miércoles, 12 de noviembre de 2008

HISTORIA DE UNA PEREGRINACIÓN P. Fr. Alberto Enrique Justo O.P. " Entrar al alma" (4)


SIN COSAS. Des-codificado y des-ideado. Seguro de su vocación y de una invitación sublime... Padece, el contemplativo, un llamado inefable, sin nombre conocido para él. ¿Para qué uno u otro nombre? Basta uno, el ÚNICO. Respiro hondo, en fin, sin categorías.

Respiro hondo, que es como una simple presencia. En efecto, el hombre contemplativo no es el que hace cosas (ni menos todavía cosifica) consideradas como propias o aun pertenecientes a algún género de vida contemplativa. No, no es ni obra ni juzga de esta manera. No es, en efecto, contemplativo a ratos. Lo es, en cambio, siempre. No se trata de acentuar sólo algunos momentos y, por haber dispuesto de todos ellos, se siente satisfecho: ha cumplido. Nada de eso.

El auténtico contemplativo, el que juega toda su vida, sabe que lo que cuenta, antes que nada, es su respuesta y su presencia en la historia. Digamos algo así como la densidad de su presencia. Es la orientación, su dirección, la que, muy luego, sale impresa en sus obras o en lo que sea... Orientación, tensión a, dirección... Resulta entonces una suerte de posesión. En realidad es él el poseído, con anticipación a cualquier manifestación u obra. Se trata de algo siempre anterior, previo a la manifestación que sea y aún independiente de ella. Hablamos de una vivencia plena en la cima del alma.

Afincado en su interior, el contemplativo descubre la libertad en modo nuevo, libertad que -como decía un Cartujo- permite explorar la transparencia interior, que no comporta ni hábito ni término; se la encuentra allí, siempre en el primer instante de la primera mañana, donde todo recomienza entre el alma y Dios". Y añade que "todas las otras libertades de las cuales se habla, no son más que débiles y lastimeros ecos de aquella libertad".

Descubrimiento de la Aurora, podría decirse... Este planteo, pues, deja al hombre sin seguridades engañosas. Si no asume el hecho y no acaba por despojarse de las cargas innecesarias, acabará por fabricar su propia angustia en la cosificación y en sus insolentes desafíos.

En cada caso es un camino inexplorado, original. Siempre proporciona nuevas y luminosas sorpresas... pero no hay que descuidar la memoria de esta realidad. La conciencia de que es, aunque no se pueda explicar ni decir.

"Aquello" acontece de todas maneras. A pesar de distracciones y somnolencias, a pesar de los adormecimientos, de las terribles soledades y de las azarosas interrupciones. En fin, a pesar de la tonta sordera del mundo y a pesar de nuestra propia ceguera.

Aunque el Amor no sea amado, el Amor ES. Aunque no llame atención alguna, aunque haya tantos distraídos..., aunque nadie se de cuenta.

La conciencia de "Aquello" no es fuerza ni potencia que se perciba. Su inefable intensidad se compara al "silbo de los aires amorosos", a la delicada brisa que halló al Profeta Elías.

domingo, 9 de noviembre de 2008

HISTORIA DE UNA PEREGRINACIÓN P. Fr. Alberto Enrique Justo O.P. " Entrar al alma" (3)


Pasión... La vida contemplativa no es invención del hombre. La vida contemplativa y la Contemplación sólo pertenecen a Dios. Adrienne von Speyr hablaba de una conversación de Dios con Dios, refiriéndose a la oración, como un acontecimiento de amor entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, (Cfr. L’Experience de la prière, París 1978, p.9). El hijo de Dios, el hijo en el Hijo Unigénito, queda incorporado a la Vida y al Misterio por la Gracia. En esta perspectiva, en el hecho mismo de su adopción, aparece la vocación contemplativa como fundamento esencial de su vida en pura relación a Dios.

Esto es lo que debemos tener presente en el momento de ocuparnos de la realidad de la contemplación. Porque ésta no podrá darse fuera de la vocación divina ni de la Gracia...

Si antes hablábamos de viaje, hoy hablamos de pasión. En efecto, Dios nos conduce, nos lleva y obra en el corazón. Y por la obra nos asimila a El. Es una suerte de incorporación, de imitación, que tiene por figura, ejemplo y modelo al mismo Verbo en Quien hemos sido concebidos y creados.

La introducción en la vida contemplativa se realiza en Cristo-Jesús, por obra del Espíritu Santo. Y ya no hay otra realidad, que irá creciendo y desarrollándose según el designio y la gracia de Dios.

El auténtico contemplativo padece a Dios, a semejanza del Señor, cuyo alimento es "hacer la voluntad" del Padre (Jn. 4, 34). Por lo que nos dice el Apóstol San Pablo: Tened en vuestros corazones los mismos sentimientos que tuvo Cristo Jesús; el cual siendo su naturaleza la de Dios, no retuvo su prerrogativa, sino que se despojó a sí mismo, tomando la forma de siervo, hecho semejante a los hombres. Y hallándose en la condición de hombre se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte y muerte de Cruz... (Filip. 2, 5-8).

No ha de extrañarse, entonces, el contemplativo por las asperezas que surgen en el camino emprendido. No se trata de contrariedades sino de la vida misma del Hijo de Dios.

Desde luego, hoy se halla el hombre en una encrucijada particular, que parece ser ajena y aún opuesta a la contemplación. Sin embargo nunca como hoy puede tener conciencia de la realidad de su exilio.

La adversidad (por decirlo de alguna manera) produce un rudo choque, quizá un encuentro no esperado. La desilusión y el dolor asestan golpes ante los que no se está debidamente preparado. Todo eso es verdad y aún más, mucho más de cuanto alcancemos a esbozar aquí. Pero no puede olvidar, el contemplativo, la gesta y la epopeya de Getsemaní. Es allí, o aquí, donde se desencadena la espiral y el abismo. Es la ocasión, la mejor, de penetrar en el alma y en su misterio.

Desde las contrariedades hasta los mayores sufrimientos, desde lo más inesperado hasta la monotonía de lo cotidiano, hallará -el contemplativo- en todo instante la manifestación auténtica del ser. ¡Y que no nos escandalice o nos parezca demasiado extraño! Cuando se atraviesa cierta frontera, el acicalado lenguaje del mundo, sus halagos o sus previsiones son completamente inútiles.

Repetimos el hecho que deseamos subrayar. Toda adversidad o contrariedad se explica y se halla en la Pasión del Señor. Se trata de la vocación crística, permítasenos decirlo así, opuesta a la vocación adámica, perdida de una vez para siempre. En efecto, la paternidad del viejo Adán es pura ilusión o un espejismo del cual es preciso cuidarse.

Sólo se descubren las honduras del Ser y el misterio del alma humana, toda ella abierta al Ser y a Dios, en la Figura de Cristo. Volvemos al Apóstol San Pablo, que nos dice: Por eso doblo mis rodillas ante el Padre, de quien toma su nombre toda paternidad en el cielo y en la tierra, para que os conceda según la riqueza de su gloria, que seáis poderosamente fortalecidos por su Espíritu en el hombre interior; y Cristo por la fe habite en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en el amor, seáis hechos capaces de comprender con todos los santos qué cosa sea la anchura y largura y alteza y profundidad, y de conocer el amor de Cristo que sobrepuja a todo conocimiento, para que seáis colmados de toda la plenitud de Dios (Ef. 3, 14-19).

Las pruebas, por tanto, son parte privilegiada de una vida de contemplación. Revelan el misterio de la Cruz, al mismo tiempo que la hondura del alma. Son dos dimensiones que no deben separarse. De todas maneras, el camino más alto es aquél que no tropieza consigo, que no tiene en cuenta, que olvida... Es el desprendimiento de toda creatura.

Vamos a seguir por la senda del desprendimiento y del abandono, a través de las circunstancias que -por lo general- se presentan en la vía de la contemplación. No podemos pretender decirlo todo, ni siquiera tratarlo en modo orgánico. Esto sería poco menos que imposible. Desde un principio se exige una actitud radical y profunda. Una suerte de negación sin compromiso alguno. El viajero no lleva equipaje. Es una especie de exiliado y él mismo se sabe desterrado de su Patria verdadera...


sábado, 8 de noviembre de 2008

HISTORIA DE UNA PEREGRINACIÓN P. Fr. Alberto Enrique Justo O.P. "Entrar al alma" (2)


La apertura está hecha y ya se han dado los primeros pasos. Queda derribada la primera muralla que cerraba el acceso... Vamos a continuar.
La realidad interior se manifiesta en el VIAJE. En efecto, el descenso en este mundo, un cierto abandono lleno de sentido (aunque no fácilmente perceptible), constituyen lo que podría llamarse: lenguaje o expresión propia de la interioridad.
No son suficientes las definiciones como tampoco resultan eficaces los esfuerzos por explicar lo que sobrepasa los conceptos o el mismo lenguaje humano.
Se instaura así, por pura experiencia (si se nos permite decirlo así) una aproximación elocuente.
Esta se confunde con la historia. En realidad con la metahistoria o hierohistoria. Con acontecimientos supratemporales que son ocasión.
Pero ¿cuándo comienza este viaje, y de qué tipo de acontecimientos se trata?
Este viaje no es otro que el descenso del Hijo de Dios. Es el único, y cualquier otro será, al menos, una participación por gracia.
La apertura del misterio del hombre, su manifestación, sólo puede darse en el Misterio de Dios.
Pero hay mucho más. Aquí se vislumbra el DON de Dios. Pasamos enseguida de una perspectiva que llamaríamos existencial, al nivel de la GRACIA, más allá de los proyectos, previsiones y posibilidades humanas.
Lo que más nos interesa, por ahora, es asociar este orden de la Gracia con la misma intimidad de que hablábamos más arriba.
Para ello será conveniente detenernos en la breve presentación del frecuente problema, que tanto descorazona a los principiantes: el tiempo del cual se dispone, las ocupaciones, las distracciones y mil cosas más. Añadiendo, desde luego, las dificultades mayores, repetidamente asediantes en los días que corren: adversidad, sensación de fracaso, persecución y otras muchas situaciones, que parecen confabularse contra la paz y disposición interiores.
Se oye, generalmente, el siguiente reparo: No "da" el tiempo...; quisiera dedicarme a tantas cosas y no puedo... ¿Cosas?
Es probable que la vocación contemplativa no se desarrolle armónicamente a causa de las cosas. En efecto, el sujeto espera -por lo general- situaciones ideales y cuando no las logra o las pierde tal como las imaginaba, padece una desilusión o se cree víctima del fracaso.
La primera solución de este problema debe darse en el estricto plano de la interioridad. El hombre no precisa de otro lugar que no sea su propia alma. Es claro que ésta no es un... lugar. Pero sí es el ámbito pertinente, el verdadero, de cuanto se desea o se recibe, de las más altas relaciones en el plano espiritual.
La VISIÓN es, análogamente, acto del alma. Y, aunque adoptemos un lenguaje metafórico, es claro que se da, en los ojos interiores, una noticia luminosa directa.
Desde luego, Dios mismo, su Gracia, es iluminante. Aun en medio de la tensión o de la agonía, cuando al hombre se le presentan los objetos más contradictorios, basta un instante, un simple pensamiento, un acto de la memoria, para que, inmediatamente, la conciencia se eleve y retome lo que acontece en nivel más hondo.
No será superfluo citar aquí a un autor como Proclo. Decía, en efecto, este pensador griego que "cuando los dioses nos conducen en la iniciación no nos iluminan por medio de palabras sino por acciones". Es decir que "recibimos el poder de unirnos a los dioses por los mismos dioses, más allá de nuestra conciencia". Se trata, apunta Trouillard, del planteo de una comunión con la divinidad anterior a nuestros modos, a nuestras maneras claras...
Pasando, entonces, al tema de la Oración, según Proclo, el mismo comentarista afirma que la plegaria "se precede a sí misma como el saber. Si nuestra oración es intermitente en el nivel de su ejercicio deliberado, no dejamos jamás de orar en la substancia de nuestra alma, más aquí de las fluctuaciones de nuestra conciencia. La premoción que nos lleva a convertirnos substancialmente a la divinidad (El. Theol. 39, 191), y sin la cual no tuviéramos ni ser ni vida ni pensamiento, es eminentemente una oración. Existe, pues, una oración inscrita en la misma espontaneidad de nuestro ser (y en nuestra vida, nuestro pensamiento y nuestra actividad en tanto que son sustanciales) y que es una indisoluble comunicación con lo divino" (J. Trouillard, L’Un et L’Ame selon Proclo, París 1972, pp. 177-78). La enseñanza de Proclo acerca de la oración tuvo no escasa influencia en ambiente cristiano, especialmente en el siglo XVII. Aquí nos ha interesado por dos motivos. El primero es el lugar de privilegio del filósofo entre los místicos de los siglos XIII y XIV. Y luego por el papel de esta suerte de premoción, que podemos entender muy bien como el primado de la Gracia en la vida del cristiano. El DON de Dios es, pues, anterior a cualquier modo o sospecha o plan que el hombre intente. Y, por supuesto, supera las adversidades, las llamadas distracciones o cualquier cosa que aparezca inconveniente...
La conciencia de algo, la conciencia actual, no es garantía de su presencia como tampoco de su acción. La disposición es, desde luego, necesaria en el sujeto que padece la obra divina. Pero no se requiere otra atención que no consista en el desapego y en el abandono habituales.
Pasemos ahora a una nueva consideración.

martes, 4 de noviembre de 2008

HISTORIA DE UNA PEREGRINACIÓN.P. Fr. Alberto Enrique Justo O.P..."Entrar al Alma" (1)


¿Qué es esto? ¿De qué manera? Desde luego será necesario recurrir a más de una metáfora para explicarnos mejor... Pero lo que intentamos decir ahora se puede expresar así: atención a lo interior. Atención, en suma, a la vida más honda, a la vida a secas. Vamos como descendiendo en lo más íntimo, que es lo más secreto. De ninguna manera comporta esfuerzo o tensión. Tampoco análisis o raciocinio. Hemos aprendido a tomar, al menos, una cierta distancia de las cosas, sobre todo cuando nos dimos cuenta que no nos identificamos con ellas. También podemos dialogar con mujeres y con hombres de épocas muy lejanas. Quiere decir que somos capaces de superar las determinaciones y condicionamientos que, aparentemente, nos someten. Limitaciones que no son tales, cuando nos aventuramos en un diálogo cada vez más alto.
El universo interior no requiere esfuerzos de concentración sino, más bien, un VIAJE. Esta figura es más elocuente y veraz de cuanto se pueda sospechar. El hombre se enfrenta a una mirada, hasta que se sumerge en ella. Ahora bien, él no sabe si está dentro o está fuera... Simplemente ve.
Y parte. Entonces se deja llevar en la misma medida de su entrega, de su abandono... Su búsqueda, su viaje, comporta la actitud fundamental: dejar ser el ser... Ahora es desvelado, despertado por el esplendor del Ser.
El Ser aparece en su horizonte. Se descubre desde su intimidad, aun con los velos de su delicado pudor. El alma se enamora del Ser. El planteo no sigue, no puede seguir, una línea recta sin alternativas ni sorpresas. La aparición del Ser supone una suerte de sobresalto, de perplejidad y hasta de temor. No es extraño. La hondura de la realidad despierta un vértigo particular. de alguna manera es ésta una garantía de autenticidad.
Quien descubre un tesoro comprende inmediatamente el riesgo que trae consigo, el riesgo que le es propio. En efecto, la verdad supone el rechazo de cuanto le es contrario y, con ello, la gesta y la agonía. No se capta la belleza, no se la recibe realmente, si -al mismo tiempo- no se percibe su fragilidad...
La responsabilidad de haber hallado un tesoro es, desde luego, muy grande. Y el sujeto sufrirá siempre la distancia entre lo que él sabe y la ignorancia o torpeza que pueden circundarlo.
De aquí la angustia, tan frecuente en el origen y en el camino espiritual. No hay verdadero encuentro ni desvelo alguno en el alma, sin este perfil desolador, sin esta agonía, sin este vértigo.
En un instante aparece un contraste violento. Pero la paz auténtica no queda dañada. Es preciso aprenderlo y ejercitarse.

viernes, 31 de octubre de 2008

HISTORIA DE UNA PEREGRINACIÓN (P. Fr. Alberto Enrique Justo O.P.)


Las voces del peregrino nunca son caprichosas. Por el contrario, contienen un mensaje maravilloso, digno de ser atendido aun por los más distraídos.
El secreto del hombre, el verdadero secreto, se halla en las profundidades del alma. No es necesario repetirlo. Sólo hay que susurrarlo. Porque no necesita ni requiere propaganda alguna...
El secreto del hombre es el alma y el secreto del alma está en su silencio. En efecto, la realidad supera cualquier pretendida conceptualización, cualquier definición o análisis que se quiera intentar. No, no está ese abismo a merced de ocurrencias pasajeras ni de los ensayos que tanto nos consuelan. ¡El alma vive! Más allá, incluso, de cuanto podamos o pretendamos imaginar...
Aunque yo... no lo sepa; aunque no me de cuenta, aunque quiera eludir y escapar. El misterio de la interioridad humana, la proyección de su hondura, está ahí, siempre insoluble, en un perpetuo reclamo de atención... Y, a pesar de nuestra insuficiencia para captarlo o alcanzarlo en toda su magnitud, nos interroga constantemente, nos invita a sumergirnos en sus aguas para bucear siempre algo más en zonas desconocidas.
Percibimos el eco de una existencia necesariamente diferente. Sabemos o descubrimos -tarde o temprano- que no somos esto o aquello. Que las incesantes noticias y la agobiante información que nos circunda, no constituye -para nosotros- lo esencial ni lo fundamental. En definitiva, que hay algo más.
Así como la vida no acaba en la muerte, así como nos sabemos llamados a la eternidad, así también acabamos por conocer la apertura de nuestro propio yo, por decirlo de alguna manera.
La asfixia exterior nos impele a descubrir el universo interno. Así lo insinuaba San Gregorio Magno, como fruto de su experiencia y de su sufrimiento. El mundo que nos asedia se erige en absoluto. Su multiplicidad, su carácter invertebrado, nos engaña y nos deja perplejos, casi empeñados y comprometidos con él.
Pero no. No es esa la verdad. ¡Hay algo más, hay mucho, mucho más! Destellos y heridas nos comunican el Bien insospechado. La cuestión será otra. El dilema se planteará entre dos actitudes bien nuestras, bien personales... Si nos decidimos a entrar, con todo lo que ello comporta, o nos quedamos -sin fecha-perpetuamente quizá, en el umbral de la puerta.
¿Porqué se nos plantea tal disyuntiva? Porque el secreto de la vida está en un acto de arrojo que se realiza; "sin porqué"; sin duda, esta especie de salto en el vacío nos permite abrir la puerta cerrada hasta hoy. Lo que los místicos llamaron AMOR PURO puede indicarnos el camino a seguir...
La apertura que necesitamos requiere esa suerte de desinterés, de abandono, que nos introduzca en el plan de Dios, en la aceptación "generosa" del designio del Señor, que no es plenamente, desde luego, conocido por nosotros.
Entrar en la noche. El Doctor Místico, San Juan de la Cruz, puede enseñarnos maravillas acerca de este ingreso y de este consecuente camino.
Ahora bien, pasamos a nuestra casa, nos desprendemos del mundo aparente y lejano... Y esto es así por la razón que ya vamos conociendo, a saber: que desgajándonos de los "intereses", en renuncia luminosa, entramos en el desierto que nos lleva a la Tierra prometida. Entramos en el Alma hecha Templo de la Presencia de Aquél que es el Centro y Origen de nuestra vida...

martes, 28 de octubre de 2008

Dom A. Guillerand


Hazte un hombre superior a ti mismo y superior a las demás cosas. Aprende a detener el movimiento de tu pensamiento, a apartarlo de un objeto para dirigirlo a otro, a abandonar un trabajo, a decir "no" a un placer aunque legítimo. Libérate de todo aquello que no tiene derecho a mandar en ti. No te inclines sino ante Dios, y haz de ti un lienzo sobre el cual pueda dibujarse Su imagen, que es Jesucristo. (Dom A. Guillerand )

jueves, 23 de octubre de 2008

Eremitismo interior ( P. Fray Alberto Enrique Justo O.P.)


La vida solitaria no halla mejor lugar ni espacio que el corazón. Allí deja todo cuidado, y descubre- el peregrino- la misma realidad de su soledad...


La soledad más significativa es la que vive el alma en cualquier relación con las creaturas. Éstas no dan jamás lo que se oide de ellas, porque para solo Dios hemos sido creados y sólo en Él hallamos el cumplimiento de nuestros deseo.


Las vidas de los Santo Padres del Yermo, como aquellas de los Mártires, séran siempre prototípicas ya que señalan el camino interior. Es propio de la inteligentia humana ver-más-halla-del-simbolo y descubrir los múltiples secretos que encierra una figura. Por ello es urgente aprender a leer por debajo de la letra y ganar un sentido espiritual que nos guíe hacia el monte del corazón.

viernes, 17 de octubre de 2008


Regla para eremitas

Padre Fray Alberto E. Justo, O.P.


Para los que vivimos en cualquier parte.

En el mundo o fuera de él

más allá de todo mundo

y en cualquier tiempo

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LECTOR:

tienes la oportunidad de dejar este mundo y de seguir al Señor. No dudes un instante. No permanezcas observando lo que queda atrás, en el camino, ni sueñes con tu fantasía, gestando fantasmas en un futuro que no es y que, seguramente, nunca será.

Deja. Aventúrate, en cambio, por las sendas de la Eternidad, que ya están a tu disposición. No sólo no están lejos sino que en este mismo instante se abren para ti.

Tal vez pensabas que alcanzarías una vida mejor mudando de lugar o escapándote del tiempo. Nada de eso. Aquí hallarás una pequeña senda para horadar el instante y el lugar en que te encuentras y pasar del otro lado. Más allá.

No te turbe tu pasado. No te angustie el mañana. Simplemente estás aquí y ahora con el Señor. Es Él quien te llama.

Y no quieras saber otra cosa. No te pierdas en vericuetos ni te distraigas en tu propio laberinto. No te justifiques buscando razones para escapar de la senda del Señor. Que no te deslumbren los espejismos de un mundo que perece.

Aquí intentamos no caer en el precipicio de la muerte. Aquí pedimos al Señor la Salvación... No pretendemos dar lecciones sino aprender a abrir las puertas de par en par al Salvador.

Abre estas páginas y reconoce, en ellas, una insinuación. Una suerte de invitación a subir mucho más alto. Solo son un punto de partida.



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PRIMERA PARTE

Conducta y actitudes en la jornada

1. Al comenzar el día, ármese, el lector, con la señal de la Cruz y conságrelo, todo entero, en un breve acto al Señor.

2. Renuncie explícitamente, con una cortísima invocación, a cualquier vanidad o distracción durante la jornada. Haga el propósito, sinceramente, de no apartarse del Señor. Recuerde el aforismo de San Juan de la Cruz que nos enseña que sólo Dios es digno del pensamiento del hombre.

3. Pida, en fin, con plegarias e invocaciones, la gracia de la contemplación y de su perseverancia.

4. Sepa que el diablo lo tentará con muchisimas distracciones u ocupaciones disfrazadas de la razón de bien. Rechace, con vigor, estos engaños y no viva volcado hacia afuera sino recogido y advertido. Pida al Señor el don del discernimiento y busque la paz. Su principal ascesis sea el silencio.

5. No por mucho empeñarse logrará mejores resultados. Combata la ansiedad que lo oprime y permanezca quieto, atento al silencio interior. El Señor no quiere esos sus trabajos y sus cosas sino a toda su persona. No pierda el tiempo.

6. El mundo, en el que le toca peregrinar, se asemeja al caos. La mayoría de los hombres, en los centros urbanos, vive en desorden y desarmonía. No tema, ni se deje atrapar por ningún lazo. Sobre todo, no preste atención a lo efímero.

7. La mano izquierda no ha de saber lo que hace la derecha. Transcurra la jornada en olvido de sí.

8. Recuerde que lo más grande siempre resulta incómodo. Con la ayuda de Dios vencerá cualquier asedio. El Verbo de Dios, en la estrechez e incomprensión de este mundo, en su humillación y obediencia, no pierde grandeza sino que es exaltado.

9. No se apresure. Deténgase y sosiéguese. No haga una cosa después de otra con precipitación. Anímese a dejar que se vaya su medio de locomoción. No corra detrás de nada. Vuélvase a cerrar delicadamente las puertas cuando pasa a través de ellas y, como aprenden los Cartujos en su Noviciado, no las cierre de un golpe sino articulando su mecanismo. Entre paso y paso descubrirá el silencio.

10. Interrumpa, con frecuencia, sus movimientos. Respire hondo e invoque al Señor antes y después de cada paso. Sosiéguese. No se apresure ni en hablar ni en responder.

11. No se apresure por hacer esto o aquello. Con antelación a cualquier trabajo o empeño diga una jaculatoria. Desconfíe de sus propias urgencias.

12. Sea firme en sus convicciones, pero siempre dispuesto y pronto para abrazar la verdad.

13. Trabaje en silencio, sin decir lo que hace. No busque reconocimiento ni aplauso. Acepte lo que la misma Providencia le depara en todo lo que se refiere a sus acciones.

14. Sepa, en todo lo que emprende, que su Patria verdadera es el Cielo y que ahora se halla en el misterio del exilio. Pero no olvide que encontrará ya el cielo en su alma. Su mismo espíritu le anticipa la eternidad.

15. No establezca ni se ate con un horario rígido. Adhiera a un orden armónico que pueda, fácilmente, adaptar. Busque también la belleza en la sucesión de las horas.

16. Intente integrar las sorpresas, esto es: lo imprevisto. No desvanezca ante ello. La vida contemporánea abunda en lo que no se aguarda. En ocasiones se trata de las trampas del diablo para que pierda el equilibrio en su camino. No preste atención ni se angustie, que todo pasa. Continúe como si nada ocurriera, morando en el silencio de su propio interior. Cultive la paz.

17. Aprenda a vivir en algunos minutos o, quizá, en algunas horas, lo que otros viven a lo largo de todo su tiempo. Así la soledad, el retiro, el recogimiento... Sea monje de un sólo día. Aproveche los momentos y las auroras. Descubra en las horas y en los paisajes, en la música y en toda manifestación de la belleza, la hondura de su verdadera soledad interior.

18. Se ha dicho que el verdadero hombre es el del verdadero día, del eterno día. Es capaz de vivir toda la vida en un solo día. Quizá porque todas sus jornadas son las de siempre. Oriéntese, pues el lector y peregrino, hacia el último día. Cada instante le entregará la Eternidad.

19. Aprenderá a prolongar los instantes privilegiados, cuando el tiempo es atravesado verticalmente. Así la Santa Misa, como toda celebración de la Liturgia en la que haya participado. Y aún aquéllas que le son lejanas, en el tiempo y en el espacio. Únase, por dentro, a la vida que no ve y que, sin embargo, requiere de su plegaria y de su vigilia.

20. Lo mismo en los instantes de silencio y de recogimiento. Especialmente descubra el misterio religioso de la noche y haga de esas horas su propio desierto.

21. Tenga en cuenta que velar en la noche puede ser mayor que esconderse en el fondo del desierto. La soledad &endash;decía André Louf&endash; era un porción del mundo que servia al ermitaño para situarse en el universo. La porción que ahora le pertenece es: tiempo. Vigile y vele, según sus posibilidades, y proyecte su vigilia en todas las horas.

22. Tenga presente lo que enseñaba San Isaac el Sirio: si un monje, por razones de salud, no pudiese ayunar, su espíritu podría, por las solas vigilias, obtener la pureza de corazón y aprender a conocer en plenitud la fuerza del Espíritu Santo. Pues sólo quien persevera en las vigilias puede comprender la gloria y la fuerza que se esconden en la vida monástica.

23. Permanezca en vigilia por medio de la oraciones breves. Practique la Lectura espiritual y, a ser posible, rece, diariamente, todas las horas del Oficio Divino.



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SEGUNDA PARTE

Elementos generales

El lector ha de tener en cuenta su posición con respecto al mundo, una vez que lo ha dejado todo por Dios. La formulación exacta es la siguiente: se ha dejado a sí mismo y ha acudido al llamado del Señor que es su vida. Antes que cualquier decisión posterior se ha postrado para adorar. Con ello reconoce el primado de la contemplación.

Ahora, con abandono, siga su camino y observe:



24. No afincarse en época ni en lugar alguno. Renunciar decididamente a cualquier forma de poder aún cuando aparezca conveniente o con el pretexto de contribuir a formas apostólicas. Despojarse de cualquier medio y presentarse en el Nombre y la Palabra de Dios. No apelar a ninguna alianza ni servirse de ella.

25. No habitar espiritualmente ningún lugar transitorio. Los cristianos habitan el mundo pero no son del mundo... los cristianos viven de paso en moradas corruptibles, mientras esperan la incorrupción en los cielos (Ep Diogn. VI.3 y 8), Habitan sus propias patrias como forasteros... Toda tierra extraña es para ellos patria, y toda patria, tierra extraña (Ibid. V.5). Ser, por tanto, peregrino en el desierto de este mundo.

26. Abandonarlo todo en el Señor. Abandonar todo es consecuencia de la metanoia. Lo que caracteriza el desierto interior es el total abandono en el Señor. La apatheia cristiana - ha dicho Hans Urs von Balthasar - es lo contrario de una técnica hecha para protegerse del sufrimiento, es el puro abandono al amor eterno, más allá del placer y del dolor. Dejar de lado previsiones e inquietudes. Péguy decía que no es mayor pecado la inquietud que la pereza.

27. La renuncia a cualquier poder de este mundo, comporta armarse de las propias fatigas. La misma palabra kopos utilizada por San Juan (Jn. 4,38) y por San Pablo (I Cor. 3,8) para designar las fatigas del apostolado es empleada en los Apotegmas de los Padres para expresar los trabajos del monje.

28. Dejar cualquier compromiso con el poder de este mundo implica, desde luego, disponerse a la contemplación y a la única obra de Dios.

29. El peregrino no ha de temer la lucha sino confiar en la Gracia del Señor con humildad y con paciencia. Tenga presente el siguiente texto de Diadoco: La impasibilidad no consiste en no ser atacado por los demonios, pues entonces deberíamos, como lo dice el Apóstol, irnos de este mundo (I Cor. 5,10), sino en permanecer inexpugnables cuando nos atacan (XCVIII-160).

30. Practique el silencio interior según el siguiente Apotegma: El Abad Isaac estaba sentado un día junto al Abad Poimén; se oyó, entonces, el canto de un gallo. Aquél dijo: ¿es posible oír esto aquí, Abad? El otro respondí: ¿Isaac, por qué me fuerzas a hablar? Tú y los que se te asemejan escucháis esos sonidos, pero el hombre vigilante no se preocupa por ello (Poimén 107 - Sentencias 245).

31. Convertirse en discípulo que sabe escuchar y discernir. En muchas ocasiones los sonidos manifiestan el silencio. En efecto, lo importante no es lo que llega sino cómo lo recibimos.

32. Permanecer débil y vulnerable, sin fuerzas, sin alianzas comprometedoras, sin tratados ni defensas. En lugar de espiritualidades, dar lugar al Espíritu.

33. Tenga el corazón fijo en Dios y cuando padezca la adversidad o sufra algún despojo, o lo que sea, no se compadezca a sí mismo ni se observe, no guarde en la memoria ni recuerde. Pase por encima de las miserias de este mundo, respetando y aceptando el nivel de cada cosa.



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TERCERA PARTE

El Recogimiento



34. El recogimiento es lo esencial de esta Regla. Se entiende por recogimiento la unificación interior de la persona en la Presencia de Dios.

35. Aún cuando no pudiera, por motivo válido, ser observado uno u otro de los artículos de esta Regla, bastará esta tercera parte para cumplir con ella.

36. Vivir de la Presencia de Dios en todo tiempo y lugar y someterle todo.

37. Estos artículos no se refieren, desde luego, a cuanto compete al cristiano en su condición de tal. Presuponen el llamado a la santidad y a la unión con Dios. En cambio apuntan al recogimiento habitual de los que perciben una especial vocación a la contemplación y a la intimidad con el Señor.

38. La Contemplación consiste en atender y adherir a la Presencia de Dios en el fondo, raíz y centro de nuestro ser. Teniendo en cuenta que ésta es una gracia, viva de ella y pídala constantemente. Recuerde que el contemplativo no conoce más o menos que otros, sino que &endash;como decía un cartujo&endash; es capaz de extasiarse donde los demás pasan con indiferencia.

39. La Contemplación no es un camino de conocimiento sino un llamado a una experiencia que trasciende todo camino o proyecto.

40. Disponga de un tiempo infinito para Dios. Practique, asiduamente, la Lectura espiritual.

41. Si, alguna vez, se hallara en un ambiente adverso y descubriera que los más cercanos son los más distantes, convierta todo ello en escuela de Caridad y aprenda a trascender, por lo alto o por lo bajo, las imposiciones de cualquier lugar.

42. No deje de combatir. Sea fiel y constante. Huya de los laberintos. La lucha es siempre saludable. Sea perseverante en las pruebas.

43. Silencio y recogimiento. Solo Dios basta. En un corazón puro no existen más disonancias ni distancias con Dios. Está abierto al Misterio y se halla en conformidad con la Voluntad del Padre. El auténtico silencio es propio de un corazón puro, semejante y unido al Corazón de Dios. Podrá, pues, vivir en un silencio completo cuando descanse sin reparos, como un niño, en el mismo Señor.

44. El silencio consiste, sobre todo, en callar para oír algo siempre más grande. Deje sus análisis y el alud de sus deducciones. Permita que el silencio se manifieste en su interior. Puede estar muy empeñado en todo tipo de actividades y, al mismo tiempo, gozar del silencio, que es patrimonio del alma y expresión de Dios.

45. No cometa agresiones ni abuse de cuanto pasa. Respete y no se apresure a responder o a intervenir en lo que sea. Mira con benevolencia. Todo está a su favor.

46. Libérese de todo lo que no lo atañe. No dependa de personas o de situaciones. Calle las voces que lo lleven a analizar en exceso. Busque su refugio y su auxilio en sólo Dios. Nunca será defraudado.

47. Corazón puro. Unificado en el Señor. Va a Dios por Dios. Dios mismo es su vida. Que la invocación del Nombre de Jesús le recuerde, constantemente, la Presencia del mismo Señor y su unidad interior e intima en Él.

48. Encuentre el misterio del desierto en su proprio interior y en cuanto eventualmente lo circunda.

49. Toda desolación o prueba podrá conducirlo, si así lo quiere, al Misterio de Cristo.

50. Es propio del solitario estar con el Señor en su Agonía. Ofrezca y consagre las horas y el sufrimiento consciente de su fecundidad.

miércoles, 8 de octubre de 2008

"La violencia revolucionaria" -- Por Fray Alberto García Vieyra O. P


La violencia revolucionaria
Por Fray Alberto García Vieyra O. P


Perfección cristina y documentos latinoamericanos. Medellín.

(Importantísimo documento a la luz de la crisis de la Iglesia, marca una época: 1968-2008, leer entre líneas, inter-legere, van 40 años de este Documento, le han precedido: 1) Muerte de PÍO XII; 2) Concilio Ecuménico Vaticano II(1963-1965); Juan XXII (1958-1963); Pablo VI (1963-1978).
¡FRAY GARCÍA VIEYRA, ORA PRO NOBIS!

Al abordar los problemas relativos a la perfección de la vida cristiana, aún de sus elementos constitutivos esenciales nos hemos referido en general a todo aquello que da estructura a la vida espiritual, en el hombre corriente y normal. Las virtudes, la oración, la abnegación de sí mismo, la confianza en Dios, aún en medio de las adversidades, son elementos comunes en a vida espiritual del cristiano, y los tópicos habituales de la teología Ascético-Mística.
Tales cosas sirven para todos los hombres, prescindiendo de su posición económica o social, su grado de cultura o alfabetización, mayor o menor. La perfección de las obras de Dios es tal, que aún el analfabeto o el “subdesarrollado” puede llegar a ser un perfecto cristiano.
Sin embargo, según documentos emanados de jerarquías responsables y grupos sacerdotales, la Iglesia latinoamericana parece absorbida por el problema del desarrollo. En todos esos documentos la vida la vida espiritual católica se contempla en función de un incremento económico, el cambio, liberación o promoción humana.
No hay duda que se refieren a abusos, a faltas de mayor o menor gravedad contra la zarandeada y noble virtud de la justicia. Pero, para corregir esos abusos, no se recurre a la moral cristiana, sino a los cambios políticos-sociales de los cuales van a salir los remedios, como patos de la galera del prestidigitador.
Deudores de claridad para con nuestros lectores, decimos que la vida espiritual católica, tiene sus leyes propias, fundadas en la Fe y en la Palabra revelada por Dios. De esas leyes propias nos ocupamos nosotros.
Sobre todo tenemos en cuenta a los jóvenes sacerdotes y civiles, que en sus primeros años de formación reciben el asedio de esa literatura sobre el cambio y desarrollo. La abrumadora literatura sobre “el hombre de hoy”, conduce a una desestimación práctica de la doctrina espiritual. Pablo VI se ha ocupado de este fenómeno: “Algunos hablan de una adaptación doctrinal de la enseñanza católica según ciertas pretensiones de la mentalidad moderna, análoga a la que efectúo en su época la Reforma del siglo XVIII; otros hablan de cambios en las estructuras eclesiásticas” (O.R. 27 de junio de 1967). En el Sínodo Episcopal del mismo año, preocupó también este asunto de las desviaciones doctrinales: “Estas nacen principalmente el deseo de acomodar la doctrina a la mentalidad del mundo contemporáneo”. (O.R. 24 de septiembre de 1967).

Allende el océano el problema parece ser el adaptar la Religión al “hombre de hoy”; aquende, el adaptarla al “cambio de estructuras” ¡las que nosotros vamos a hacer!, nos dicen.
Justamente, el cambio que piensan hacer es la edificación de la Ciudad secular, laica, pluralista, y después atea, sin contemplar la ley divina ni la ley natural, para eludir la “cristiandad” y el “clericalismo”. En los Documentos y proclamas se presupone el Estado laica o neutro, y una pura organización social técnico-administrativa.
Concretando, nuestro problema es el siguiente:
¿Si dada la reiteración de los planteos en categorías de desarrollo, producción, promoción humana, debemos dar por liquidada la doctrina tradicional de la Iglesia sobre la vida cristiana y perfección, que nos habla de mortificación, obediencia, oración, caridad, etc.?
No se discute que la vida cristina necesite un cierto bienestar económico. Se discute la falta de identificación entre la vida cristiana y promoción humana o económica.
Si resulta exagerado este planteo – las cosas no se dicen con tanta claridad – resulta peor que la doctrina de la Iglesia desaparezca en silencio, sustituida por un sociologismo o sociomorfismo mediocre, con su catequesis única, de pluralismo y desarrollo.

Es perfectamente legítimo ocuparse, desde un punto de vista cristino, del desarrollo y evolución de los pueblos. El mismo Pablo VI se ocupó de ello en su discurso de Bogota:
Los principios del desarrollo deben ser la caridad y la justicia. “La caridad como principio propulsor del gran impulso innovador de este mundo imperfecto en que vivimos…La justicia, que es la medida mínima de la caridad, y de otros coeficientes que hagan práctica, operante y completa la acción, inspirada y sostenida por la misma caridad…etc.” (23 de agosto de 1968).
En la palabra, el desarrollo no tiene una pura inspiración tecnológica, sino está inspirado en valores morales de salvación, tales como el amor sobrenatural, y en la justicia. En la palabra del Papa la caridad y la justicia tienen las riendas del desarrollo. La evolución económica no pierde su sentido de instrumentalizar y de servicio para el hombre y la comunidad. Los valores morales, los objetos de las virtudes (en lenguaje escolástico), tienen razón de fin en la vida del hombre. Los valores técnicos razón de medios y no pueden sustituirlos.
En los planteos latinoamericanos, no creemos, que se piense explícitamente en una sustitución. Pero la reiteración, con el mismo lenguaje, siempre ambiguo, sin definir la posición del cambio frente a la Fe católica, lleva a pensar en tal sustitución. Pongamos una anécdota real, muy sugestiva.
Un sacerdote, de quien doy fe, en una plática para religiosas, resumió la doctrina de Las Moradas, de SANTA TERESA DE JESÚS, la nueva doctora de la IGLESIA. Días después una de las religiosas le preguntó si aquella doctrina podría servir para la gente de hoy…
Con esas palabras puso de relieve una convicción que penetra lentamente en los ambientes religiosas, y que debe ser objeto de nuestra atención de ministros del Evangelio.

Univocidad y analogados (No confundir lo que se distingue)

Llamar los análogos a la univocidad, significa confundirlos, o unificar cosas distintas, que deben permanecer separadas.
El desarrollo de la vida espiritual, de la vida moral del hombre, y el desarrollo de la vida económico-social, son análogos, o sea son cosas diferentes, que no se pueden unificar, confundiéndolas.
En el hombre, el desarrollo de los hábitos morales, no es el desarrollo de los hábitos técnicos, ni aún el de los intelectuales
En todo este complejo de hábitos o virtudes, la vida intelectual del cristiano está regida por las virtudes teologales, de las cuales depende la unión con Dios. En términos de “desarrollo” la vida espiritual requiere el de las virtudes teologales y el de las morales (prudencia, justicia, templanza, humildad, fortaleza, etc.) Los hábitos técnicos, profesionales, virtudes intelectuales, habilidades, etc., se cultivan según las necesidades de la vida o profesión Pero, en cualquier profesión o trabajo, la vida espiritual dependerá siempre del ejercicio de las virtudes teologales y morales. Repetimos que el analfabeto, sin cultivo de hábitos intelectuales, y el torpe para el trabajo, sin dominio de ninguna técnica, pueden santificarse lo mismo.

El desarrollo de la vida espiritual no depende de la posición económica. Antes al contrario, la excesiva preocupación por las riquezas ahoga la vida espiritual. Quiere decir, no se puede sostener ni sugerir, que la promoción económica sea necesaria a la vida espiritual de Latinoamericana, ni de ninguna parte. La construcción de la Babilonia latinoamericana, en nuestras tierras no aumentará a nadie la fe, la esperanza o la caridad ¡ni hará ningún dechado de justicia y honestidad!
El desarrollo económico-social, por su parte, puede ser bueno o malo. No es necesariamente malo, como lo quiere cierto romanticismo maniqueo. ES UN BIEN físico, que resulta un bien moral si está ordenado a Dios, por la justicia y la caridad.
La Doctrina Social católica, aunque combate la usura y la posesión ilícita, fomenta la propiedad privada y la posesión lícita de los bienes. Por eso es una injusticia el marxismo, que pone los bienes particulares en manos del Estado. No promueve la lucha de clases, y aunque debe promover el bienestar y desarrollo de la comunidad, ese desarrollo no es un último fin, ni debe buscarse por el camino de las bombas, secuestros y luchas sociales. El desarrollo no es indispensable para la felicidad. En la unión con Dios y con una vida cristiana, pueden ser felices el preso, el enfermo en el hospital, el que ve quebrada su hacienda, por un mal negocio, el que ve rota su felicidad conyugal, el marginado por falta de capacidad de trabajo, etc., etc. Todos estos que la pedantería sociológica de subdesarrollados, son muy a menudo felices porque Dios ha puesto la paz en sus almas.

En fin:
Al totalitarismo político el Anticristo deberá sumarle el totalitarismo religioso, único dueño de las almas. Así, pues, se trata de destruir la religión, más precisamente la única religión que aún cree en Dios y en la verdad, la religión católica. Ocurrirá entonces lo que Pablo VI anunciaba poco después del Concilio:
“Puede ser que este pensamiento no católico dentro del catolicismo sea mañana el más fuerte. Pero nunca representará el pensamiento de la Iglesia. Tiene que sobrevivir un pequeño rebaño, por muy pequeño que sea”. (Pablo VI, Il Popolo, 9 de diciembre de 19689).
Cuando la religión católica haya sido vaciada de su sustancia y contaminada con el virus, nada podrá detener el poder del Anticristo. En complicidad con los cabecillas “católicos”, llegará a sentarse personalmente en el santuario de Dios, presentándose a sí mismo como Dios. Acumulando los dos poderes supremos en la tierra, impondrá el totalitarismo más absoluto, el que consiste sobre todo, según Solzhenitsin, en la negación de la idea de verdad. El Estado y la religión, la institución natural y la divina, serán guiadas por ese Hijo de la mentira, sin otro freno que su voluntad de hierro.
Cuando Pablo VI habla de una mayoría de católicos en el error y de una pequeña minoría fiel; se refiere sin duda a un tiempo de CRISIS. Es el que vivimos hace CUARENTA AÑOS, desde que el modernismo triunfa sobre la cúpula de San Pedro. El tiempo de crisis es un tiempo de niebla, en el que las formas son confusas y los colores se confunden. La cuestión crucial en una época como ésta es saber cuáles son los puntos de referencia que nos permiten discernir con seguridad lo verdadero de lo falso.

Es necesario que sean referencias tan inmutables como la Roca de Pedro y como el Dios de nuestros padres. Son las tres intuiciones, las tres evidencias que constituyen toda la herencia cristiana: que la fe es racional; que la Revelación de Jesucristo tuvo lugar, atestiguada por las profecías y los milagros tan ciertos, tan ciertos como la muerte de San Pablo y la existencia de la Iglesia; y que el ser y la verdad religiosa son tan inmutables como Dios mismo. El hombre cambia de ideas y se equivocó a veces, los hombres de Iglesia y pueden equivocarse, pero los principios fundacionales son eternos e infalibles. La Revelación y la Fe serán mañana las mismas que ayer y hoy. Nuestro punto de referencia infalible es el pasado, es la fe de nuestros piadosos padres, de nuestros santos padres PÍO: SAN PÍO V, la misa de siempre, EL BEATO PÍO IX, el Syllabus, SAN PÍO X, contra el modernismo y PÍO XII, el último dogma… Traicionar esta fe para seguir a los hombres, aunque sean de Iglesia, es traicionar a Jesucristo. Por eso, que los verdaderos cristianos se preparen, en la fidelidad a Dios, a la llegada de ese Hijo de perdición, a quien el Hijo de Dios aniquilará con el soplo de su boca. Que sobre todo se vacían de sí mismos para llenarse del Dios tres veces santo. Que imiten además el ejemplo de la Virgen MARÍA, que por su humildad ya ha aplastado la cabeza de la Serpiente, y destruirá finalmente su raza maldita – “Ipsa conteret” – (Gen. 3: 15).

Editó Gabriel Pautasso
Diario Pampero nº 90 Cordubensis
Instituto Emerita Urbanus, Córdoba, 8 de septiembre de Penthecostés del Año del Señor del 2008, Festividad de la Natividad de la Santísima Virgen MARÍA.
LAUS DEO TRINITARIO.

"La Sede de Pedro y el misterio de la Iglesia"-- Por Fray Mario Pinto OP

La Sede de Pedro y el misterio de la Iglesia
Estas páginas fueron leídas en la conmemoración del apóstol SAN PEDRO, en el acto público organizado por la Acción Católica de Córdoba, en el año 1932.

Por Fray Mario Pinto OP

La festividad del apóstol San Pedro debe movernos a meditar sobre el misterio de la Iglesia. ¡Que temor no sobrecogerá a un hijo abyecto de la Santa Madre de los fieles al hablar de la Esposa bienamada de Jesucristo! Misterio insondable cuya contemplación ha procurado las delicias de los santos; misterio que envuelve y penetra a los fieles y los inicia en el secreto de las cámaras del Rey donde se habla el lenguaje inflamado del Cantar de los Cantores. “Si toda alma cristiana es un cántico – dice el padre CLERISSAC –la Iglesia es el Cántico de los Cánticos, la patria del lirismo sagrado, el preludio de las sinfonías eternas.
Hay un texto en el Evangelio de San Mateo cuya lectura es particularmente adorable para el cristiano. Dice así: “Y vino Jesús a las partes de Cesarea de Filipos: y preguntaba a sus discípulos diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre? Y ellos respondieron: los unos que Juan Bautista, los otros que Elías y los otros que Jeremías o uno de los Profetas. Y Jesús les dice: Y vosotros ¿quién decís que soy yo? Respondió Simón Pedro y dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo. Y respondiendo Jesús le digo: Bienaventurado eres Simón hijo de Juan; porque no te lo reveló carne ni sangre sino mi Padre que está en los cielos. Y Yo te digo que tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. Y a ti daré las llaves del Reino de los Cielos; y todo lo que atares sobre la Tierra ligado será también desatado en los Cielos”.
Tal fundamento eterno de la constitución divina de la Iglesia; el acto por el cual Nuestro Señor deja establecido el cimiento inquebrantable sobre el cual se edificará el Cuerpo Místico de Cristo cuya cabeza está en el Cielo; la unión inefable de lo divino con lo humano que magistralmente explica el siguiente modo SOLOVIEF: “Una unión verdadera debe estar basada sobre la acción recíproca de aquellos que se unen. El acto de la Verdad absoluta que se revela en el Hombre-Dios (u hombre perfecto) debe encontrar por parte de la humanidad imperfecta un acto de adhesión irrevocable que nos una con el principio divino. (…).

(…) No sólo recibe de Ella la plenitud de su vida intelectual y moral, la realización de su vida política, económica y social, sino que infinitamente por encima de todo eso, si es dócil a la Gracia, recibirá también el don celestial, la vida sobrenatural del mismo Cristo. Y entrará en la Comunión de los Santos y percibirá con profunda alegría espiritual la vida divina que recorre a la Iglesia, la indefectibilidad y unidad prodigiosas de su doctrina, la santidad heroica e ininterrumpida que florece en Ella; la inconcebible grandeza de las legiones de mártires y confesores de la fe, de los ascetas asombrosos, de los monjes y eremitas, de las vírgenes y viudas, de los heroicos misioneros; de los inmensos doctores que han iluminado al mundo con la luz verdaderamente celestial de sus palabras: San León, San Anastasio, y San Basileo, San Ambrosio, San Agustín, y San Jerónimo, el Crisóstomo, San Beda el Venerable, y San Isidoro de Sevilla, San Anselmo, San Bernardo, San Alberto Magno, San Buenaventura, Santo Tomás de Aquino, y tantos otros; sus místicos abrasados por la llama de amor viva; Dionisio el Areopagita, los Victorinos y Tauler, San Máximo el Confesor, San Juan de lac Cruz, y Ruysbroeck el Admirable, Santa Gertrudis, Santa Mechtilde, y Santa Hildegarda; Santa Catalina de Siena, Santa Francisca Romana, y Catalina Emmerich, Santa Angela de Foglino, el Beato Enrique Suso, San Francisco de Sales, el Santo Cura de Ars, y Santa Teresa del Niño Jesús. Los inmensos fundadores de órdenes religiosas: San Benito que ordenó la vida de sus monjes a la alabanza divina y a la contemplación; San Domingo que confío a los suyos la predicación de la doctrina, el celo infatigable de la inteligencia cristiana; “San Francisco que en sus hijos hizo brillar la Pobreza y la Simplicidad según la más pura luz del Evangelio”; Santa Teresa y San Juan de la Cruz, reformadores del Carmelo donde se enseña a las almas los grados de la oración, y San Ignacio De Loyola cuyos hijos tienen una particularísima misión en el oscurecido mundo moderno; los pontífices llenos del espíritu de Fuerza; San León, y San Gregorio Grande, San Gregorio VII y Bonifacio VIII, San Pío V, (beato) Pío IX, (san) Pío X, y Pío XI, gloriosamente reinante, y tantos otros, que con sobrenatural energía han defendido “la soberanía de la Iglesia, la dignidad y la libertad de su sacerdocio”. Finalmente, todas las artes, todas las materias que la Iglesia asume y en cierto modo diviniza: las catedrales prodigiosas, románicas y góticas, las esculturas medioevales que abisman, los cuadros de las primitivos que más se dirían obra de ángeles que de hombres; su música oficial, la gregoriana, que parecería aquella de los coros celestiales, las mismas civilizaciones humanas modeladas por la Iglesia, pueden alcanzar el esplendor espiritual que conoció el mundo en la Edad Media.

Y fuera de la Iglesia, en cambio, ¡QUE MISERIA!, ni Santos, ni héroes, ni pobres, ni humildes, ni civilización verdadera, ni sabiduría verdadera, ni arte verdadero, ni verdadera actividad moral, sino cuando más despojos mortales, ciencia que hincha, huesos áridos que sólo tienen de vida. Pues el Evangelio de San Juan nos dice que en Cristo estaba la Vida. Cristo mismo dijo: “Yo soy la Vida”, y sólo quien en la Iglesia vive puede vivir en Cristo, es decir, tiene verdaderamente Vida.
¡Mirad si es inmenso el don de Dios y si no debe mantenerse el hombre postrado de admiración y estremecido de amor ante la grandeza infinita y el misterio insondable de la Iglesia!

(Extractado de la revista “Arx” nº 1, del Instituto San Tomás de Aquino, Córdoba, R. A. Año 1933, págs. 117-129, de MARIO PINTO Córdoba).

Editó Gabriel Pautasso
Diario Pampero nº 92 Cordubensis
Instituto Emerita Urbanus, Córdoba, 10 de septiembre de Penthecostés del Año del Señor de 2008

Carta de Medellín--Por Fray Alberto García Vieyra OP


Carta de Medellín
Por Fray Alberto García Vieyra OP

(Respecto a los documentos de Medellín distintos ilustres sacerdotes manifestaron que dichos documentos no formarían parte del Magisterio de la Iglesia, no teniendo las resoluciones del CELAM carácter obligatorio.
Finalmente cabe agregar que la misma denominación del CELAM (Comisión Episcopal Latinoamericana) puede inducir al error, haciendo creer que las resoluciones de Medellín las tomaron todos los obispos del Continente. Esto no es así; en la reunión de Medellín participó una minoría de obispos latinoamericanos).

En consecuencia, y existiendo una muy rica doctrina social católica, promulgada por los Romanos Pontífices, no puede sostenerse que Medellín encierre toda la doctrina católica ni hacer creer que su puesta en práctica sea el único deber de los católicos hispanoamericanos en el momento presente (navidad 1969).

Por esas razones y deseando estar, como siempre, en plena consonancia con el magisterio de la Iglesia, nosotros pedimos aclaración sobre los puntos que a continuación se expresan:

1) ¿Por qué razón la lectura del Documento sugiere que la dialéctica histórica – un proceso evolutivo histórico fatal – lleva los hombres hacia la sociedad tecnológica, cuyo meta final es la producción, la promoción humana, el desarrollo, según la época de PABLO VI?
Dentro de esta perspectiva, el papel de la fe y de la Iglesia, no es rector y normativo, como debe serlo en una sociedad cristiana, sino que queda reducida al ámbito privado, y acosada la vida religiosa de los hombres por el materialismo de las costumbres y de las instituciones.
En el contexto leemos: la Iglesia Latinoamericana: “vive un momento decisivo de su proceso histórico”; “estamos en el umbral de una nueva época”… “bajo el signo de la transformación y del desarrollo”…
Tal desarrollo no es juzgado por el redactor, ni bueno ni malo; “solamente lo ve, como signo del Espíritu que dirige la historia (marxismo-teilhlardismo). ¿Hacía dónde la dirige?, “a la emancipación total, la liberación de toda servidumbre, maduración personal, integración colectiva” (introd.. 4).
Insiste el redactor, a cada paso, sobre las “estructuras opresoras”; “abusos del tenedor y abusos de poder”; “explotación de los trabajadores”; “injusticias en las transacciones” etc. Todos los bienes deben venir por el desarrollo y renovación de las estructuras: fórmula ambigua, en la que cabe cualquier cosa.
Deja la impresión, el Documento, que la misión de la Iglesia es promover la revolución social, acabar con las desigualdades sociales, etc., cosa no intentada, pero difícil de explicar.
Esta mentalidad “revolucionaria” y vuelta hacia el comunismo (La URSS implosionó en 1993; estamos en 1969 ¿…?), ha prendido en gran número de clérigos jóvenes (piense en GAIDO, DELLA FERRERA, VISCOVICHI y tantos más, aquí nomás, NICOLAS ALESSIO, el parroco de Bº Altamira), y los saca de su propia vocación.
Entiendo que casi toda la “devoción”, por la miseria en Hispanoamérica, que hace tiempo promueven “Informaciones Católicas Internacionales, y algunos sociólogos, son actividad política del Comunismo.
2) ¿Por qué razón, el primer lugar en el Documento lo ocupa Promoción Humana, y no la promoción cristiana del hombre, que sería lo más lógico en un documento de esa naturaleza? Existen problemas muy serios sobre educación, divorcio y penetración de errores de diversa índole, y el muy importante problema de promover la disciplina en los mismos seminarios. Los jóvenes con vocación pierden su alma, se llenan de herejías, en nuestros seminarios y casas de formación.
3) ¿Por qué razón se dice: “En la historia de la salvación toda la obra divina es una acción de promoción y liberación humana, que tiene como único móvil el amor”? La obra humana aparece como desarrollo humano; igualmente lo que sigue en nº 2.2. no pasa los límites del hombre ¿la religión del Hombre? En 2.3. la Iglesia apenas se atreve a irradiar una luz…para elevar la dignidad de la persona humana.
4) ¿Por qué razón no habla 8en el mismo 2.3.), de la vocación divina del hombre por la gracia y las virtudes, y habla de una “perfección de la vocación humana” que se cumplirá en la escatología? Todo es ambiguo y confuso. El redactor parece protestante o utiliza un lenguaje similar.
5) Sobre la orientación del Cambio Social. ¿Por qué razón habla de “comunidades nacionales” y no directamente de Estados nacionales? Tampoco se entiende lo que significa: “organización global”. No se habla para nada de los deberes del Estado ni de la “organización global” para con Dios o la Iglesia. Al final habla de “concientización”, pero es solamente “en orden al cambio de estructura y la vigencia de la justicia”. Por lo cual insta a los laicos a su adecuado empleo en las tareas de promoción humana 3.3.final. Como este capítulo de los deberes sociales y políticos y la Iglesia se omite, creemos que el redactor está dentro de la concepción humanista y personalista del Estado, la concepción de la “autonomía del orden temporal”, el orden social, fuera de la ley divina. Por ese motivo da por supuesto la no intervención de la Iglesia, en ninguna de las denominadas cuestiones mixtas. Estas teorías sustentadas por el progresismo católico, son radicalmente falsas.
6) Al tratar de la Juventud. Exhorta a la juventud, no a luchar por Cristo y el reino de Cristo, sino a la revolución social. Esto ya lo hacen los estudiantes, dirigidos por clérigos, en Montevideo, Brasil, México y Chile. Pero, no solo no luchan por Cristo, sino que el redactor induce a los jóvenes a luchar por “el proceso de secularización” (I.4), y “por el carácter pluralista de la sociedad” (I.9.) Los movimientos de la juventud esperan de la Jerarquía un mayor apoyo moral. Para el plan de acción propuesto, y en parte realizado, no vale la pena esperar nada de la Jerarquía.
7) ¿Por qué motivo el ejercicio de la autoridad política es puesto en un ámbito de resentimiento social y lucha de clases: “..favorecen a grupos privilegiados”? Prom. H.3.2. A continuación se refiere a la misión técnica de la autoridad, reducida a lo siguiente: propiciar y fortalecer la creación de mecanismos de participación y legítima representatividad de la población”. No se refiere para nada a lo religioso. En cambio leemos en “Mit Brennender Sorge” del Papa PÍO XI, de féliz memoria. Los Estados pondrán todo cuidado en impedir que la propaganda atea, que destruye todos los fundamentos del orden, haga estragos en sus territorios; porque no podrá haber autoridad sobre la tierra si no reconocen la autoridad de la majestad divina”. (nº 7). Hay una distinción de lenguaje, y un sentido inconfundible de la dignidad de la Iglesia, que no puede ser “servidora de la humanidad”, sino rectora, maestra y conductora.
8) El Documento menciona una sola vez Ecclesiam Suam de PABLO VI, una vez Mater et Magistra de JUAN XXIII. Todas las citaciones son de de Gaudium et Spes y de Populorum Progressio. No menciona ningún documento de la Iglesia anterior del único mencionado de JUAN XXIII. Luego, o hay una quiebra en el magisterio de la Iglesia, o hay otra doctrina, que no es la de la Iglesia (personalismo, evolucionismo, marxismo). A lo primero no lo creemos. Lo segundo queda involucrado en nuestra interrogación.
9) Gaudium et Spes – lo hemos comprobado dos veces – está mal citado, con palabras sueltas, fuera de contexto, y colocadas en otro contexto diferente. En la Introducción 5. “la transformación del continente es signo de que Dios quiere salvar cuerpo y alma, el hombre entero”. Más abajo, Cristo “presente de la historia, anticipa su gesto escatológico de salvar, por la promoción económica”. Siempre el redactor ha vinculado la salvación a la escatológica, y ambas vinculadas a la evolución económica-social. Necesitaríamos otra explicación.
10) Ponemos punto final a nuestras preguntas No hemos escrito en tono de polémica ni siquiera de diálogo; queremos solamente preguntar lo que sorprende o no se sabe. Hasta ahora hemos evitado comentar el Documento en público y en privado; aun en la recreación conventual hemos evitado el comentario. Jamás – Dios mediante – nos separaremos del sentir de la Iglesia, nuestra Madre a quien servimos. Pero, el Enemigo no duerme y sabe sembrar la cizaña. Besa Vuestro anillo Pastoral. 26 de noviembre de 1968.

R.P. Fray ALBERTO GARCÍA VIEYRA OP.

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Edito Gabriel Pautasso
Diario Pampero nº 87 Cordubensis
Instituto Emerita Urbanus

"Renovación y Progresismo en la Iglesia" Por Fray Alberto García Vieyra OP


Renovación y Progresismo en la Iglesia
El Progresismo o personalismo, prohíbe al cristiano actuar como tal en el plano político, y sólo lo tolera – en contradicción con las claras enseñanzas pontificias – una actuación político-naturalista en que se asegure la no influencia de la Iglesia en el plano de las instituciones temporales.

Por Fray Alberto García Vieyra OP

El cristiano debe santificarse y santificar desde dentro la sociedad, tener una influencia intrínseca en el mundo que lo rodea. Ser un perfecto obrero, técnico, profesional; tener responsabilidad y prestigio en el medio ambiente en que le toca vivir. Todo esto lo requiere la vida de la Iglesia, y la fecundidad del mismo apostolado. Lo que no entendemos es por qué este católico ha de optar, en el orden social, por el marxismo u otra forma de naturalismo político o educativo. Sin embargo, este pertenece al programa de acción político-social del Progresismo.
El cristiano puede sencillamente no actuar en el plano de las instituciones o de la política. Esto es otra cosa. Pero el Progresismo o personalismo, prohíbe al cristiano actuar como tal en el plano político, y sólo lo tolera – en contradicción con las claras enseñanzas pontificias – una actuación político-naturalista en que se asegure la no influencia de la Iglesia en el plano de las instituciones temporales. Más aún: el progresismo, por su filosofía personalista, polemiza violentamente contra el Estado católico (España, Portugal, etc.,) y contra las instituciones católicas; aboga positivamente por el naturalismo social-político para guardar los derechos de la ciudad pluralista.
La mentalidad social y política de los católicos progresistas no puede entenderse si no es a través de la violenta polémica “antitotalitaria”, primero contra el fascismo, después contra la concepción misma del Estado católico. De la polémica ha quedado, en el plano sociológico, el temor de los católicos, cohibidos por el temor de ser tachados como totalitarios (o fundamentalistas), integristas, o clericales; cohibidos por el asedio de la inmensa campaña difamatoria de prensa contra España y la organización del Estado español; (hoy España goza de una relativamente buena prensa mundial que nos hace dudar si sigue manteniendo los valores católicos como antes); la única opción política permitida al católico fue de colaborador del marxismo. En esa línea todas las puertas le están abiertas.
Otra consecuencia del catolicismo personalista es la inhibición para oponerse a los enemigos de la fe. A la inacción práctica agrégase la inacción teórica; exígesele no tomar ninguna actitud contra el error, porque el error y la herejía se han vuelto “respetables”. La dignidad de la persona humana exige una liturgia propia, y aun las herejías y errores deben recibir el humo del incienso. El católico no es reconocido lo suficientemente antitotalitario hasta que no se haya postrado ante la diosa LIBERTAD, último fin del hombre, y hasta que no haya estrechado vínculos suficientemente fuertes con el marxismo, liberalismo o comunismo.

II . La influencia del Progresismo, como liberalismo, personalismo ético, historicismo, déjase sentir, más o menos, en todas partes.

Es una concepción de la vida que mata al cristiano, en el ambiente de un neopelaginismo burgés, económico y confortable, poblado de “valores” espirituales y de intenciones cristianas, sin apearse jamás del culto del Hombre y de la persona humana. Repetimos que la mentalidad progresista ha llegado a paralizar las iniciativas formalmente apostólicas en el mundo de hoy. No nos equivocamos al decir que muchos católicos han llegado a desconfiar de la Iglesia, dudan de la doctrina de la Iglesia, miran con simpatía errores y herejías que en grado mayor o menor les separan de la verdadera Iglesia. El Progresismo es una concepción que ha penetrado enn seminarios y casas de estudio, deformando la conciencia filosófica-teológica de los jóvenes seminaristas, llenándoles la cabeza de novelerías. Influye también en la catequesis – la catequesis – la catequesis del Mensaje – donde las verdades son algo “nocional”, y se busca lo “vivo” fuera del dogma. Influye en las doctrinas políticas, sociales y pedagógicas, fomentando los individualismos, haciendo ver autoritarismo y prepotencia en todo ejercicio de la autoridad, aun legítima.
El elemento doctrinal que influye es el personalismo ético y historicismo.
Voluntarismo en lo moral y empirismo historicista en lo especulativo. La consecuencia mas inmediatas y que influyen aun donde no se podría sospechar son: la disolución del principio de autoridad y de la vigencia normativa de la ley, y la disolución de las ciencias especulativas, universales y necesarias, que es donde el hombre aprende para qué vive y cómo vivir, por ejemplo, la metafísica y la teología.
Esto no queda solamente en el plano filosófico, sino que llega a lo teológico, procurando influir en el corazón de la Iglesia, y servir de norma a la actividad apostólica.
Esta influencia pretende que la Iglesia, dentro del Progresismo, no puede mandarme, no puede darme una norma de conducta, porque quedaría invalidada por la bondad de los actos de mi persona, buenos en sí porque ilícitos de mi libertad. La norma lo único que puede es comportarse como un intolerable absolutismo. Tal es error del Progresismo. El Progresista pide sancionar la libertad de cultos, establecer un cierto democratismo en la Iglesia, restringir la obediencia; la Iglesia debe renunciar prácticamente a la defensa de la verdad, a toda intervención frente a los errores; en fin, adaptarse plenamente al hombre moderno y al mundo. Lo que esta nueva doctrina pide a la Iglesia es renunciar a la verdad, renunciar a su misión de salvación. La Iglesia no puede nunca consentir ni en lo uno ni en el otro.
“En fin, así como JANNES y MAMBRES resistieron a MOISÉS, del mismo modo éstos resisten a la verdad, hombres de un corazón corrompido y réprobos en la fe. Mas no irán muy adelante, porque su necedad se hará patente a todos como se hizo la de aquellos”. (II Tim. III, 8-9).

III. Lo que denomina Progresismo es la hijuela del humanismo cristiano.

Confesionalmente no cristocéntrico, agotado y exhausto en la reiterada apología de la persona, movimiento confuso y diabólico de indulgencia hacia todos los errores contra la fe. No se trata de seguir el consejo de SAN AGUSTÍN de amar a las personas y aborrecer a los vicios. El vicio, el pecado contra la fe, es dulcificado y amortiguado; es necesario para poder mantener el “diálogo”. La herejía no es herejía, es otra opinión que debemos comprender; la palabra “comprender” significa que debemos tenerla por verdadera.
En este camino de comprensión, de diálogos y de benevolencia no existe ningún error, o los errores contra la fe son todos inculpables y sin categoría. Si todas las diferencias con los protestantes son litúrgicas o incomprensiones, no habría necesidad de ocuparse por la unión de la Iglesias. Si existe en el Concilio Vaticano II un Secretariado para la unión de las iglesias, quiere decir que es un problema grave de divergencias profundas que atañen a la misma esencia de la Fe.
Reiteramos nuestra fe en CRISTO JESÚS, y en la sola Iglesia de CRISTO Católica, Apostólica, Romana. Eso no nos impide desear vivamente que todos los hombres vengan a la verdadera Fe. Al señalar el mal que prosigue sin resistencias, terminemos con palabras de JUAN XXIII:
“TAMPOCO FALTAN LOS QUE SI BIEN NO IMPUGNAN DE PROPÓSITO LA VERDAD, ADOPTAN SIN EMBARGO ANTE ELLA UNA ACTITUD DE NEGLIGENCIA Y DE DESCUIDO, COMO SI DIOS NO LES HUBIERA DADO RAZÓN PARA BUSCARLA Y ENCONTRARLA. TAN REPROCHABLE MODO DE ACTUAR CONDUCE POR ESPONTÁNEO PROCESO A ESTA ABSURDA AFIRMACIÓN: TODAS LAS RELIGIONES TIENEN IGUAL VALOR, SIN DIFERENCIA ALGUNA ENTRE LO VERDADERO Y LO FALSO”. (Ad Petri Cathedram).

IV. La renovación de la Iglesia es un ideal expreso de los últimos Papas, y el objetivo principal del Concilio Vaticano II.

Hay un adagio escolástico que dice: “Quidquid recipitur per modum recipientes recipitur” (todo lo que es recibido en algo, está allí según el modo del recipiente).
En el asunto de la reforma de la Iglesia se cumple también exactamente este adagio escolástico.
El ideal o propósito de una reforma de las estructuras cristianas ha sido recibido; ha sido recibido en el mundo, pero según el modo de quienes lo recibían. Primero lo ha recibido el Papa, que ha explicado claramente lo que significa la reforma deseada de la Iglesia.
Pero lo ha recibido también el Comunismo (en su variante más accesible, o sea el progresismo), y ha elaborado su teoría de la reforma de la Iglesia.
En uno y otro caso se ha cumplido: recibido según el recibidor o recipiente. Tenemos entonces dos programas de reformas de la Iglesia: la del Papa y del sentido cristiano, para la vida y santidad de la Iglesia. La del Comunismo-Progresismo, pura enfermedad y muerte de la Iglesia.
Entre una y otra reforma hay un vacío inmenso. Para la Iglesia es un problema de reforma interior, vida de fe, de caridad, oración, unión con el Señor. Para el comunismo-progresismo es un problema de lucha de clases, promoción humana, revolución, resentimientos, de excluir los inconvenientes de la fe o de la vida religiosa, y llegar por estos medios al poder, al gobierno de los Estados. Es el apetito de poseer los reinos de la tierra, con que el demonio tentó al Señor en el desierto.
LA INTENSA PROPAGANDA DE PRENSA QUE POSEE EL COMUNISMO-PROGRESISMO ha hecho en muchos católicos su obra de “lavado del cerebro”. Ya no piensan prácticamente en el mundo religioso de la Iglesia, sino en el mundo promocional, disolvente y evolutivo del marxismo.

V: Debemos escuchar el llamado del Papa a la reforma interior.

Debemos hacer una reforma positiva con real y verdadera positividad. Dejarnos de humanismo, pluralismo, hermano separado, burocracia vaticana, obispo oligarca, etc.; dejarnos de promover el laicismo, la tecnocracia, la adoración del Hombre. Debemos ocuparnos de la fe, y la vida de las virtudes cristianas.
La renovación cristiana debe ser con signo positivo. Renunciar totalmente al catálogo de críticas contra la Iglesia. DEJAR LA RELIGIÓN DEL HOMBRE y VOLVER A JESUCRISTO.

Fr. Alberto García Vieyra O. P.



* * *

SANTIAGO DE LINIERS, antes de emprender la RECONQUISTA, ofreció a la Virgen del Rosario todas las banderas que tomase del invasor protestante-anglicano, y con su auxilio venció a uno de los generales más ilustres de Inglaterra.
En esta otra Reconquista – ciertamente más vasta que a la que nos referirnos, pues, como dijo el Papa PÍO XII, es “todo un mundo lo que hay REHACER desde sus cimientos”, (10/2/1952) – es nuevamente el Rosario nuestra arma principal. Es la oración enseñada por la Virgen Santísima a SANTO DOMINGO DE GUZMÁN, la debe ser rezada por los cristianos, ya que Ella misma lo pidió en Fátima. El Rosario venció a la herejía albigense, triunfo del Turco en Lepanto y aplastará a la serpiente de la Revolución anticristiana.

¡DIOS LO QUIERE, DIOS NOS DARÁ LA VICTORIA!

Nobles, discretos varones
Que gobernáis a Toledo,
En aquestos escalones
Desechad las ambiciones,
Codicias, amores, miedos.

Por las comunes provechos
Dejad los particulares.
Pues voz fizo Dios pilares
De tan altísimos techos,
ESTAD FIRMES Y DERECHOS.

Diario Pampero nº 91 Cordubensis Instituto Emerita Urbanus

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Publicado por Antoine en 14:43
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"La Oración" Por Fray Alberto García Vieyra O. P.


La parte afectiva

No existe oración o meditación religiosa sin afectividad. Quiere decir que la devoción es necesaria. La oblación de sí mismo, la prontitud en el servicio del Señor, es algo que pertenece íntimamente a la oración.

Por Fray Alberto García Vieyra O. P.

Toda oración verdadera lleva consigo el amor de caridad, que lleva directamente a la súplica, a la alabanza fervorosa, a una mayor caridad. La llamada oración afectiva es más bien una mayor facilidad en el recogimiento. HUGO DE SAN VÍCTOR haciéndose eco de las prácticas monásticas, atribuye gran importancia a la afectividad. (De Modo Orandi, ML. 176, 984).
El afecto del corazón agrada a Dios, dice HUGO, pero Dios quiere que el afecto sea sincero. El adulador – agrega – simula el afecto porque quiere algo obtener; para que merezcamos recibir lo que queremos de Dios, mostremos nosotros en verdad lo que aquél simula.
A Dios no lo podemos engañar, y debemos presentarnos como somos, no vamos a presentar nuestros méritos a su justicia sino nuestras miserias a su misericordia; para remisión de nuestros pecados presentemos los méritos de su Hijo en la Cruz, los méritos de la Cabeza traen la gracia divina a todos los miembros del Cuerpo Místico.
La oración debe ser el intérprete de nuestra devoción interior, las palabras deben expresar lo que tenemos adentro; y si aquello que tenemos adentro es malo, las palabras deben expresar el arrepentimiento.
Terminemos diciendo que el afecto debe conducirnos a lo afectivo. El paso no es fácil, y largos días son testigo de dudas y vacilaciones. No todos tienen la determinación de MADRE TERESA, ni la firme resolución de ser un verdadero apóstol como SANTO DOMINGO DE GUZMÁN. Son casos excepcionales.
La caridad es el amor sobrenatural que está allí para mover e inspirar nuestra afectividad. Está allí (cuando está), como hábito; es el amor sobrenatural de Dios y del prójimo, que informa y vuelve cristianos todas nuestras virtudes. El problema está en que ese hábito debe pasar al acto; eso depende de la persona que es el primer principio operativo (quod), es QUIEN obra. Para mover la caridad y crecer en caridad, la persona necesita de la oración, pedir las gracias actuales que deben purificar su corazón, y dar movilidad a su caridad. Esto nos dice qué debemos pedir, pedir la gracia de Dios, la gracia de su perfecta amistad. El fruto de la oración será la gracia cooperante para movilizar la caridad y destruir los obstáculos de la misma; el fruto de la perseverancia en la oración será la gracia operante por la acción del Espíritu Santificador. Entonces la caridad pasará de afectiva a lo efectivo, llevando la persona a la conformidad de su voluntad con la voluntad salvífica del Señor.

La Meditación, por la contrición de nuestros pecados, nos pone en la presencia del Señor; presencia por la fe y una caridad incipiente, aun cargadas de todos los intereses mundanos. La Meditación, hecho plegaria interior, trato amistoso con el Señor, debe insistir en los actos de humildad, de fe, esperanza y caridad; llamar a las puertas de la divina misericordia, que pronto se abrirán. Esa Meditación dejará cada vez más los discursos, las reflexiones puramente intelectuales, para hacerse cada vez más ORACIÓN, PETICIÓN, ACCIÓN DE GRACIAS.
LA MEDITACIÓN RELIGIOSA HA ADQUIRIDO CONNATURALIDAD.

.

Editó Gabriel Pautasso
Diario Pampero nº 103

martes, 23 de septiembre de 2008

Pensamientos--- ( Fray Alberto E. Justo O.P. )


" La grandeza de este desierto( interior ) es insospechada porque alcanza la grandeza de Dios.El silencio de este desierto no se abarca porque todo el no es diferente de la Gloria de Dios La hondura de este desierto no se sospecha porque su abismo se abre en la infinitud de Dios. La transparencia de este desierto nos ciega con sus rayos porque brota en la simplicidad bienaventurada de Dios. El desierto es Dios en las jornadas de nuestra vida de peregrinos- ¡Alabado sea!"

"Buscaremos-siempre- en este desierto singular. Y no hallaremos, de golpe, nada. Nada. Esta palabra encierra un secreto muy hondo.: Nada. ¿ Donde están los oasis soñados ayer? ¿ Y esos parque y paseos? Vamos a ver...Hay un alivio por allí, una especie de guia... ¡Cuantas veces perdemos el tiempo y mil oportunidades empecinándonos en hallar guias y palabras, alivios y reparos, estatuillas y apegos de todo genero! Y la respuesta es nada. La respuesta es silencio. Pero el silencio de la respuesta se corresponde con el silencio del alma. La soledad de la respuesta, es, efectivamente, la soledad repleta del alma. Repleta de Presencia. Nada, precisamente porque se trata de la mas sublime Presencia. Nada, porque lo es Todo y no comparte su plenitud. Si es plenitud excluye cuanto no sea ella misma "

viernes, 19 de septiembre de 2008

Pensamientos...(Fray Alberto E. Justo O.P.)


"Lo escondido es más grande y más bello y participa-siempre- de algo más grande y más alto, según su orden. Por tanto el valor de las cosas más se halla en la dimensión escondida que donde lo descubre el ojo humano, según su propia vista."

" Gran escuela ésta del sufrimiento. Por ella entramos en el camino más alto, por ella subimos..allí se transformas el corazón. La cima es ese abandono que no es posible definir ni explicar...Solo el clamor del Señor desamparado en la Cruz es la palabra perfecta que se vierte y se expande en el secreto del alma"

martes, 19 de agosto de 2008

P. Fray Alberto Justo O.P..."Hacia una filosofía del desierto"...La vocación interior...Palabras de un Cartujo


" Aprende a prolongar los instantes privilegiados, cuando el tiempo es atravesado verticalmente. Así la Santa Misa, como toda celebración de la Liturgia en la que haya participado. Y aún aquéllas que le son lejanas, en el tiempo y en el espacio. Únase, por dentro, a la vida que no ve y que, sin embargo, requiere de su plegaria y de su vigilia" (REGLA PARA EREMITAS en el corazón )


27. Decía un Cartujo:

" ¿ Cómo el alma se convierte y permanece "virgo purissima"? Por la práctica del silencio exterior e interior. El silencio exterior: se habla para hacerse amar, hacerse valer. El silencio interior: ausencia de deseos, de preocupaciones, de inquietudes.
¿Cómo convertirse en "rosa mística"? La Virgen escondida, mística... Para imitarla, para convertirse en sus hijos bienamados, participar de sus privilegios, es necesario ocultarse como ella. La rosa es bella para contemplar. Nos cambiamos en aquello que contemplamos. Y prosigue:


¿Cuál es nuestra "Casa de Oro"? María.
Que nuestra sola ocupación sea amarla y ( por ella) ser amados. Que la Casa de Oro nos guarde y nos haga olvidar todo el resto, toda otra casa. Si, también la Cartuja"
( Ecoles de Slence, Parole et Silence, 2001 ).


Que no tengamos otro apuro, que no nos aten los lugares o empeños, aún los que parecen más grandes o imprescindibles. Nuestra Morada es María. Nuestra vocación es, como Ella, convertirnos en Morada y Templo de Dios.

martes, 5 de agosto de 2008

P. Fray Alberto Justo O.P..."Hacia una filosofía del desierto"...La vocación interior..."Inmensidad Divina"


" Se ha dicho que el verdadero hombre es el del verdadero día.. Es capaz de vivir toda la vida en un solo día. Quizá porque todas sus jornadas son las de siempre. Oriéntese, pues el lector y peregrino, hacia el último día. Cada instante le entregara la eternidad." (REGLA PARA EREMITAS en el corazón)

...Gastón Bachelard nos habla de la "inmensidad íntima" en su Poética del Espacio (trad. castellana, México 1965) :

"La inmensidad está en nosotros. Esta adherida a una especie de expansión de ser que la vida reprime, que la prudencia detiene, pero que continúa en la soledad. En cuanto estamos inmóviles, estamos en otra parte...La inmensidad es el movimiento del hombre inmóvil" (pag.221).

Por muy paradójico que parezca, es a menudo esta inmensidad interior la que da su verdadero significado a ciertas expresiones respecto al mundo que se ofrece a nuestra vista. La inmensidad del bosque.


"Esta "inmensidad" nace de un cuerpo de impresiones que no proceden realmente de las informaciones del geògrafo. No hace falta pasar mucho tiempo en el bosque para experimentar la impresión siempre un poco angustiada de que "nos hundimos" en un mundo sin límite" ( pag.222)

" Los poetas lo saben. Unos lo indican con un solo trazo, como Jules Supervielle, que sabe que nosotros somos en las horas apacibles: habitantes delicados de los bosques de nosotros mismos" (pag. 224)

"En "La amorosa iniciación" , Milosz escribe: " Yo contemplaba el jardín de maravillas del espacio con la sensación de mirar en lo más profundo, en lo más secreto de mí mismo" (pag.226)

" A veces el sonido de un vocablo, la fuerza de una letra abren o fijan el pensamiento profundo de la palabra...Max Picard el filosofo del mundo del silencio nos conduce a los puntos de sensibilidad extrema donde los fenómenos fonéticos y los fenómenos del logos viene a armonizarse, cuando el lenguaje encuentra toda su nobleza. ¡Pero que lentitud meditativa habría que saber adquirir para que viviéramos la poesía interior de la palabra, la inmensidad interior de una palabra! Todas las grandes palabras, todas las palabras llamadas a la grandeza por un poeta son llaves del universo, del doble universo del cosmos y de las profundidades del alma humana." (pp.236-237)

" en el hermoso libro de Philippe Diolé: "El más bello desierto del mundo". La inmensidad de un desierto vivido resuena en una intensidad del ser íntimo...hay que vivir el desierto, "tal como se refleja en el interior del hombre errante"...todo ese universo que tiene el signo del desierto está "anexado al espacio de dentro". Por medio de esa anexión, la diversidad de las imágenes está unificada en la profundidad del "espacio de dentro". Fórmula decisiva para...la correspondencia de la inmensidad del espacio del mundo y de la profundidad de "el espacio de dentro" " (pag.243)


Y, por fin, éstas admirables palabras de Elisabeth-Paule Labat:

Nuestra alma es un misterio; pues nosotros no la conocemos aquí abajo más que por sus efectos. Sólo una vez separada de su cuerpo y privada de todo apoyo en el mundo sensible se nos revelará en toda la verdad de su desnudez. Un alma: un mundo más vasto que todos esos mundos celestes o terrestres que nosotros percibimos y de los cuales no brota ningún pensamiento, sino que nuestro pensamiento está hecho para abrazarlos. "Nuestro Señor abrió mis ojos espirituales y me mostró mi alma en el medio de mi corazón; yo la vi tan grande que me pareció un mundo de los más vastos y un reino bendito", decía Juliana de Norwich ( Une moniale bénedictine, Présens de Dieu, Fayard, 1979, p.7)

jueves, 31 de julio de 2008

P. Fray Alberto Justo O.P..."Hacia una filosofía del desierto"...La vocación interior (Virginidad interior-filiación divina-desierto)



" Intente integrar las sorpresas, esto es: lo imprevisto. No desvanezca ante ello. La vida contemporánea abunda en lo que no se aguarda. En ocasiones se trata de las trampas del diablo para que se pierda el equilibrio en su camino. No preste atención ni se angustie, que todo pasa. Continúe como si nada ocurriera, morando en el silencio de su propio interior. Cultive la paz. " ( REGLA PARA EREMITAS en el corazón )


22.¿Puede el alma remontarse hasta su virginidad original, o recuperarla si la ha perdido? ¿ Como abrir el corazón a su raíz más honda para dejar que la Luz de Dios entre a raudales y Dios mismo venga a el? ¡ "Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios! " (San Mateo 5, 8). Lo que no es posible para los hombres es posible para Dios. Desde luego, este nuevo nacimiento comporta una condición insospechada e inaudita: la filiación divina: el hombre no podía esperar, ni imaginar el Don de Dios...Pero es hora de decirlo, y con todo vigor, que la Misericordia del Padre nos acoge a cada paso, renovando la aurora a cada instante cuando el peregrino se vuelva a Él, a su principio, a su origen, a su casa...No meditamos lo suficiente hasta qué punto nuestra morada, nuestro hogar, es la misma casa del Padre y cuál es la Voluntad de nuestro Padre de salvarnos y de abrazarnos en su Seno, donde nos adopta como a sus hijos en su Hijo y nos regala el Espíritu de Vida.

23. El misterio del desierto es, precisamente, que no hay obstáculos ni intermediarios para que esto sea así, cuando la voluntad del hombre no opone resistencia. Porque es Él quien nos ha llevado al desierto para hablarnos al corazón...

24. Ahora bien, hay en el interior del hombre un abismo, una capacidad que Dios se ha creado como su templo. ¿Que podemos decir de este desierto, de este abismo en el corazón? El hombre ha sospechado una morada sin confines y también ha olvidado, con tanta frecuencia, esta dimensión de profundidad (o de altura), que supera el tiempo y el espacio y que es propia del corazón. "Ha de responder: Tanto cuanto el espacio (exterior), es grande el espacio dentro del corazón. En él en verdad están comprehendidos cielo y tierra, fuego y viento, sol y luna, el relámpago y las estrellas y todo cuanto aquí abajo cada uno posee y lo que no posee" Aquí se descubre al hombre como microcosmos y como espejo del universo. Pero el misterio de su alma y de su espíritu sólo puede ser aludido, nunca definido, pues se trata de una experiencia inefable. La experiencia poética nos descubre horizontes cada vez mayores...