos en su inocencia. A nosotros nos toca entregarnos a su mirada, de la que se dice, también en el Cantar, que es semejante a un lago -'Tus ojos son como las piscinas de Hesbón' (Ct. 7,5)-, a un agua perfectamente límpida en la que somos desprendidos y librados de nosotros mismos para ser inundados de la vida divina.
"En el régimen de la gracia -de esta gracia de la que María está llena y que dispensa a merced de su amor maternal- la recompensa se da antes del mérito, la riqueza y la felicidad se prodigan antes de la prueba. Éstos son los procedimientos propiamente divinos. Los hombres son incapaces de esta liberalidad porque ellos no son fuentes de bien, sino depositarios temerosos y pusilánimes. Tanto en la educación de nuestros hijos como en nuestro comercio y en nuestra justicia, nosotros en primer lugar ponemos las condiciones y las amenazas de sanciones; no acordamos el precio más que después de haber obtenido la tarea, a cambio de servicios o garantías.
"Pero con Dios todo es distinto. Desde el momento que el pecador apela a Dios, recibe justamente lo que no tiene precio: la herencia de la Sangre divina y la dignidad de hijo. Su corazón es liberado por la victoria de Cristo, es colmado de este triunfo puro, y después, una vez armado ya de nobleza y alegría, es cuando se le invita a combatir, cuando ha de aportar su trabajo y su fatiga en la medida de sus fuerzas. Tal es el gobierno del Reino de Dios, la prudencia de la santísima Virgen, la economía de la 'Casa de Oro.'
"Los caminos de Dios son distintos de los nuestros, hasta el punto que muchas veces no los comprendemos. No nos atrevemos a creer en esta dignidad, en esta libertad que se nos ofrece; casi llegamos a no fiarnos de la generosidad de Dios. Ignoramos sus dones esenciales desde el momento en que abusamos de bienes inferiores. Y la falta de fe y de confianza nos paraliza. No hallamos fuerzas para seguir el sendero desviado por el que pretendemos caminar, porque la timidez y la angustia sofocan lo mejor que hay en el hombre.
"Abramos, pues, nuestros ojos y nuestro corazón en una perfecta soledad con Dios; recojámonos y tomemos conciencia de lo que Él nos da, de lo que Él es para nosotros. Nuestra fortaleza y nuestra paciencia tan solo pueden ser sólidas si una y otra proceden de una profunda felicidad.
"A veces parece que tememos reconocer la santidad, como si se tratara de unos bienes materiales de los que uno se ve privado si otro los posee. Pero éste es un sentimiento que se apoya en una ignorancia completa de esta realidad. Lo que se da a los santos y, en primer lugar, a María, se nos da también a cada uno de nosotros. Esto es necesariamente así cuando se trata de bienes espirituales, puesto que la fuente de donde proceden es infinita e inmediata y su esencia es la caridad: quienes los reciben no lo hacen más que no reteniendo nada, más que transmitiéndolos sin reserva alguna.
"Embriaguémonos de los privilegios de María, cuya plenitud Ella nos ofrece..." (Un Cartujo "Felices los que creen" Monte Carmelo.Burgos 2009. Pp:33-35)

sábado, 22 de junio de 2013

¿Dónde estás ahora?

Esta pregunta, queridos amigos, tiene una magnífica respuesta: -estamos donde reposa nuestro corazón... Quizá teme el hombre hallarse ¡tantas veces! donde no quiere... Y, sin embargo, esto es imposible porque... "más está el alma donde ama que donde anima". Y esto, desde Platón, lo han enseñado todos los grandes maestros espirituales.
Estás allí donde quieres y tu corazón elige, allí mismo, donde amas, donde está tu reposo y tu predilección, aunque los senderos exteriores de este mundo sean harto ásperos y los ideólogos y los maestrillos cercanos y lejanos pretendan otra cosa. Nadie te quitará esa LIBERTAD de tu alma... Aunque presionen unos y otros y te quieran calificar al antojo de la moda, o del miedo, o de la necedad, tan frecuente. Permanece firme donde están los verdaderos bienes y no te dejes arrastrar por las estructuras, que siempre se procuran justificativos del corte que sean. Estás donde se halla tu corazón y donde tu alma desea. Desea estar en lo alto, "sobre toda temporal creatura levantada", como decía San Juan de la Cruz, y llegarás en un instante al punto maravilloso que descubre la virginidad de tu alma. Habita la parte escondida del mundo, que es el camino del Cielo.

Alberto E. Justo

sábado, 8 de junio de 2013

SER CONTEMPLATIVO II

(Continúa el texto de Dom Porion)

"Otra virtud que nos deslumbra en María, y en la que sin duda ante todo hay que poner el acento, es la pureza. La Virgen santísima es como la encarnación de la pureza, y ésta, por otra parte, está tan íntimamente ligada con el don de sabiduría, que puede llamársela la virtud esencial del contemplativo. No se trata solamente de la abstención de los pecados de la carne, sino de la delicadeza de un espíritu que se reserva para goces más elevados. Ser puro es saber establecer y mantener la soledad del alma con su Dios, rehacer interiormente el Edén.
"Sabemos que el Paraíso terrenal es figura de la santísima Virgen, reserva inaccesible al siglo, lugar de las delicias, sin mancha y sin conflicto donde será colocado el nuevo Adán. Esta figura representa también al alma contemplativa: jardín cerrado en el que reina la felicidad de recibir la vida divina en un recogimiento comparable sin duda al que reinaba en la naturaleza inmaculada en la aurora del mundo. Es necesario que no haya nada ni nadie entre Dios y el alma, sino que exista esa libertad virginal del primer instante: entonces se repite y reitera sin cesar una nueva creación: la generación en nosotros del Hombre-Dios.
"¿Qué conclusiones podemos sacar en la práctica de estas breves reflexiones acerca de las semejanzas que han de unir nuestras almas con la de nuestra Madre? Tomaremos la resolución de rechazar las preocupaciones extrañas. Beberemos, mediante el recogimiento, en las fuentes más profundas de nuestro ser. Nos guardaremos, como María, para la alegría más hermosa. Preservaremos esta alegría única en medio de los sufrimientos, separaciones y temores, con el fin de que llegue a su plenitud y se derrame consoladora, y se una finalmente con la alegría de Dios, que aparecerá como la realidad única cuando haya pasado la figura de este mundo."

Nos alegramos también nosotros por estas palabras, que adoptamos plenamente...

jueves, 16 de mayo de 2013

SER CONTEMPLATIVO



Ofrezco a mis hermanos y amigos lectores este maravilloso texto de "Un Cartujo" (Dom Jean Baptiste Porion), publicado ahora en "Felices los que creen", Monte Carmelo, Burgos 2009; pp.103-106, y que dice así:
"Ser contemplativo es recibir al Verbo divino, concebirlo espiritualmente y no vivir ya con Él más que una sola vida. Por tanto la Santísima Virgen es el modelo de los contemplativos, es la Madre de la Verdad, como lo es del amor Hermoso. A nosotros nos corresponde imitarla como hijos generosos y fieles.
"Los símbolos que ilustran el misterio de la misión de María son también para nosotros los símbolos del alma que ama y posee a Dios en la soledad interior: Torre de marfil, Casa de Oro, Fuente sellada, Espejo de Justicia, Arca de la alianza... Las virtudes de la santísima Virgen, los dones que manifiesta y las gracias que irradia, son las virtudes por excelencia, las condiciones y los privilegios de la vida contemplativa.
"Según el himno que cantamos en las Vísperas de sus fiestas, la santísima Virgen se distingue por su dulzura, su mansedumbre entre todas las mujeres, entre tantas vírgenes y madres a quienes Dios, sin embargo, ha concedido el don de ser dulces y de las que esa misma dulzura es su fuerza y su poder. Pero todo lo que es virginal o maternal María, Eva nueva y espiritual, lo posee por excelencia.
"Se ha dicho que la mansedumbre es el resumen de todas las virtudes cristianas. Está compuesta, sobre todo, de paciencia y de benevolencia, de respeto y de amistad para todas las almas, e incluso para todos los seres, pues una persona delicada lo es con las cosas y con las personas. En el fondo, es un asentimiento a la voluntad de Dios en todas sus formas, una tierna conformidad con todo lo que sucede; es también la actitud que se requiere, en primer lugar, en aquel que desea purificar y despejar su mirada interior. No hay vida contemplativa sin una inmensa paciencia. La luz no penetra sino las almas pacíficas. La tranquilidad es la primera disposición requerida para que las profundidades del espíritu se hagan transparentes. El arte de contemplar las cosas divinas es el arte de tener calma.
"La dulzura está compuesta de indulgencia y de misericordia, de una lucidez que hace ver a cada ser desde la claridad divina, conservando sólo aquellas razones que nos ayudan a tener confianza y amar. San Juan de la Cruz ha señalado con mucha fuerza hasta qué punto esta benevolencia es indispensable para todo progreso interior. Nuestra vocación es verdaderamente virginal y mariana. La santísima Virgen no ha tenido que condenar al mundo; éste se ha rendido a su dulzura y mansedumbre. Así ha de ser el alma contemplativa, cuya misión no es la de ser juez de los hombres sino la de ser de Dios." (CONTINÚA en II)

sábado, 11 de mayo de 2013

Un deseo más grande


He aquí un bello texto de Isaac de Nínive: "DISCIPULO: ¿Cómo puede el hombre salir completamente del mundo? MAESTRO: Por medio del deseo (suscitado) por la memoria de los bienes futuros, aquellos que la divina Escritura siembra en su corazón con la dulzura de sus versos colmados de esperanza. Porque el pensamiento no puede despreciar sus amores anteriores hasta que no surja un deseo más excelso que se contrapone a aquellas cosas que se juzgaban eminentes y agradables y que poseían al hombre.
"Por sus obras se conoce lo que cada hombre desea, pues tenderá a pedir en la plegaria aquello que lleva en su corazón, y tendrá cuidado de manifestar también en sus obras exteriores las intenciones interiores de su plegaria.
"Quien desea intensamente las cosas grandes no se preocupa de las pequeñas.
"Cuando en ti el deseo por Cristo no es tan fuerte como para hacerte, por el gozo en Él, impasible a todas las aflicciones, has de saber que en ti el mundo vive más que Cristo. (...) Lo que vive en ti es aquello cuyo amor tiene sobre ti un poder más grande."

Isaac de Nínive "El don de la Humildad" Salamanca 2007. Pp. 98-99.

sábado, 27 de abril de 2013

Este silencio... responde



Permanece abierto ese interrogante que apremia y que invade, de algún modo, todas las horas. Las aguas, sobre las que navegamos, parecen agitadas en exceso. La pregunta se reitera y nos quedamos aquí no más, sin saber, sin obrar, casi afectados por una especie de parálisis que no nos deja andar. Este "lugar" o punto de partida es territorio de angustia y de ausencia. Dejamos, pues, que el interrogante resuene porque no halla respuesta... Es apertura a un dolor que da la impresión de no acabar...
Pero no hemos atendido, no hemos -hasta ahora- escuchado el latido profundo. Perdimos el tiempo buscando tan lejos lo que está oculto dentro... ¿No es así?
La verdad, que tanto ansiamos, no se halla en textos de ningún género. Al menos en ese grado que requiere nuestro corazón. ¿No cantaba San Juan de la Cruz que ya no quería mensajeros, que no le dijeran su deseo?
Cualquier peregrinación penosa lo revelará en poco tiempo. En los días que corren parece que el silencio vuelve a imponerse como camino y como respuesta.
Nuestra oración tampoco consiste en textos, ni aún en palabras de no sé qué corte, sonoridad y estilo. Me parece que la luz, que lo sublime, se halla superando el límite angustiante de hechos y de cosas.
Es la hora de detenerse y percibir los latidos del Espíritu, luego de haber confiado y acertado en su Presencia e Intimidad.
Es verdad que nunca nos sentimos dignos de nada... Y si esto obedece a la realidad, también (y mucho más) es realidad luminosa la Presencia de Aquél que incesantemente nos busca y llama a las puertas del corazón. No nos apartemos jamás de esta Ternura Infinita.
Después de después... El tiempo sella y sella. Las horas han pasado y nos siguen enseñando a trascenderlas. Por encima del tiempo y más allá del espacio. Mucho más hondo y arriba... Por donde el temor no acecha, ni los dominios o dominadores amenazan. Por donde desaparecen esos "medios" y los "por-qué" callan... Carecen de sentido las... "cadenas"... No hay ya fronteras.
Dificilísimo y simplicísimo. Alguien lo dijo así, y seguramente tenía razón...

Alberto E. Justo  http://flordelyermo.blogspot.com.ar/

martes, 16 de abril de 2013

Habitar el Misterio



Es hora de amanecer. Resuena la Aurora con armonías seculares -siempre nuevas- que no hemos de describir... Descubro en el horizonte, en las montañas, en el mar, "algo" del secreto de la hondura interior. El horizonte, que parece lejano, es un "reflejo" del corazón y de la interioridad. La realidad exterior, sobre todo la "naturaleza", está ahí para enseñarnos a leer. He pensado en la "densidad" de la historia y en los tiempos pasados que, de algún modo, se perpetúan en nuestra sangre y en nuestra conciencia.
¡Ah, la pequeña semilla! Pero la pequeña semilla es "enorme". Basta una mirada serena para darnos cuenta de su asombrosa potencialidad.
Allí anida esa belleza inexplicable, insospechada siempre, imagen y reflejo del Creador, de su presencia y de su operación.

¡Pequeña llama! ¡Tantas veces encendida y animada, renacida siempre más honda! De las manos de María pende esa corona, signo de luz y de vida...

Desde donde te encuentras y "en" donde te encuentras, todo lo alcanzas. De lo pequeño a lo máximo, de la nada al todo. El "todo" en la "parte"... ¿No ves la "dicha" y la "sonrisa" del fragmento, que se goza en su pura pequeñez?
También donde te encuentras... puedes decir que "no". Puedes desprenderte de todo aquello que "no-es". Aunque te duela y experimentes nueva soledad... Aunque arriesgues lo que arriesgues... Acepta tu lugar y tu circunstancia desprendiéndote de lo que sea, sin huír ni escapar.
¿Crees que los ruidos y las cacofonías de este mundo pueden ahogar los encantos del alma y del espíritu?
Permanece en la altura dichosa de esa montaña que es tu corazón... No tiene límites... Su cima es el Cielo... Y solo por el alma se sube al Cielo.
Mira: cuida y cultiva tus mejores sentimientos. Ten los mismos sentimientos del Señor. Envuélvete en su Misericordia. ¿Qué más? Mucho, infinitamente más, es lo que callamos. ¡Ah, maravilloso abismo, hondura infinita! Enciéndase tu amor con Aquél Fuego... que no hay otro. Ni otro Amor tampoco... ¡Lámparas de Fuego!

Alberto E. Justo   http://flordelyermo.blogspot.com.ar/