Es cierto que las sendas son desconcertantes. Es cierto que somos perseguidos no sé cómo. Es cierto que nos descubrimos pobres ovejuelas en medio de lobos rapaces. Todo ello es cierto. Pero hasta ahí, hasta aquí, y más adentro aún, has venido Tú para rescatarnos y levantarnos hasta Ti, entrañándonos en tu Vida plena de Amor. ¡Tanto has amado a la humanidad, Señor! ¡Tanto nos amas, a cada uno, directa y personalmente! Y mucho más de cuanto yo pueda sospechar.
Hoy sufrimos los caminos del Huerto sin mayores explicaciones. Hoy nos damos cuenta que no importa la aridez o las asperezas del campo donde se halla el tesoro. Lo que importa e dejarlo todo y adquirir el campo, no por el campo, sino por el tesoro que está escondido en él. Y aunque esté muy escondido, bien secreto y celado. ¡Y tan duro es este campo en esta hora! Esperábamos que fuera más placentero, como otros esperaron que Tú restauraras el reino de Israel… Pero el tesoro es siempre más profundo, más inconcebible, más inmenso, más inefable… El tesoro no se dice. Es y está… Es y está…
2 comentarios:
"...las sendas son desconcertantes. Es cierto que somos perseguidos no sé cómo. Es cierto que nos descubrimos pobres ovejuelas en medio de lobos rapaces".
Creo que una de las posibles respuestas a las sendas desconcertantes la podemos encontrar en el libro de Job; y dicho sea de paso, el blog "Marta y María..." publicará este libro de la BCPI al terminar los 50 capítulos del vol. 2 del AT.
Como decía, Job ese ese hombre que el AT nos describe como hombre íntegro, recto, temeroso de Dios y alejado del mal. La historia de Job transcurre en dos etapas. La primera etapa como padre que vive feliz en el seno de una familia numerosa; para algunos Padres de la Iglesia, la familia de Job es modelo de familia cristiana. La segunda etapa, es la etapa de la tribulación. Job se hace digno ante Dios de sufrir tribulación. En esta segunda etapa, su vida sufre un cambio radical que tiene por denominador común en cada uno de los acontecimientos que azotan su vida: el sufrimiento elevado a su máximo exponente. Job en cada uno de estos acontecimientos pierde toda su fortuna económica, su ganado, sus criados, sus diez hijos y su casa. Pero además una extraña enfermedad cubre su cuerpo de una úlcera supurante que destruye todas las mucosas, el hedor que desprende la supuración le lleva a vivir en las orillas de un camino a las afueras de la ciudad. Pero los males de Job no terminan aquí, todavía tiene que escuchar a su mujer que le anima a claudicar de su piedad: "¿Todavía te mantienes firme en tu integridad? Maldice a Dios y muérete". Esto y más tuvo que sufrir Job en el desierto. Esto y más sufre ese hombre que dijo:
"Desnudo salí del vientre de mi madre y desnudo volveré. El Señor me lo dio, el Señor me lo quitó. Bendito sea el Nombre del Señor".
Quiero que sepas mi nuevo blog sobre la vocación religiosa. Espero que te guste.
http://vocacion-religiosa.blogspot.com/
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